Opinión
La venta de Spanair se ensombrece
Por Vicente Clavero
El proceso abierto para la venta de Spanair, segunda en el ránking de las aerolíneas españolas, se ha sumido en la confusión de unas horas a esta parte. El concurso convocado por su actual propietario, el grupo escandinavo SAS, contaba con sólo dos candidatos desde la retirada de Marsans. Por un lado, Iberia, acompañada de Gestair, principal operadora de vuelos privados del país; y, por otro, una pequeña compañía, fundada en 2005, de nombre Gadair.
Ésta presentó su oferta avalada por el fondo de inversión portugués Longstock Financial, del que se tenían pocas referencias en España y cuyo presidente es VÍTOR PINTO DA COSTA. La opción de Gadair fue bien vista desde el principio por la Generalitat, pues garantiza la catalanidad de Spanair y, sobre todo, la continuidad de su centro de operaciones en El Prat. Iberia, cuya principal preocupación es rentabilizar la T-4 de Barajas, no ha sido tan tajante en ese sentido.
Las simpatías que había conseguido granjearse en la Generalitat otorgaban a Gadair muchas papeletas para convertirse en el nuevo dueño de Spanair, pero unas declaraciones de Pinto da Costa a la prensa lusa han dado al traste con buena parte de sus posibilidades. Contraviniendo toda norma de prudencia, el presidente de Longstock proclamó a los cuatro vientos que la operación estaba prácticamente hecha y que la aerolínea española sería suya en menos que canta un gallo.
Esta salida de tono irritó a su socio, SANTIAGO SÁNCHEZ MARÍN, presidente de Gadair, que vio la ocasión propicia para soltar amarras y desligarse de Longstock, cuya solvencia habían empezado a poner en duda no sólo SAS, sino también los pilotos de Spanair, algunos proveedores y, lo que es más grave, la propia Generalitat. De hecho, Pinto da Costa tiene pendiente ante los tribunales portugueses una causa judicial por mala administración de su empresa aérea Air Luxor.
Como alternativa, Sánchez Marín ha empezado a buscar la cobertura de algunas entidades financieras (Caixa Catalunya y la Caixa, entre otras), que aporten el dinero necesario y supervisen la gestión. De momento, empero, no existe constancia de que ninguna de ellas haya aceptado la propuesta, aunque es de suponer que presiones políticas no habrán faltado. También ha intentado sumar a destacados empresarios locales, sin mucho éxito.
Si la prioridad de la Generalitat es que Spanair no abandone el aeropuerto de El Prat, la de SAS es, lógicamente, vender al mejor precio. El mandato que tiene la Unión de Bancos Suizos (UBS), asesora de la operación, resulta inequívoco a tal efecto. Por lo que ha trascendido, Gadair ofrece 450 millones e Iberia-Gestair sólo 300. Pero el primero quiere llevarse la aerolínea limpia de polvo y paja, mientras que los segundos están dispuestos a asumir la deuda que actualmente tiene Spanair.
La compañía lleva tiempo sin levantar cabeza. Según sus últimos resultados conocidos, correspondientes al primer semestre de 2007, Spanair perdió 36,6 millones de euros, más del doble que en el mismo periodo del año anterior. A la vista de esta evolución, el presidente y consejero delegado del grupo SAS, MATS JANSON, decidió ponerla en venta. Los dueños de Marsans, GONZALO PASCUAL y GONZALO DÍAZ FERRÁN, que traspasaron Spanair a los escandinavos en 2001, barajaron la posibilidad de recuperarla, pero finalmente renunciaron.
Mientras Gadair intenta salir de su propio embrollo, el consorcio formado por Iberia y Gestair se mantiene a la expectativa, con la fundad esperanza de que Spanair caiga en su cesto como fruta madura. Si sus esperanzas se cumplen, FERNANDO CONTE dará un paso de gigante en el reforzamiento de la aerolínea española de bandera, que ganará así atractivo para eventuales compradores.