Opinión
Razón y fe
Por Ciencias
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
¿Son compatibles la razón y la fe? En teoría, sí. Hay creencias que, aunque estén más allá (o más acá) de la razón, no son necesariamente antirracionales. No se puede demostrar racionalmente la existencia de Dios, y ningún teólogo se toma ya en serio los cinco argumentos de santo Tomás (por no hablar del argumento ontológico de san Anselmo, que no pasa de ser un ingenioso juguete filosófico). Pero tampoco se puede demostrar racionalmente la inexistencia de Dios, y el ateísmo (en el sentido fuerte del término) es una forma solapada de dogmatismo. En principio, razón y fe no tienen por qué chocar, puesto que son trenes que marchan por distintos raíles.
Pero cuando la fe incurre en flagrantes contradicciones internas puede descarrilar e invadir el carril contrario, exigiéndole a la razón inverosímiles acrobacias para eludir el choque frontal. Se puede creer en un Dios omnisciente; pero no se puede afirmar que Dios lo sabe todo y acto seguido decir, por ejemplo, que no sabe leer. Un Dios a la vez omnisciente y analfabeto es una contradicción in terminis, una absurdidad incompatible con la razón.
Pues bien, el Papa pretende que los católicos crean en algo igualmente absurdo: un Dios justo y misericordioso capaz de infligir (o permitir) un castigo eterno a un ser de responsabilidad limitada como es el hombre. La reciente reivindicación del infierno por parte de Benedicto XVI es un auténtico órdago a la razón. Un órdago brutal que solo se explica en la medida en que es la única baza eficaz de la represión religiosa: para que un castigo a infligir en un mundo intangible y sub specie aeternitatis sea disuasorio, tiene que ser infinito.
Igualmente irracional –amén de intolerable– es la criminalización del aborto. Se puede creer que Dios le infunde un alma inmortal a cada ser humano; pero para pensar que un feto es una persona hay que tener un cerebro tan exiguo como el del propio feto. O sea que, hoy como en la Edad Media, para ser un católico cien por cien ortodoxo hay que dejar de pensar. Pero a los pastores no les inquieta la irracionalidad de sus rebaños, sino todo lo contrario, puesto que lo que esperan de ellos es sumisión y obediencia ciega. Lo mismo que esperan los generales de sus tropas, y por las mismas razones; por eso se puede entrar en el ejército con un CI de 70, lo que significa que un borderline, un individuo en los límites de la normalidad, puede vestir uniforme y llevar un arma. No es extraño que Benedicto XVI alterne la tiara con el tricornio.