Opinión
No pongas tus sucios pies sobre mi plaza
Por Antonio Avendaño
Por sus indignaciones les conoceréis. Estaban deseando indignarse y por fin lo han logrado. O para ser más precisos: estaban indignados por dentro y ya no aguantaban más para estarlo por fuera. No pongas tus sucias manos sobre Mozart, clamaba el padre harto de los sucios melenudos amigos de su hijo con los que había sido generosamente paciente. No pongas tu sucios pies sobre nuestras plazas, clama la derecha harta de los sucios melenudos con los que hasta ahora había sido tan graciosamente condescendiente.
La derecha, en efecto, ha salido en tromba contra los excesos violentos cometidos ante el Parlament de Catalunya por grupos minoritarios vinculados al 15-M. Parece estar indignada por esos sucesos, pero en realidad lo estaba mucho antes. Si hay una cosa que no le gusta a la derecha española son los movimientos que reclaman más democracia. Dice que no le gusta que ensucien la Puerta del Sol o la plaza de Catalunya, que ocupen espacios públicos, que perjudiquen los negocios próximos a las acampadas, que increpen a los políticos, que bloqueen los Parlamentos…
Parece decir muchas cosas, pero en realidad dice una sola: no le gusta el 15-M porque es de izquierdas. No le gusta porque en ese movimiento late una exigencia de regeneración de la vida pública que va en contra de la manera misma en que la derecha entiende la vida pública.
Lo que ella quiere son menos controles, menos sindicatos, menos impuestos, menos redistribución, menos gasto, menos participación, menos igualdad, menos transparencia. Lo que ella quiere, en una palabra, es menos política.