OBITUARIO
Maricarmen, te arrancaron de tu casa pero jamás podrán borrar tu lucha

Por Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid
-Actualizado a
Hoy tenemos que hablar de algo de lo que nunca quisimos hablar. Maricarmen ha fallecido. Todas sabéis que tenía casi 88 años, que había vivido durante más de siete décadas en la misma casa y que era una verdadera luchadora. Pero Maricarmen era mucho más.
Maricarmen era sus bromas constantes, incluso cuando las cosas se ponían difíciles. Era sentarse a escucharla contar su vida, sus viajes y su corto matrimonio (“porque qué es eso de que tuviera que trabajar para mi marido”). Maricarmen era descubrir que cada rincón de aquella casa guardaba una historia. Ir a merendar con ella era oirla hablar de sus gatos de porcelana, de sus souvenirs, de sus muebles —a los que casi parecía haberles dado nombre propio— y de aquellos electrodomésticos de hacía más de treinta años que seguían funcionando y de los que estaba orgullosísima. Y se quejaba, con esa mezcla suya de humor y enfado, de que a esas alturas tuviera que pasárselo todo por puré.
En aquella casa no había simplemente cosas. Había una vida. Allí habían vivido y muerto sus padres. Allí estaban sus recuerdos, sus rutinas, su barrio, su mundo. Maricarmen había envejecido junto a aquellas paredes. Y hace apenas unas semanas la arrancaron de ellas. Pero cuando intentaron expulsarla ocurrió algo que quienes ordenaron el desahucio seguramente nunca imaginaron. Y es que las calles de su barrio retumbaron durante horas al unísono de cientos de voces. “Maricarmen, no estás sola”.
Mucha gente que nunca había parado un desahucio ni pisado una asamblea ni sufrido violencia policial vio en ella a su abuela, a su tía, a una vecina. Una historia que no tenía sentido y por la que merecía poner el cuerpo. Una primera acampada en la calle Alcalde Sainz de Baranda 46 prendió la chispa de todo lo que vino después. Y cuando sucedió lo inimaginable y gritamos “ni una Maricarmen más”, algo se movió para siempre.
Maricarmen se convirtió en un símbolo. Y su nombre, después de dar la vuelta al mundo, llegó hasta la Puerta del Sol. Allí, en el corazón de una ciudad donde todo parece tener un precio, Maricarmen tiene una calle de esas que no se pueden comprar, porque solo se construyen con lucha, valentía y colectividad.
Hoy podríamos decir que Maricarmen ha fallecido. Que tenía casi 88 años. Que era mayor. Que estas cosas pasan. Pero estaríamos mintiendo, porque a Maricarmen la han matado. La ha matado un sistema que decidió que el derecho de alguien a hacer negocio valía más que su derecho a terminar sus días en la casa en la que había pasado prácticamente toda su vida. La han matado unas políticas de vivienda que convierten nuestros hogares en activos financieros. La han matado quienes especulan con nuestras casas y quienes, pudiendo impedirlo, permiten que continúe ocurriendo.
Porque perder tu casa también enferma. Vivir esperando una carta, una subida del alquiler o una orden de desahucio, enferma. No saber dónde vas a dormir dentro de unos meses, enferma. Ver llegar a la policía para arrancarte del lugar donde has construido tu vida, destroza. Y, en demasiadas ocasiones, mata.
Maricarmen se suma a una lista que no ha dejado de crecer. A Olga, que se quitó la vida en L’Hospitalet después de ser desahuciada. A Javier, también de L’Hospitalet, que se suicidó poco antes de su desalojo. A Marina y Amparo, vecinas de Lavapiés que murieron al poco de haber sido arrancadas de sus hogares. A Patxi, de Móstoles, que murió en la calle tras haber perdido su casa. A las miles de personas cuyos nombres nunca conoceremos, que nunca tendrán una cámara delante ni ocuparán una portada. Precisamente por ellas luchaba también Maricarmen.
Cuando la conocimos, hace ya más de cinco años, ya tenía claro que aquella lucha había dejado de ser solamente suya. Sabía que algún día las cámaras desaparecerían, pero que seguirían llegando cartas a miles de hogares. Sabía que detrás vendrían otras Maricármenes. Decidió luchar hasta el final, y nos enseñó que una mujer de casi 88 años, organizada en su sindicato, puede poner contra las cuerdas a quienes se creen dueños de nuestras vidas, desde sus escaños y desde sus despachos.
Hace dos semanas, vimos cómo sacaban a Maricarmen de su casa y decidimos responder juntas. Llenamos las calles una y otra vez, acampamos en la Puerta del Sol, nos organizamos, nos cuidamos, levantamos una pequeña ciudad en mitad de Madrid, llevamos esa chispa a cada rincón y demostramos que, cuando nos encontramos, el miedo puede cambiar de bando. Por eso hoy estamos destrozadas, desoladas, enrabiadas. Y, ahora, esa rabia tiene que encontrar un lugar al que ir, porque eso es lo que habría querido Maricarmen. Eso es lo que nos decía con eso de “luchad, defended lo que es vuestro.”
Que nadie viva este dolor en soledad. Que nadie convierta esta tristeza en resignación. Que la rabia se convierta en acciones colectivas, en bloques organizados, en sindicatos fortalecidos, en vecinas llamando a la puerta de otras vecinas, en miles de personas descubriendo que aquello que les dijeron que era un problema individual es, en realidad, un problema colectivo.
El 11 de noviembre tenemos una cita. Una huelga general no nos devolverá a Maricarmen, nada podrá hacerlo. Pero podemos hacer que su lucha siga caminando entre nosotras. Paremos este país y demostremos a quienes gobiernan y a quienes especulan que sin nuestras casas, sin nuestro trabajo y sin nuestras vidas todo este sinsentido se para y se cae.
Hoy, lloramos a Maricarmen. Mañana, también. Y pasado seguiremos organizándonos. Y, de toda esta tristeza, de toda esta rabia, de sus cenizas y las de un mundo que pone el lucro por encima de la vida, construiremos otro. Un mundo donde ninguna persona tenga que morir por una vivienda. Un mundo en el que nuestras casas dejen de ser números en una hoja de cálculo y vuelvan a guardar vidas, recuerdos, muebles con nombre y gatos de porcelana. Un mundo del que podamos sentirnos orgullosas.
Por Maricarmen. Por Olga. Por Javier. Por Marina. Por Amparo. Por Patxi. Por todas las que no salieron en televisión. Por todas las que todavía estamos a tiempo de salvar. El 11 de noviembre, lo paramos todo. Y hasta que la vida valga más que sus beneficios, seguiremos luchando.
“Un día aquí en Madrid, nos fuimos a juntar a defender las casas que nos quieren robar. Maricarmen no estás sola, nada nos detendrá. El sindicato es familia, lo vamos a luchar”.



Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.