Opinión
El pirómano y el incendio
Por Juan Carlos Escudier
A Pedro Alberto Cruz, consejero de Cultura y Turismo de Murcia, tres desconocidos le han dado una paliza del quince, y eso es una salvajada inadmisible. No lo tomen como una premonición, pero la semana pasada se alertaba aquí mismo de los peligros de atizar el fuego de la crispación, que en esta región ha alcanzado mayor dimensión que las hogueras de San Juan. La agresión es injustificable y sus autores habrán de recibir el escarmiento judicial correspondiente.
Lo anterior no puede ocultar, sin embargo, la realidad murciana, una comunidad a quien su presidente, Ramón Luis Valcárcel, ha convertido en un cortijo por el que campan a sus anchas amigos y familiares disparando con la pólvora del rey del dinero público. Esta prodigalidad y el hundimiento de ese sector del ladrillo que ha asfaltado sin desmayo las playas de la región con la complacencia de las autoridades están en el origen del actual drama financiero, un laberinto del que se ha querido salir recortando aún más los salarios de los empleados públicos, a los que se ha puesto en pie de guerra. A Valcárcel hay que suponerle muy bien informado de la crisis de la construcción, ya que familiares directos suyos están vinculados a un puñado de inmobiliarias, creadas todas a partir del año 2000, según demostró en su día la oposición socialista.
Resulta indiferente que el consejero vapuleado sea sobrino de Válcarcel o el hijo de un primo de su esposa, pero no lo es tanto que el nepotismo que se ha instalado en esta administración, especialmente en el ámbito de la cultura, a cuya costa han vivido de una forma u otra el consejero, sus hermanos, su cuñado y sus padres. Tampoco es baladí que desde su nombramiento Pedro Alberto Cruz se haya fumado unas decenas de millones de euros en estrambotes y que empezara a ser conocido por sus carísimas boutades. Antes, cuando era profesor de Bellas Artes, sólo lo era por sostener ante sus alumnos que la memoria histórica pretendía rescatar los huesos de criminales de guerra.
En efecto, la crispación se ha desbordado en Murcia y eso es muy lamentable. Ahora bien, hacer recaer la responsabilidad exclusivamente en el PSOE y en los sindicatos es la misma táctica que emplearía un pirómano para sacudirse las culpas del incendio.