Opinión
El referéndum del victimismo
Por Manolo Saco
Si una crisis es una desaceleración, a nadie puede extrañar que un referéndum, como el de Ibarretxe, se llame cualquier otra cosa, como Ley de Consulta, por ejemplo. Las palabras cumplen a veces un papel de saneamiento político primordial, como algunas células del cuerpo que se suicidan para favorecer la salud del resto del organismo; en este caso, el de la lengua. Si crisis y referéndum deben suicidarse en favor del bienestar de la colectividad, pues se suicidan.
Todo suena un poco a comedia, aunque muchas tragedias comenzaron por menos motivos. Ibarretxe sabía que los dos partidos mayoritarios denunciarían inmediatamente la consulta por inconstitucional, no tanto por lógica política (por cierto, ese no sería mal debate en momentos de mayor sosiego) como por el coste que, de lo contrario, tendría entre el electorado de ambos partidos. Al lehendakari no es fácil seguirle, ni siquiera los propios militantes de su partido, y esta consulta sólo se puede explicar como un acto más en la comedia del victimismo. Las encuestas ya auguran un empate técnico entre PNV y PSOE, y posiblemente podría perder el poder ante una alianza de socialistas y populares.
Ocurrió, pues, lo que estaba escrito en el guión. Inmediatamente después de que Ibarretxe presentara en el Boletín Oficial del País Vasco el suicidio asistido de la palabra referéndum, el gobierno ordenaba al abogado del estado presentar un recurso de inconstitucionalidad en el alto tribunal por asesinato de la palabra referéndum.
Y eso en un día en que el horno autonómico no estaba para bollos. Zapatero enviaba a un mandado, al secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, y no al titular, a Pedro Solbes, para desvelar las famosas “balanzas fiscales”, las cuentas de quién recibe y quién aporta más al Estado, largamente demandadas por los nacionalismos autonómicos.
Y traían malas noticias para el victimismo vasco. Resultó que sus ciudadanos, los más ricos de España en renta per cápita, tienen por delante a siete comunidades autónomas en el ránking de la solidaridad entre regiones. Malos tiempos para hacerse la víctima.
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Primera meditación para hoy:
Hablando de palabras que se suicidan. “El Solitario”, el atracador de bancos que presuntamente asesinó a dos guardias civiles, se define ante el juez como “un expropiador de bancos; y además, a mucha honra”. Ante ello, lo de referéndum o consultita es una minucia semántica.
Segunda meditación para hoy:
Íñigo Henríquez de Luna, el concejal del PP imputado por el juez en la trama de corrupción del caso Guateque del Ayuntamiento de Madrid, dice que todo obedece a “una venganza”. Os recuerdo que es el mismo militante que en vísperas del congreso de su partido en Junio pidió que el PP eligiera en primarias al candidato a la Presidencia del Gobierno, enfrentándose así abiertamente a Mariano Rajoy, con la felicidad indisimulada de Esperanza Aguirre. ¡Qué fantástica teoría de la conspiración os pongo en bandeja! ¿Estará la mano negra de Mariano tras la caída del concejal? ¿La de Ruiz-Gallardón, quizá? ¿La de ambos?