Opinión
Punto de inflexión
Por Ciencias
El juego de la ciencia// Carlo Frabetti
* Escritor y matemático
Hay tres gremios que se creen autorizados a hablar de cualquier cosa y a apropiarse de todos los lenguajes: los políticos, los periodistas y los filósofos. Así que no hay que sorprenderse de que un filósofo metido a periodista para hablar de política se atreva a utilizar de la forma más impropia el lenguaje de la ciencia en general y el de la matemática en particular, en un vano intento de conferir apariencia de reflexión sesuda a una sarta de banalidades. Me refiero a Eugenio Trías y a su reciente artículo Palabra y acción (ABC, 27-6-09), un vibrante panegírico de Obama en cuyo análisis político no entraré (para no convertirme yo también en uno de esos columnistas que opinan sobre todo lo divino y lo humano); me limitaré a comentar algunas de las metáforas científicas –o seudocientíficas– que adornan el texto en cuestión.
Empecemos por la más tópica e inocente: punto de inflexión. Sería del todo injusto señalar a Trías por utilizar una expresión que se ha vuelto de uso común; pero, precisamente por ello, no está de más recordar su significado literal. El punto de inflexión de una curva, si lo tiene, es aquel en el que su curvatura se vuelve nula antes de cambiar de signo (de cóncava a convexa o viceversa); como símil o metáfora, no deberíamos utilizar la expresión para referirnos a cualquier tipo de reforma: un punto de inflexión supone un cambio cualitativo. Aunque tal vez sea esa la idea que Trías intenta transmitir: “La llegada de Barack Obama al poder es, sin duda, un punto de inflexión. De pronto todo parece moverse, cambiar; incluso acelerarse. Hay tiempos en los que los ritmos cardíacos de la historia se vuelven termodinámicos”.
Se podría llenar un libro con los usos disparatados del término “entropía” y de los principios de la termodinámica en general (sobre todo del segundo) por parte de filósofos, periodistas y políticos. Y si tal libro se escribe algún día, habrá que dedicar un capítulo a la termodinamización de los ritmos cardíacos y su relación con el infarto histórico. Pero la perla del artículo de Trías, no en vano destacada en la entradilla, es la siguiente: “En lugar de arrasar las irregularidades del terreno... se trata de hallar formas de regularidad en las propias formas caóticas y hasta catastróficas (en línea con la matemática actual, que es también matemática del sentimiento y de la acción)”. Al parecer, hemos llegado a un punto de inflexión sentimental en la matematización de la política imperialista. Qué alivio.