Opinión
Curso exprés de democracia para negacionistas
Por Ana Bernal Triviño
-Actualizado a
“Dictadura”, “España se rompe”, “golpe de Estado”, “totalitarismo”... Las declaraciones apocalípticas parecen contagiarse y es complicado mantener un debate con un punto de partida objetivo. Se llega a tal punto de degradación que, aunque da pudor a estas alturas, parece necesario un ejercicio de pedagogía básica. Y recordar algunas cuestiones que son de primero de democracia. Vayamos por conceptos definidos por la Real Academia de la Lengua, que no creo que pueda ser tildada de sospechosa.

Dictadura (RAE): “Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. Ejemplo: el franquismo.
No es el caso de nuestros últimos 48 años en España, pues nadie ha gobernado bajo la fuerza ni violencia, ni ha monopolizado el poder. Tampoco Pedro Sánchez ahora, pues el Poder Ejecutivo y sus propuestas de leyes no saldrán de la cámara sin los votos de la mayoría del Poder Legislativo, es decir, el resto de partidos. Y las leyes, además, se pueden llevar al Tribunal Constitucional. Además, como no es una dictadura los partidos pueden expresar en el Parlamento con libertad su opinión, para bien o para mal, de cualquier ley, como la de amnistía. Pero sería adecuado, por aquello de respetar los principios básicos del sistema, hacerlo con argumentos sobre el asunto y no con descalificaciones insustanciales o manipulaciones de cómo es nuestro sistema. Al menos para saber qué otras propuestas tendrían otros partidos políticos para resolver un conflicto político, más allá de los tribunales.
Golpe de Estado (RAE): “Actuación violenta y rápida, generalmente por fuerzas militares o rebeldes, por la que un grupo determinado intenta apoderarse de los resortes del gobierno de un Estado, desplazando a las autoridades existentes”. Desde el franquismo y tras el intento de golpe de Estado de Tejero en 1981, ningún presidente del Gobierno ha llegado por esta vía. Pedro Sánchez ha gobernado hasta ahora a través del sufragio, con la mayoría de la Cámara y con el resto de los grupos presentes. Y así está previsto que ocurra. Y todo esto es posible después de cumplir el artículo 99 de la Constitución donde el rey propone a un candidato a la presidencia del Gobierno. En este caso, después de que el primer candidato, Feijoó, no sumara mayoría en la investidura.
Autocracia (RAE): “Forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley”. Tampoco es lo ocurrido en los últimos 48 años en España, donde las leyes son aprobadas y refrendadas por la Cámara Baja y Alta, donde está representada la ciudadanía a través de los partidos políticos elegidos por el pueblo. Y, por otro lado, quien tiene la última palabra sobre las leyes no es el presidente del Gobierno (no será Sánchez), sino el Tribunal Constitucional.
Totalitarismo (RAE): “Doctrina y regímenes políticos, desarrollados durante el siglo XX, en los que el Estado concentra todos los poderes en un partido único y controla coactivamente las relaciones sociales bajo una sola ideología oficial”. Tampoco es nuestro caso. Todos los poderes no los tiene un único partido. El Gobierno siempre tiene el poder ejecutivo, el parlamento el legislativo y la justicia el poder judicial. Eso no ha cambiado en todos estos años. La división de poderes existe. Hay quien dice que los indultos o la amnistía rompe la división de poderes. Pero son medidas de gracia contempladas como excepciones ya aplicadas antes en nuestro país, otra cosa es que ahora se trabaje para anular estas figuras. Por otro lado, una amnistía (a diferencia del indulto) no sale solo adelante porque lo diga un Gobierno (Sánchez, en este caso), sino que lo avala la Cámara. Por esto debe salir aprobada con mayoría del parlamento. Y aún así, insisto, queda el Tribunal Constitucional. Así que tranquilidad.
Fraude electoral: Para esto nos vamos a la Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General. Y ahí se detallan delitos electorales como abuso de oficio o falsedad, por infracción de los trámites del voto por correo, por incumplimiento de las Mesas Electorales, delitos en materia de propaganda electoral… No hay fraude electoral si se incumple un programa. No hay fraude electoral si un partido dice una cosa y luego hace la contraria; o si declaró una intención en un medio de comunicación y hace lo contrario tiempo después. Así ha ocurrido con todos los presidentes del Gobierno y así hubiese ocurrido con Feijóo si hubiese sumado todos los votos de la cámara, pues en junio de 2023 declaraba que su objetivo no era pactar con Vox y finalmente lo hubiese hecho. Y eso no era fraude, es nuestro sistema.
Democracia (RAE): Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes. Eso es lo que en estos 48 años se ha producido en España hasta ahora.
En concreto, una monarquía parlamentaria donde la ciudadanía vota y ese voto debe ser respetado en la suma de las mayorías. Y las mayorías alcanzadas, si se respalda para la constitución de los parlamentos autonómicos o ayuntamientos, debe de ser también respetadas para el Gobierno de España, esté quien esté al frente. Porque lo que vale para uno, vale para todos. Y nunca los pactos entre partidos representativos de la soberanía popular son una traición, puesto que la política es eso, pactar. Y así lo hizo Adolfo Suárez, Felipe González, José María Aznar, José Luiz Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y, ahora, Pedro Sánchez. Cada uno con su capítulo de indultos y pactos para sumar y gobernar.
Es inquietante que casi 50 años de democracia después, y con el pasado de una guerra civil, representantes políticos se arriesguen a manipular la base en la que se regula nuestra convivencia. Representantes que alcen la voz para definir a nuestro sistema de dictadura o de golpe de Estado. Porque hay dos opciones: o es desconocimiento o es intencionalidad. Y ninguna de las dos, les deja en buena posición. Pero ahí lo sueltan. Por si de tanto repetir una mentira, hay quien la compra como verdad. Como está ocurriendo.
Y en esto no sé si da más miedo grupos nostálgicos ganadores de una guerra que se niegan a aceptar las reglas del juego, representantes políticos que niegan la propia institucionalidad y la democracia porque no reconocen perder o que, siendo conscientes del riesgo de usar estas palabras, sean capaces de decirlas por el poder o por enfrentar, en lugar de favorecer la convivencia. Si el punto de partida es negar que seguimos en una democracia es muy complicado avanzar.
Sólo nos queda pensar que se permiten jugar con fuego porque no respetan ni las instituciones ni la democracia ni la voz de la ciudadanía que votó hace muy poco. Estos días se habla mucho de mentiras. Poco ejemplo sobre verdad pueden dar cuando se empieza por no decirla en lo más básico. Porque si mienten en algo tan evidente como el sistema parlamentario de tu país, está la duda de en qué otros asuntos no serán capaces.
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