Opinión
Los inmigrantes nos roban, Alberto 'Quirón' no

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
La presidenta de la Comunidad de Madrid ha decidido que, por el bien de España y su ¿raza?, va a recurrir la regularización del Gobierno de migrantes que ya están viviendo y/o trabajando en nuestro país. Manda carallo, también les digo, que Isabel Díaz Ayuso anuncie su purista medida el mismo día en que una operación policial detiene a siete personas en su región por explotar a migrantes sin permiso de trabajo que eran esclavizados en call centers; y digo "esclavizados" por unas condiciones que iban más allá de las horas extras, de los salarios infames o del incumplimiento en general de los derechos laborales; unas líneas traspasadas que incluían la humillación a seres humanos que consideras de segunda, tercera o última categoría.
¿Pasan estas cosas en el siglo XXI? Ya lo creo y, lo que es peor, hoy estas acciones han (re)invadido el mundo para explotar el feroz enriquecimiento de unos pocos a través de una ideología ultraproductivista como la que representan Ayuso, Abascal, Milei, Orbán o Trump, con Feijóo en el camino de la excelencia. Ideas disfrazadas de fe, religiosidad y buenas intenciones difunden su xenofobia, su racismo, su misoginia o su homofobia para establecer categorías de buenos y malos en función de su renta o su producción material. Hay un término medio, naturalmente, porque como decía De Beauvoir, "el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos". Basta con las herramientas del miedo, el resentimiento, el bulo, la desinformación, las lagunas imperdonables de la democracia,… para atraer a quienes trabajan contra sus propios intereses, las herramientas clásicas de los fascismos, ya saben, y que hoy han encontrado un perfecto cómplice en los tecnócratas de las redes sociales, aliados de Donald Trump.
Ayuso ha dicho en la Asamblea de Madrid que no está dispuesta a pagar la sanidad universal, esto es, el derecho constitucional del ser humano que pide ayuda en las Urgencias de los hospitales españoles. Hablamos de una cuestión de derechos constitucionales en España (art. 43) y de derechos humanos en general (art. 25.1 de la Declaración Universal), pero al margen de toda esa humanidad que se esfuerza en ignorar la presidenta madrileña, nos referimos a una cuestión elemental de salud pública, colectiva: de todas -salvo Ayuso, al parecer- es sabido que una enfermedad no controlada en una persona es susceptible de serlo, y agravada, en todas las demás que le rodean, sean blancos, negros, gais, mujeres, ateos o medio pensionistas. Hablamos de un razonamiento básico, vamos, eso que parece pertenecer a un mundo paranormal cuando miramos hacia la ultraderecha y su negacionismo sistemático de ciencia y razón. Pues ni con esas.
La xenofobia y el racismo del PP y su lideresa -deseando escuchar a Feijóo- le han hecho patinar donde más debería dolerle: la necesidad de disfrazar de fe o protección de España/Madrid lo que es en realidad racismo y xenofobia a imagen y semejanza de Trump. Según Ayuso, los inmigrantes nos roban algo que nos pertenece solo por el hecho de ser seres humanos, la salud. Alberto Quirón no robó nada, en cambio, cobrando millones por las escasas mascarillas que podían salvar vidas humanas de todo origen en la pandemia de la covid-19 y tampoco lo hizo tratando de evitar los impuestos que le correspondía pagar por ese fácil y descarnado negocio. Entre tomarnos por imbéciles a quienes pagamos su sueldo y ser una presidenta sin escrúpulos, voy a quedarme con lo primero. Por salud, también.
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