Opinión
Algunos virus buenos
Por Ciencias
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MICROBIOGRAFÍAS // JORGE BARRERO
Aquel que definió a un virus como “una mala noticia envuelta en un sobre de proteínas” tenía buenas razones para hacerlo. Estas entidades biológicas, que no son propiamente seres vivos, puesto que necesitan de una célula para reproducirse, están marcados por el odio desde su bautismo. Un nombre que significa “veneno” no es una buena carta de presentación y ya anticipa la “difícil relación” con el resto de organismos, que se ha confirmado con cada nuevo descubrimiento desde su identificación como agentes patógenos de plantas, hace más de un siglo. Ahora sabemos que incluso las bacterias sufren enfermedades víricas y que en realidad no hay ninguna célula en el planeta que se pueda librar de estos incómodos y con frecuencia peligrosos inquilinos.
Y con todo, apartados de las células a las que pueden infectar –y en esto cada tipo de virus es muy selectivo–, estos agentes se convierten en inocentes fragmentos de código genético, tan infecundos como lo puede ser un programa de ordenador guardado en un CD. Partículas minúsculas e inertes, con formas geométricas de gran belleza, a la espera de encontrar una maquinaria celular en la que depositar un sencillo pero devastador mensaje: “Dedíquese a fabricar otros virus idénticos a mí, aunque le cueste la vida”. ¿Pero qué pasaría si empleáramos ese sofisticado puerto de conexión con el genoma a nuestro favor? ¿Podríamos usar los virus para introducir mensajes, o programas a la carta en el hardware celular? ¿Es posible emplearlos como diminutas jeringas, con las que inyectar específicamente cierto tipo de células una a una?
Todas estas posibilidades están siendo abordadas por la ciencia y ya existen algunos resultados esperanzadores. Sin ir más lejos, hace unos meses un equipo británico probó con éxito en perros una terapia que emplea virus similares al del catarro para corregir una ceguera de origen genético. Los investigadores se valieron de partículas víricas para introducir en las células una copia correcta del gen defectuoso y restablecer la función perdida. Otra aproximación interesante es el uso de virus como selectivos asesinos a sueldo de células cuya proliferación es un problema, como las cancerosas, o en la destrucción de bacterias infecciosas. En un futuro no muy lejano, quizá también podamos emplear a los virus para administrar de forma selectiva determinados fármacos, aprovechando su capacidad para reconocer, adherirse y penetrar sólo en algunos tipos celulares concretos. Puede que los virus sean sólo noticias envueltas en proteínas, ¡pero no siempre van a ser malas!