Opinión
La Rumasa refundada, veinticinco años después
Por Vicente Clavero
Se va cumplir un cuarto de siglo de la expropiación de Rumasa: el golpe de autoridad que, como aviso para navegantes, dio el primer Gobierno de FELIPE GONZÁLEZ sólo 81 días después de tomar posesión. Aquel 23 de febrero de 1983, los socialistas, con una mayoría parlamentaria de 210 diputados todavía hoy imbatida, dejaron constancia de no estaban dispuestos arrugarse frente al poder económico. Y eso explica la docilidad con que muchos grandes empresarios y banqueros los trataron hasta que su estrella empezó a declinar en la primera mitad de los noventa.
El zambombazo de la expropiación abrió la caja de los truenos de la derecha, que enarboló la bandera de la propiedad privada para arremeter política y judicialmente contra la decisión, que el Gobierno intentó vender como un simple acto de profilaxis financiera. El superministro MIGUEL BOYER no se cansaba de repetir a todo el que quería escucharle que Rumasa era un tinglado chapucero que, cuando fue nacionalizado, estaba a punto de venirse abajo con estrépito. El PP, que tanto protestó, no debía de tener en el fondo una opinión distinta, pues en los ocho años que AZNAR ocupó la Moncloa se abstuvo de conceder reparación alguna a los principales afectados.
JOSÉ MARÍA RUIZ MATEOS, pese a la inocencia que proclamaba, pronto puso pies en polvorosa, aunque finalmente dio con sus huesos en la cárcel, de la que salió con el firme propósito de impedir que su caso se echara en el olvido. Lo consiguió gracias a innumerables bufonadas, que hicieron de él un personaje más popular de lo que ya era. Mucha gente comenzó a mirarlo con compasión y en otra llegó a despertar incluso sentimientos solidarios, si bien para la mayoría de la opinión pública quedó como un hombre que no estaba en sus cabales.
Mientras la batalla ante los tribunales continuaba (se dijo entonces que daría de comer a una generación entera de abogados y el augurio aún puede cumplirse), Ruiz Mateos se aprestó a empezar de nuevo, con tenacidad de hormiga y con la ayuda de su prolija familia, que siempre le ha demostrado una lealtad a toda prueba. Para ello se valió, según su versión, de la ayuda de un puñado de amigos, aunque siempre ha existido la sospecha, vehementemente negada por él y por los suyos, de que tenía parte de su fortuna a buen recaudo en el extranjero.
Hoy, alrededor de Nueva Rumasa, que preside el mayor de los hijos de Ruiz Mateos, ZOILO, gravita un centenar de empresas, ninguna de ellas, que se sepa, perteneciente al sector financiero, donde la sola mención de sus apellidos pone los pelos de punta, habida cuenta los desmanes que cometió la primera vez, en opinión de sus detractores. El uso del dinero que entraba a través de bancos y aseguradoras para mantener otros negocios cavó la fosa en la que acabó cayendo el grupo.
Hay dos marcas, una de flanes y otra de chocolate, que fueron el banderín de enganche de esta nueva etapa porque Ruiz Mateos en persona se encargo de publicitarlas: DHUL y TRAPA. Pero en las celdillas de su colmena aparecen muchas más, algunas bastante conocidas, sobre todo del ámbito vitivinícola. Son suyas, por ejemplo, GARVEY, las bodegas SANDEMAN y CAVAS HILL, cuya penetración en la hostelería está potenciando tras la compra de una de las primeras distribuidoras del país.
Su más reciente adquisición han sido los activos de PARMALAT en España (Clesa) que incluyen siete fábricas y 67 delegaciones comerciales. Nueva Rumasa, que cuenta con hoteles en Baleares, Canarias, Andalucía y Santiago de Chile, anunció una facturación superior a los 700 millones de euros para 2007, aunque existe la impresión generalizada de que el volumen real de los negocios de Ruiz Mateos es muy superior.