Opinión
Un presidente islamista
Por Eugenio García Gascón
La ajustada victoria de Mohammed Mursi sobre Ahmed Shafiq en las elecciones presidenciales muestra que Egipto está profundamente dividido, y que reconciliar esta división será una tarea ardua para el nuevo presidente.
El ingeniero Mursi, educado en Estados Unidos, tendrá que mantener un diálogo complicado con su propio grupo, los Hermanos Musulmanes, y con todos aquellos que desconfían de los islamistas, que no son pocos.
Durante la campaña electoral y en el discurso que ayer pronunció, Mursi, de 60 años, ha prometido que será presidente de todo el pueblo egipcio, pero esto se antoja difícil de conseguir puesto que la sociedad de este país está muy polarizada. Será necesario esperar algunos meses para ver la orientación que toma esa polarización, es decir si se agudiza o se suaviza.
Mursi es el primer presidente democrático de Egipto y tiene por delante un montón de desafíos internos y externos. En lo tocante al interior, el país atraviesa por una grave crisis de confianza debido a que la revolución del 25 de enero de 2011 todavía no se ha asentado. En las circunstancias actuales, sin un parlamento, Mursi tendrá que gobernar con sabiduría a pesar de que no tiene ninguna experiencia política.
En el frente exterior deberá andarse con sumo cuidado en las relaciones con Israel. Muchos islamistas desean revocar los acuerdos de Camp David con el Estado judío, pero si Mursi da este paso es seguro que las relaciones con Estados Unidos se deteriorarán.