Opinión
Los regalos de Feijóo y los de todos los demás

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
La aparición de Alberto Núñez Feijóo este miércoles en El Hormiguero, el programa de "querido Pablo", esto es, Pablo Motos, no decepcionó a nadie. A nadie que conozca al presidente del Partido Popular, que otra vez, como en julio de 2023, parece ya tener repartidos los ministerios de su futuro Gobierno. Hasta José María Figaredo, de Vox, ha tenido que recordar a Feijóo que no se emocione, que primero "hay que ganar las elecciones", porque todo el mundo sabe -menos el líder del PP, al parecer- que la ultraderecha solo busca su destrucción, algo que intentará en las próximas elecciones generales con todas sus fuerzas.
Es difícil resumir en un solo texto las perlas que nos dejó Feijóo en la entrevista (un decir) de más de una hora que le hizo Motos, pero ya que la actualidad más rabiosa nos lleva estos días a los regalos que reciben o devuelven los altos cargos institucionales, me picaban los dedos si no escribía sobre algunas de las mentiras y las manipulaciones que nos coló en prime time el expresidente de la Xunta de Galicia, además, haciéndose pasar por el colmo de la honradez y sin réplica por parte del entrevistador, faltaría más.
Fíjense que ni siquiera vamos a remontarnos a la época del narco amigo Marcial Dorado, cuando los fardos de cocaína pasaban desapercibidos para Feijóo en las noticias, sino a la etapa de su Presidencia gallega. El líder mayoritario de la oposición admitió a Motos que aunque sería un ejercicio de soberbia decir que te enteras de todo a tu alrededor cuando eres un presidente -porque gobernar Galicia es lo mismo que hacerlo con toda España, como todo el mundo sabe, y eso no es soberbia-, él detectaba enseguida, por ejemplo, si alguien de su entorno conducía un modelo de coche que no podría adquirir con su sueldo y enseguida preguntaba que qué carallo pasaba ahí. Todo esto en referencia a la presunta corrupción de Ábalos, Cerdán, Zapatero, la esposa o el hermano de Pedro Sánchez que éste no habría detectado. E insistimos en que no hablamos de la actividad del contrabandista, narcotraficante y examigo, que hasta invitaba a vacaciones a Feijóo, dijo Dorado, porque éste no ganaba lo suficiente para semejante dispendio en yate o en la nieve, con perdón. Y eso que el entonces presidente del SERGAS, el servicio gallego de salud pública, era un alto cargo de la Consellería de Sanidade, el niño bonito de Romay Beccaría, conselleiro y tododopoderoso dirigente del Partido Popular de entonces y todos los tiempos. Nada, nada: Feijóo no vio nada en su amigo Marcial porque no era presidente de la Xunta y porque no había Google, ya lo explicó y usted puede creerle o no.
Como jefe del Ejecutivo gallego sí vio y seguramente cató, en cambio, las botellas de Vega Sicilia que durante varios años enviaba a su casa -que es una forma de intentar que los demás no vean- el empresario Raúl López, imputado, encarcelado, excarcelado con fianza, condenada su empresa (Mombús) por el Supremo por repartirse el mercado de autobuses con Alsa, con causas pendientes aún… Una joya, aunque de esto Feijóo no contó nada a Pablo Motos, al revés: gracias a Feijóo, según Feijóo, se dictaminó que sus altos cargos no recibirían regalos de más de 90 euros, algo que fue posterior a destaparse lo de los vinos de alta gama recibidos a pie de mesa puesta en su domicilio y no en el despacho de la Xunta. Por lo que sea, que ya le contamos aquí.
¿Por qué intentaba ocultar Feijóo sus regalos indicando que enviaran los vinos a su casa y no al despacho? ¿Por qué no contó la verdad a Motos y a su amplia audiencia de El Hormiguero y prefirió sacar pecho por un falso gesto de honradez con la obligación a sus altos cargos de los regalos de 90 euros como mucho? ¿Por qué se empeña el candidato Feijóo en esconderlo y en mentir una y otra vez sobre su pasado en Galicia? ¿Tan poco fiable le resulta pese (o por) sus cuatro mayorías absolutas allí?
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