Opinión
Un proceso de fusión salpicado de recelos
Por Vicente Clavero
El anuncio de que British Airways y la australiana Qantas están dispuestas a emparejarse ha cogido por sorpresa a Iberia. FERNANDO CONTE no fue informado por sus socios británicos hasta una hora antes de que se hicieran públicas las negociaciones. Es lógico, pues, que desde entonces reine el malestar entre los directivos de la aerolínea española de bandera, que lleva cinco meses intentado anudar su propia fusión con British.
Esta compañía es partidaria de un acuerdo a tres bandas, que en Iberia no descartan, si bien preferirían que los todos implicados fuesen europeos. Conte sostiene que la integración tiene pocas posibilidades de éxito cuando en ella participan empresas de distintos continentes. El consejero delegado de British no comparte su opinión: para WILLIE WALSH lo importante es que el principio de complementariedad esté garantizado.
En cualquier caso, no parece que ahora mismo sea eso lo primordial, sino la justificada quiebra de confianza que se ha producido en el ánimo de Iberia. La traición no es plato de buen gusto para nadie, y el hecho de que British haya mantenido contactos con Qantas por su cuenta y riesgo, y sin decir nada, no constituye precisamente una prueba de lealtad.
Se da la circunstancia, además, de que los australianos, como todo el mundo desde finales de julio, sí conocían el compromiso entre British e Iberia, a la que esta vez le ha tocado en desgracia el ingrato papel de esposa engañada.
No es la primera ocasión en que los británicos se la juegan. Pocos después de abrirse las conversaciones este verano, afloró un problema que, según el equipo de Conte, no le había sido comunicado, al menos en su verdadera magnitud. El fondo de pensiones de los trabajadores de British tenía un multimillonario déficit, agravado por la crisis galopante de la Bolsa, donde está la mayoría de sus inversiones.
Ello, en opinión de los españoles, debería ser suficiente para replantearse las bases de la fusión en beneficio de Iberia, cosa por la que, en principio, British no está dispuesta a pasar. Pero la dispareja evolución de las cotizaciones de ambas compañías, cuya capitalización bursátil prácticamente se ha igualado, no boga a su favor.
La ecuación de canje
Cuando empezaron los preparativos para su matrimonio, British Airways valía en Bolsa prácticamente el doble que Iberia. Por eso, la ecuación de canje pactada fue del 60-40. Sin embargo, desde entonces, la compañía británica se ha dado una costalada importante, mientras que la española ha ido hacia arriba. Ahora su precio es similar, e Iberia quiere revisar los acuerdos de julio para igualar el peso de ambas aerolíneas en la sociedad resultante de la fusión.