Opinión
Las tentaciones de Sánchez Galán
Por Vicente Clavero
Al presidente de Iberdrola se lo están poniendo a huevo para que acepte negociar la fusión con Gas Natural, que alumbraría uno de esos “campeones nacionales” por los que desde hace tiempo suspira el Gobierno. El último en pronunciarse a favor ha sido FLORENTINO PÉREZ, la bestia negra de IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN, que lo mantiene a pan y agua en la eléctrica a pesar de que controla más del 12% del capital. El presidente de ACS y tercer máximo accionista de la constructora, por detrás de los ALBERTOS y la familia MARCH, se ha sumado al coro de voces que claman por la consumación de ese matrimonio, con el mismo desparpajo que si nunca hubiera alentado el asalto a Iberdrola de EdF.
El pronunciamiento de Florentino Pérez permite deducir que los franceses, a quienes ACS se ofreció como caballo de Troya, han arrojado la toalla, apabullados por el sinnúmero de problemas que su intentona les ha ocasionado. PIERRE GADONNEIX seguramente habría echado a patadas de su despacho a quienes le propusieron la operación si llega a imaginar los quebraderos de cabeza que iba a proporcionarle. Después de tan ingrata experiencia, el presidente de EdF no ha tenido más remedio que plegar velas y, al menos de momento, no quiere saber nada de España.
Esa retirada es una indudable victoria de Sánchez Galán, que, aparte de la satisfacción de haberle dado sopas con honda a un gigante europeo de la energía, ha sacado fuerzas de flaqueza para otras opciones corporativas en las que Iberdrola pueda estar involucrada. Por eso nada tiene de particular que los dos grandes socios de Gas Natural, La Caixa y Repsol, le hayan ofrecido la presidencia ejecutiva del grupo resultante de la fusión. En este contexto es lógico también que Florentino Pérez esté dispuesto a canjear la participación de ACS por los activos concurrentes, que engrosarían los de Unión Fenosa, para hacer luego mutis por el foro.
Con independencia de que Sánchez Galán no acaba de ver clara la unión con Gas Natural, en el fondo, como siempre, hay un escollo fundamental: el precio. Aunque su capitalización bursátil dista mucho de ello, incluso sumando a Renovables, Iberdrola se valora a sí misma en unos 100.000 millones de euros, según ha dejado caer varias veces su presidente. Y exigiendo esa note no le va a resultar fácil echarse novio.