Opinión
Siria se desangra
Por Eugenio García Gascón
X. es una señora de cierta edad que solo habla árabe. Me la encontré anoche en el sherut o taxi colectivo que nos trajo del aeropuerto de Ben Gurion hasta Jerusalén. X. no se podía entender con el conductor así que hice de traductor. Se sentó en un asiento contiguo y entablamos una conversación durante el viaje.
La señora es libanesa, de Zahle, un pueblo cristiano que está cercano a Siria, donde mantiene el grueso de su familia. En 1967, justo unos meses antes de la guerra de junio, emigró a Jerusalén oriental, que entonces todavía no estaba ocupada por Israel, para casarse con un palestino. Su marido murió pero antes tuvieron varios hijos que viven en Jerusalén, con excepción de uno que reside en Londres, y ella llegó ayer de visitarlo.
Después de tantos años sigue sintiéndose libanesa, y muy rápidamente orienta la conversación hacia Siria. X. está horrorizada por lo que está viendo por la televisión y por lo que le cuentan sus familiares libaneses. Ella es cristiana y vive en un barrio cristiano del norte de Jerusalén.
No entiende la actitud de Occidente con respecto a Siria. Dice que la oposición es en su inmensa mayoría islamista radical y que está recibiendo el apoyo de Arabia Saudí, de otros países árabes, de Estados Unidos y de Israel.
Sus quejas se hacen más agrias cuando comenta la situación actual "en Alepo y en Damasco", y concretamente cuando habla de los cristianos que residen en estas dos ciudades sirias. Según X., que habla por boca de sus parientes, los islamistas están ejecutando continuamente a los cristianos y violan a sus mujeres, incluidas niñas, pero, dice, de eso no habla la prensa ni los gobiernos occidentales. X. está horrorizada.