Opinión
El Señor de la Tierra
Por Eugenio García Gascón
Haaretz publicó ayer que Israel espera un fuerte revés diplomático en septiembre. Si no ocurre ningún milagro, la mayoría de países de la ONU votará a favor de crear un Estado palestino en las fronteras de 1967. Netanyahu, dice el diario de Tel Aviv, está considerando no acudir a Nueva York y enviar en su lugar al presidente Shimon Peres.
El octogenario Peres es un político que se ha granjeado la admiración mundial, a pesar de haber sido uno de los personajes más controvertidos en su país, y a pesar de tener un polémico currículo en lo tocante a la paz. Sin embargo, se llevó junto con Rabin y Arafat el premio Nobel por los acuerdos de Oslo, unos acuerdos trágicos que consolidaron y expandieron la ocupación de una manera sin precedentes, y al día de hoy sigue presentándose ante el mundo como un político moderado.
Precisamente estos días estoy leyendo The Lords of the Land, un recuento apasionado de las colonias y los colonos en los territorios ocupados, un texto recomendable para quien se interese por las cuestiones de Oriente Próximo y especialmente por el proceso de paz. Leyéndolo, el diálogo y la negociación parecen completamente imposibles debido a la actitud de Israel.
Pues bien, el primer capítulo es bastante esclarecedor. En él aparece repetidamente Peres apoyando sin reservas a los primeros colonos de después de la guerra de 1967 y defendiendo su causa en los últimos gobiernos laboristas antes de la victoria de Menagem Beguin. No en vano hay hisoriadores que lo consideran el padre de los asentamientos, y lo hacen cargados de razón.
El veterano Peres es la reencarnación de Maquiavelo, y su mejor avatar. Sin embargo, se le admira en Occidente como a un gran hombre de paz. Si se confirma lo que dice Haaretz, Peres viajará en septiembre a Nueva York para dar la cara por Netanyahu. Es una lástima que sus hermosas palabras, siempre al servicio de la paz, no se hayan visto reflejado en sus acciones a lo largo de su prolongada vida.
En fin, hasta es posible que la Asamblea General lo despida con una cerrada ovación.