Opinión
"Esas malditas joyas"

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
A falta de indicios directos que impliquen a Zapatero en la concesión del préstamo del Gobierno a Plus Ultra a través de la SEPI -de momento, hay referencias de terceros también imputados y por más delitos-, las joyas que la UDEF encontró muy oportunamente en la caja fuerte del despacho del expresidente han ocupado el primer lugar de la corrupción -nunca presunta para la ultraderecha- del satánico Zapatero y su X de cabecera, Pedro Sánchez.
En la entrevista que dio este jueves el expresidente del Gobierno a Javier Ruiz en el programa Mañaneros 360 de TVE, dos fueron las cuestiones que quedaron en stand by, o sea, sin ser contestadas por Zapatero a la espera de su declaración ante el juez: por un lado, el detalle de los pagos que él y la empresa de sus hijas recibieron por trabajos poco concretados para Análisis Relevante (AR), la empresa de su ¿amigo? Julito Martínez, aunque el ex líder del PSOE sí los detalló en las cinco horas de comparecencia del Senado, en marzo de este año, dos meses y medio antes de ser imputado por el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama. En TVE, y a las preguntas de Ruiz, Zapatero insistió en su labor de consultoría y asesoramiento en AR, negando tajantemente una intervención suya y de cualquier tipo en el rescate público de Plus Ultra, como también hizo en el Senado. En este punto, que había sido el mollar de la causa contra Zapatero en la Audiencia Nacional hasta que aparecieron "esas malditas joyas" -en palabras de una persona muy cercana a él-, el expresidente mantiene la misma versión desde el Senado -incluso, desde entrevistas anteriores- hasta ahora, a falta de concretar ante el juez sus trabajos, las facturas por éstos y que sus hijas desglosen todo lo de su empresa.
La credibilidad que podía extraerse de la contundencia de Zapatero sobre su labor de consultoría en Análisis Relevante (AR) y sobre su nula intervención en el rescate de Plus Ultra, chocó sin embargo -aunque sea lógico desde el punto de vista de su propia defensa-, con su negativa a hablar sobre la declaración de su ¿amigo? Martínez, que acusa sin pruebas al expresidente de ser la fuerza motora de los presuntos delitos. La otra lógica, no obstante, la que no es la de la cautela de un imputado ante su propio procedimiento judicial, invita a pensar que Zapatero debería haber llamado de todo menos "bonito" a Martínez Martínez, pero la perspectiva del entrevistado nos lleva a darle la razón, supongo y por prudencia, como mínimo. El tiempo dirá.
Es en la olla de "esas malditas joyas" -que nada tendrían que ver con la causa de Plus Ultra- donde se cuecen a fuego lento en este momento la curiosidad malsana de detractores y enemigos de Zapatero, que desean que pedruscos y expresidente ardan en el infierno con leña verde; la incertidumbre temerosa de sus defensores, que no logran encontrar una justificación a semejante despliegue de opulencia; el morbo de la procedencia de unas piezas tan poco casaderas con la imagen pública de Zapatero y su familia, y la incógnita sobre la razón de que el expresidente se niegue a desvelar su origen si no es delante del juez. "No puede decirlo; no puede", se limitan a responder los suyos, alimentando, si cabe más, la especulación de los propios y la bilis de los ajenos. Y se lo confirmo yo, que tuve la suerte de estar en la mesa donde se entrevistó al expresidente y se me dio la oportunidad de insistir en el tema: no hubo manera de sacarle nada más sobre el origen de "esas malditas joyas", las cuales, a la vista del tiempo transcurrido, es posible que ni constituyan delito ni den para el misterio de las alhajas de la Castafiore. Un "error", sí, eso lo reconoció Zapatero a regañadientes y al respecto, no hay ninguna duda. En mala hora.
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