Opinión
Si Musk y Vox berrean, el camino es bueno

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
El presidente del Gobierno ha anunciado una ofensiva muy ambiciosa contra los delitos en las redes sociales. Estos delitos (robos de datos, odio, xenofobia, violencia machista, pornografía infantil,… ) ya lo son si se ejecutan fuera de Internet, en la vida real, pero por una dejadez absoluta de nuestras instituciones, una paleta fascinación por la infinitud virtual y ese simulacro de libertad que tanto gusta a la ultraderecha y acompleja a las democracias, a las plataformas tecnológicas y a los dueños de las redes sociales se les ha dejado hacer negocio desde el mismo día de su nacimiento; sin leyes, sin normas, sin valores, sin democracia, sin límites. Y ahora nos lamentamos, porque comprobamos que sólo ganan ellos y el mundo es un lugar peor para una inmensa mayoría.
Los de Vox, reunidos en una cumbre de patriotas de chichinabo -o sea, en un encuentro de ultraderecha de los dos grupos europeos abonados al trumpismo, Patriots y ERC, con la asociación Red Política de Valores-, han sido los primeros en rasgarse las vestiduras tras hacer Pedro Sánchez su anuncio, enfocado en los menores de 16 años, a quienes se prohibirá el acceso a las redes sociales. Desde esa cumbre fascista, Santiago Abascal ha venido a decirnos -como con la educación sexual en los colegios- que el Gobierno quiere controlar a nuestros hijos/as suplantando a las familias. Al líder de Vox y presidente de Patriots sólo le ha faltado acusar a esos rojos demoníacos del Consejo de Ministros de querer extraer los cerebros de los menores para envolverlos en la bandera LGTBIQ+.
Y es que sí, los trumpistas, los fascistas de toda la vida, serían patéticos si no fueran tan peligrosos, precisamente, por las herramientas tecnológicas de las que disponen alegremente por dejación de funciones de quienes se dicen demócratas. Poner límites legales a plataformas y redes vigilando estrictamente su cumplimiento; proteger a niños y niñas de contenidos indiscriminados que sus cerebros inmaduros no tienen capacidad de asimilar y enjuiciar correctamente (como la adictiva pornografía); autodefendernos adultos y menores de algoritmos que solo buscan indignación y rabia, irracionalidad y emociones, polarización con mentiras, manipulaciones y saturación desinformativa de consumo rápido y fácil, como las drogas; desarrollar una educación digital sana en entornos protegidos como los colegios y las universidades, o poner el foco -y los tribunales y las cárceles- en los criminales que (mal)desarrollan tecnología para vigilarnos, manipularnos, hurtarnos nuestros derechos y libertad, para forrarse, literalmente, es un buen manual de instrucciones para que las vapuleadas democracias empiecen a levantar cabeza y, sobre todo, para la protección de los derechos humanos que, ¡oh, sorpresa!, se están cargando gobiernos como el de EEUU gracias a la inestimable ayuda de psicópatas como Elon Musk, entre otros de los muchos invitados a la segunda toma de posesión de Trump. O a las fiestas de Jeffrey Epstein, que tanto monta.
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