Opinión
El último grito
Por Varios Autores
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Hay expresiones pasadas de moda que se recuperan por aquello de la magdalena de Proust y los vericuetos de la memoria. Se me viene a la ídem la expresión el último grito. No hace falta haber sido un ye-yé de los sesenta para comprender que se refiere a lo last de lo last, lo último de lo último. Esto viene porque la tecnología avanza que es una barbaridad y la fotografía está que se sale. La venganza amateur está acabando con los derechos que había alcanzado la fotografía tradicional en cuanto a reproducción y difusión.
La Red es el Ring y miles de Pesos Mosca digitales están noqueando a los dos o tres Pesos Pesados analógicos que quedan. Todo empezó con la instantánea, con la cámara que cualquiera (es un decir) puede manejar. La Instamatic fue el último grito en su momento y mandó al paro a los fotógrafos de cámara de fuelle que vivían de retratar reclutas con novia por los parques. En medio del griterío que ahora nos circunda, nos circuncida y nos circunscribe, atiendo a las explicaciones sobre un botoncito de mi móvil que no tenía ni idea de para qué servía.
Se trata de un mecanismo para activar instantáneamente la cámara del trasto sin recurrir a menús largos y estrechos. Gracias a él, podemos inmortalizar, sin perder detalle, al mendigo o al compañero de instituto que estamos pateando. Ya sólo queda colgar en Internet su último estertor o, cambiando continente por contenido, el auténtico último grito.