Opinión
Dos décadas de Putin al frente de Rusia: ¿cambio de rumbo o más de lo mismo?

Por Eszter Wirth
Profesora de Economía Internacional y Universidad Pontificia Comillas
En víspera del año nuevo de 1999 Vladimir Putin fue nombrado presidente interino de Rusia tras la dimisión de Boris Yeltsin. Pocos habrían pensado que este exagente de la KGB, por aquel entonces poco conocido, lograría mantenerse en el poder como presidente y primer ministro durante dos décadas con una popularidad casi intacta incluso en contextos económicos maltrechos.
En estos 20 años ha coincidido con cuatro presidentes estadounidenses, cinco primeros ministros británicos y cuatro presidentes de gobierno españoles. Pero el año 2019 deparó unas sorpresas ingratas para el presidente que pueden condicionar su futuro político. Ante dicho panorama, Putin está dispuesto a introducir cambios sustanciales en la Carta Magna rusa mediante un referéndum para mantenerse en el poder cuando su mandato legal acabe en 2024 para poder volver de nuevo como primer ministro o siendo jefe de un renovado Consejo de Estado, como en el modelo chino. En respuesta, el Gobierno encabezado por Dimitri Medvédev ha dimitido por sorpresa para facilitar que Putin tome todas las decisiones necesarias a fin de implementar su plan.
La bonanza rusa: 2000-2008
En 1991 Boris Yeltsin prometió una transición exitosa desde el socialismo hacia el capitalismo mediante reformas estructurales que acabaron en una caída del PIB, incremento de la desigualdad, hiperinflación, altas tasas de ciminalidad y el impago de la deuda soberana en 1998.
Tras la década perdida de los años 90, la promesa más importante de Putin fue proporcionar estabilidad económica y política para el país eslavo y transformarlo en un país puntero en tecnología.
Los últimos dos 'anni horribiles' de Putin
Sin embargo, las tasas de aprobación han estado bajando desde mediados de 2018, desde el 82% hasta 68% en diciembre de 2019. El crecimiento económico, positivo pero modesto durante los últimos tres años, ha sido incapaz de elevar los ingresos per cápita. Además, las sanciones occidentales tras la anexión de Crimea habrán costado un 6% del PIB ruso desde 2014, según Bloomberg Economics, debido a la falta de inversión y créditos extranjeros para las empresas rusas, la caída del comercio internacional y el fuerte coste militar del conflicto. El sentimiento nacionalista ya no ayuda tanto a la popularidad del jefe del Estado.
Planes de futuro
Pero el presidente ruso no está dispuesto a tirar la toalla todavía, pues su presidencia está asegurada hasta 2024.
Según la Constitución, no podrá presentarse a la reelección hasta 2030 al haber superado dos mandatos consecutivos. Pero Putin ha anunciado su deseo de introducir enmiendas a la Constitución para seguir al mando del país más allá de 2024 siendo jefe de un renovado Consejo de Estado (como el modelo empleado por Deng Xiaoping en China) o volviendo como primer ministro y confiar el título de presidente a algún aliado, como hizo entre 2008 y 2012 con Medvédev.
El siempre fiel Medvédev, cuya popularidad como primer ministro ha caído en picado en los últimos años, respondió inmediatamente a los planes de reforma constitucional de su jefe con la dimisión de su Gobierno. Pero será recompensado con el nuevo puesto de vicejefe del Consejo de Seguridad por su lealtad. Putin ya ha propuesto otro hombre de confianza para primer ministro, el responsable del Servicio Federal de Impuestos, Mikhail Mishustin, un tecnócrata de bajo perfil.
La reforma constitucional debilitaría el poder de los futuros jefes de estado y aumentaría el del Parlamento (Duma) y del primer ministro.
Putin tampoco descartó ser sucedido por una presidenta en alguna ocasión, por lo que muchos ya empezaron a especular sobre la idea de que el presidente tiene intenciones de entregar el cargo a una de sus hijas.
Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation
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