Opinión

La formación de gobierno: ¿gobernabilidad o democracia?

Por Javier Franzé

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Avalando el presupuesto que el PP ha consagrado acerca de que es el partido el que ha ganado las elecciones y por tanto el que debe gobernar. Si estuviéramos en un sistema presidencialista ―el mismo que este discurso liberal y moderno rechaza por caudillista, propio de pueblos adolescentes necesitados de líderes― esto sería, además de cierto,  democrático. Pero como todo el mundo sabe, no es así en el parlamentarismo, donde ganar las elecciones no asegura la formación de gobierno, proceso que depende de la mayoría parlamentaria (absoluta o simple, en solitario o en coalición).

Un segundo modo de despolitización es la reducción de la democracia a mero sistema procedimental de selección de élites. Es lo que expresan las seis condiciones que Ciudadanos pone al PP para apoyarle en la formación de gobierno. Éstas muestran, en definitiva, la primacía que para este discurso dominante tiene el gobierno sobre la democracia, esto es, el orden dado por encima de la voluntad popular. Se diría que precisamente hay un intento de sofocar lo democrático a través del gobierno: de mitigar lo cambiante y abierto a un futuro con lo coagulado y sujetado al pasado.

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Finalmente, el tratamiento de la corrupción es el tema clave de la despolitización operante. Primero, porque es presentada como causa y no como consecuencia de la desigualdad. Ni la mengua del presupuesto educativo, sanitario, científico, de infraestructuras, ni el trabajo de baja calidad, ni el infradesarrollo del Estado de Bienestar se deben directamente a la corrupción. Los recortes no equivalen a un dinero que los políticos se habrían robado. Por el contrario, la corrupción es el síntoma de un proceso legal y legitimado en las urnas de desvalorización de lo público, de lo democrático, de lo popular, frente a lo privado, la gobernabilidad y lo elitista.

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