Opinión
Recuerdo que me dijo: "Se arriesga a que la mate"

Periodista y escritora
Corría el año 2011, tiempos feísimos para quienes habíamos quedado en la cuneta con la crisis de 2008, que a mí me dejó en la calle embarazada de 8 meses y con un hijo de 6 años; a varios millones de personas, parecido. Tres años después, en aquel 2011, aguantábamos a pulmón, sobrevivíamos como podíamos, y las relaciones se iban deteriorando. Las crisis económicas hunden a algunas y erizan a otros. Aquel fue el año en el que me di cuenta de que mi pareja podía matarme.
Esta historia es real, y a veces tengo que repetírmela para que no se me olvide. Por ejemplo, hace poco pasé por la comisaría de los Mossos en la Plaça d’Espanya de Barcelona y me di cuenta de que lo había olvidado. No quiero olvidar nada de todo aquello. Quiero recordarlo siempre, para que no vuelva a pasarme, para estar pendiente, porque me da la gana.
Acudí a esa comisaría un día del que solo recuerdo que me acompañaban mi hija pequeña y mi amiga Lucía. Ella vino porque no quise dejar a la pequeña en casa con mi brutal pareja de entonces, pero tampoco me apetecía que estuviera conmigo en el trámite siniestro. Mi hija aún no había cumplido los tres años. Recuerdo que Lucía me tranquilizó y me dijo que se llevaba a la cría al centro comercial de Las Arenas mientras tanto, no sé qué más, imagino que me dijo que todo iría bien, ese tipo de cosas que una agradece y nadie cree.
Me recibió una agente amable y franca a quien expliqué que temía que el hombre con el que llevaba años conviviendo me matara.
No sé cómo sucede. De repente un día te das cuenta de que le ha cambiado la mirada, de que no hay rabia en los ojos de ese hombre, sino un odio sordo, feroz y sin razones. En mi caso, jamás me había puesto la mano encima, ni siquiera un empujón. Se había ido acumulando la tortura psicológica hasta el punto de sedarme en una depresión sin bordes, y la violencia verbal. De nuevo, resulta difícil localizar el momento en el que empieza el infierno, porque una no se plantea, en principio, la convivencia con un maltratador. Las cosas no son tan fáciles, todo empieza a suceder después, entre las sábanas y las sartenes, en los aprietos de final de mes, en los juicios morales y la multiplicación de los controles.
Al principio, la agente pensó que exageraba, y así lo dijo. A medida que le fui explicando el perfil del individuo, la cosa cambió. Puedo ser muy descriptiva, me dedico a eso. No recuerdo la cara de aquella mujer, pero sí que su expresión iba cambiando a medida que yo desgranaba los detalles y la historia del hombre. Mi intención al acudir allí era poner una denuncia. Cuando acabé de explicarme, se lo dije. Le dije: "Mi hija menor está abajo. Quiero poner una denuncia contra ese hombre que vive con nosotras. ¿Qué me puede pasar?". Ella me respondió con gravedad que, si le denunciaba, corría el riesgo claro de que me matara. No recuerdo las palabras, pero sí que eran algo muy aproximado, si no exactamente: "No denuncie, porque se arriesga a que la mate".
A partir de aquí, todo es un fundido en negro. No pasó nada más. No me dirigió a ningún sitio o institución, nadie me dio amparo, no volví a tener noticias. Nada de nada. Al menos, nada que yo recuerde, porque en los días, semanas, meses siguientes, mi vida se convirtió en un torbellino de terror e inconsciencia conviviendo con él. Hasta que, por fin, llegó mi desahucio y quedó allí, sentado en una silla, en medio del salón, en un piso en el que no quedaba ya nada más que él y las lámparas que no alcancé a descolgar.
Sus amenazas de muerte y mi huida duraron mucho, mucho tiempo, años enteros cuyas noches de terror insomne todavía tiritan en mi vida. Aún así, no dejo de pensar que yo me libré, que sigo viva.
Por eso me he acordado de mi historia al leer durante los últimos días sobre el asesinato de Laura Cruz Vega, la agente de la Guardia Civil a la que ha matado su pareja, recién expulsado del Cuerpo, después de que la Justicia desoyera las peticiones de la mujer.
"Ese día, 5 de agosto de 2025 a las 11.47 de la mañana, Laura dijo a los agentes que le tomaron declaración: 'Debo aclarar por qué tengo tanto miedo a Dámaso, no le importa a quién llevarse por medio'", escribe Isabel Valdés en El País. "Meses después volvió a advertir que estaba en peligro, pidió que le reactivaran la pulsera antimaltratadores que había llevado, que sabía que no iba a parar hasta destruirla. La Justicia le denegó ese dispositivo el 19 de diciembre de 2025 porque no vio elementos de 'riesgo objetivo'. Y este miércoles, 5 de agosto de 2026, Dámaso la asesinó".
Recomiendo mucho los tres artículos publicados por Valdés: este, este y este. Hay algo que todas sabemos y que queda claro tras su lectura. Cuando una mujer pide ayuda, protección, amparo…, cuando dice que la van a matar, es porque sabe que es muy probable que suceda. Y, sobre todo, porque lleva años sufriendo la tortura de la violencia macho. Ninguna mujer inventa esa tortura. Sería una labor idiota, impropia de quien anhela sólo una vida sin terror, y a mi modo de ver, imposible. Absolutamente imposible.

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