Opinión
Revistas listas
Por Ciencias
ÁTOMOS CARGADOS // JAVIER YANES
La polémica de las revistas científicas le debe resultar tan excitante al ciudadano medio como el pregón de las fiestas de Oslo. Y, sin embargo, los codazos que se propinan entre sí los magnates de la ciencia publicada llegan a empujar a la llamada prensa generalista, como este diario que usted tiene entre las manos.
La resonancia mediática de un investigador no es ajena a su capacidad para atizarse fondos de su bolsillo –aclaremos: de su bolsillo de usted– con los que prolongar eso mismo que viene haciendo (no me pida ejemplos). Como ahora la tendencia dicta que todo lo que producen los demás debe ser gratis, crece el clamor para que cunda el ejemplo de PLoS, una serie de revistas gratuitas para quien las lee sin aportar un bledo al progreso de la ciencia, pero que cobran un potosí a quien descubre algo y quiere que los demás se lo den por descubierto. Las PLoS no son las únicas revistas de pago; la argucia de imprimir los estudios bajo el disfraz formal de publicidad, y por tanto abriendo las fauces de la bacaladera a la inocente visa del investigador, ha sido una vieja maldición para los científicos.
Pero PLoS ha encontrado la fórmula del tío simpático de la fiesta, el que cae bien a todo el mundo: barra libre para todos, a esta ronda invito yo... pero con la chequera del que fabrica el güisqui. Así, cualquiera, ¿no? Pues no: según cuenta Nature con toda la intención que le permite su asepsia editorial, incluso con tarifas, mecenazgos y colaboradores altruistas, en seis años de vida, PLoS no ha encajado más que bofetones financieros. No hay almuerzo gratis, que decía Friedman. Ni barra libre.