Opinión

Pongamos que hablo de Nueva York

(Cántese con la rancia y madrileña melodía)

Como un juglar en horas de oficina

que administra una mina de alcanfor

esquivo el desamor y la ruina

por las cantinas de New York.

Hierve la hoguera de las vanidades,

Park Avenue es un ático del Bronx

y un laberinto de las soledades

el Chelsea Hotel antes sweet home.

Escalera de incendios clandestina,

Empire State huérfano de King Kong,

no cierra nunca el antro de la esquina,

ni la rutina de NewYork.

Murió de sida el sueño americano,

el deep South puritano lo enterró,

Obama en zona cero es un marciano,

un Zapatero de New York.

Puente de Brooklyn, corazón en celo,

Clark Kent no es Jesucristo redentor,

ni Superman un flan y un crecepelo,

ni Madonna mi fan, oiga doctor.

Okupan Wall Street los indignados

inspirados por la Puerta del Sol,

la chupa de la fama es un pecado

y un crucigrama Nueva York.

Un enjambre de taxis amarillos

con De Niro al volante y el sudor

abjura del sopor y del ladrillo

como un pardillo en Nueva York.

Cuando se pone el sol se abre la veda,

Gadafi era un profeta precursor

del aviador suicida de Al Qaeda

que hurga en la herida de New York.

Jota Efe Ka parece Fiumicino,

Corleone y Soprano un culebrón

de Coppola, Scorsese y Al Pacino,

del barrio chino de New York.

Sobran gusanos en la gran manzana

para rizar un rizo embaucador,

los príncipes azules salen ranas

en el mestizo Nueva York.

Prófugo del infarto y del perico

por suerte un pico siempre me asustó,

qué raro que me llame Federico,

dijo un poeta en Nueva York.