Opinión
Yo no pago; ellos tampoco
Por Juan Carlos Escudier
A los del Yo no pago, un movimiento de protesta que, a imitación del surgido en Grecia, usa la acción directa para denunciar que a los más débiles siempre les toca abonar la factura de la crisis, les llovieron este domingo en una estación del Metro de Madrid los palos de los antidisturbios, altamente expeditivos contra el gratis total en el suburbano. Contra esta gente hay que ser inflexible porque se empieza dejando que unos cuantos usuarios del transporte público no piquen el billete y se termina como los parados franceses, que en 1998 irrumpieron en La Coupole exigiendo a voces un subsidio digno y consiguieron meterse entre pecho y espalda un aperitivo de cuatro ostras y un filete con patatas.
Tanta contundencia, en cualquier caso, es un poco contraproducente, ya que lo de pagar se ha convertido en una rareza, e institucionalizar la vía del porrazo para obligar al personal a retratarse puede dejar a la mitad del país molida a palos y con ese extraño bronceado que causan los cardenales. ¿Deben los proveedores de las Administraciones liarse a mamporros con el ministro o el consejero insolvente? ¿Han de seguir este mismo método con sus empresarios los trabajadores que no reciben sus nóminas, los autónomos que han de alimentarse de pagarés incobrables o los incautos que prestaron dinero a sus amigos y ahora no tienen con quién tomarse el vermut los domingos?
Las cosas han llegado a tal extremo que, aunque sólo fuera por la imagen exterior de España, debería prohibirse actuar al cobrador del frac, no sea que ante el aluvión de trajes de etiqueta los turistas alemanes que nos visitan vayan a pensar que vivimos en una perpetua boda en los Jerónimos, se lo cuenten a su canciller y ésta crea que Rajoy miente cuando le explica lo mucho y bien que recorta.
La diferencias de clase se han esfumado ante esta oleada de impagados, y si somos capaces de distinguir el tipo de deudor es porque únicamente los pobres pierden la casa y viajan en metro. En otras circunstancias, la Policía actuaría contra los ricos morosos con la misma energía. Ni ellos podrían colarse al grito de “yo no pago”.