Opinión
Signo de los tiempos
Por Eugenio García Gascón
Prácticamente no pasa un día sin que asistamos a nuevas señales de la radicalización de Israel en religión y nacionalismo. Continuamente recibimos noticias en ese sentido, y el diario Yediot Ahronot decía ayer que se trata del "signo de los tiempos". La involución constante es, según el rotativo de Tel Aviv, inevitable en nuestros días, y quizá tenga razón.
Un estudiante universitario fue expulsado recientemente de un aula por no llevar kipá, el solideo con que muchos judíos religiosos se cubren la cabeza.
El incidente ocurrió en la Universidad Bar Ilan, un centro situado cerca de Tel Aviv, la mayor universidad del país, que sufragan los contribuyentes con dinero público en su mayor parte. De esta universidad, de orientación ortodoxa, se habló bastante en 1995, cuando uno de sus estudiantes, Yigal Amir, asesinó al primer ministro Yitzhak Rabin para acabar con el proceso de paz que se inició con la Conferencia de Madrid de 1991.
Lo más preocupante es que el la dirección de la Universidad se ha puesto del lado del profesor, el rabino Haim Talbi, que expulsó al alumno.
La dirección ha recordado que los cursos de estudios judíos obligan a los alumnos a llevar kipá, pasando por encima de los dictámenes del Tribunal Supremo, que en numerosas ocasiones ha dicho que debe protegerse la libertad de religión. La Universidad Bar Ilan se permite ignorar al Supremo sin que las autoridades hagan nada para impedirlo.
Otro incidente reciente tuvo lugar a mediados de la semana pasada, cuando unos desconocidos realizaron pintadas en las paredes de un monasterio contra el cristianismo. Una de las pintadas decía "Jesús es un hijo de puta". En el Talmud, que se enseña en todas las escuelas rábinicas subvencionadas por el Estado, la virgen María aparece descrita como una prostituta.
Esta vez las autoridades condenaron las pintadas. Desgraciadamente no es la primera vez que se producen y lo habitual es que la policía no encuentre a los culpables. Acciones similares en Europa se convierten en auténticos problemas de Estado, mientras en Israel, donde cada día son más frecuentes, no tienen trascendencia.