Opinión
El mercado del alquiler: precariedad e inseguridad vital

Vivimos un momento excepcionalmente grave en materia de vivienda, que requiere decisiones valientes y medidas efectivas inmediatas. Así lo expresa la sociedad. Lo hemos visto este fin de semana en ciudades como Barcelona. Es cada vez más recurrente en cualquier círculo de amigos o familiares escuchar hablar sobre la problemática del alquiler o la dificultad para acceder a una vivienda en propiedad. A nadie se le escapa, salvo a los miembros del Gobierno español que han optado por hacer oídos sordos, que la situación actual es fruto de décadas de políticas fallidas que han hecho de la vivienda un producto de inversión especulativa en lugar de un derecho fundamental. Y hemos llegado a una situación insostenible. Miles de familias y jóvenes están atrapados en un círculo de precariedad, de inseguridad y de exclusión social difícilmente sostenible. La crisis de la vivienda ya no solo afecta a los sectores más vulnerables, sino que es un problema estructural que expulsa a vecinos y vecinas de sus barrios, vaciando de vida y cotidianidad nuestras ciudades y pueblos para priorizar el negocio de los pisos turísticos.
Y es evidente que se puede hacer más de lo que se está haciendo. Y Catalunya es ejemplo siendo pionera en su respuesta ante la crisis de la vivienda. La regulación de los precios de alquiler impulsada por Esquerra Republicana ha empezado a demostrar su eficacia allá donde se ha aplicado: los precios han empezado a bajar, y ahora falta que lo hagan mucho más y en todas partes para que el conjunto la ciudadanía del país lo empiece a percibir. Lo decimos sin triunfalismo, porque la realidad está muy lejos de lo que querríamos o de lo que aún necesita la ciudadanía, pero es lo que nos han dejado hacer. Ante cada propuesta en materia de vivienda que impulsaba la Generalitat republicana había una respuesta del Gobierno a través del Tribunal Constitucional para frenarla. Pero se nos dijo, y todavía se nos dice, que regulando los precios de los alquileres pasarán cosas terribles, se acabará el mundo, y no ha sido así. No hacer nada es alimentar todavía más a los especuladores.
Queda mucho por hacer para garantizar el derecho a una vivienda digna para la mayoría, y no solo para las élites de siempre. Preocupa profundamente la carencia de acción de la ministra de vivienda para impulsar una regulación efectiva de los alquileres de temporada y de habitaciones, que se ha convertido en una vía fácil para los especuladores que se escapan del tope a los precios de los alquileres. Las calles y las fuerzas progresistas exigimos una regulación rigurosa, clara y urgente para poner freno a esta práctica abusiva. La Generalitat republicana reguló esta situación, pero los votos de la derecha y del PSC tumbaron ese avance. Este debate también se trasladó al Congreso de los Diputados, donde Esquerra Republicana, juntamente con otros grupos de izquierdas y soberanistas, presentaron una Proposición de Ley que se tomó en consideración pero se encuentra paralizada por decisión de la Mesa con mayoría de PSOE y SUMAR. Resulta inaplazable regular estas situaciones para acabar con la especulación y anteponer la protección del derecho a una vivienda digna por encima de los beneficios económicos de unos pocos.
Y ante esta falta de voluntad política por parte de Sánchez y su gobierno para dar respuestas a la ciudadanía, desde Esquerra Republicana reclamamos también poder garantizar plenamente la capacidad de Catalunya para legislar en materia de vivienda de acuerdo con nuestro derecho civil propio. Los consensos sociales existentes en Catalunya, y que pasan por el avance en conquistas sociales y por la protección de la vivienda como derecho, tienen que poder convertirse en ley.
Esta legislatura tiene que ser la de la vivienda, no solo es un llamamiento a la acción, es una exigencia ética y moral. Tenemos que garantizar que la vivienda deje de ser un negocio especulativo y recupere su sentido original como derecho humano esencial. Valentía para encontrar soluciones y compromisos claros para que nadie más tenga que sufrir para tener un lugar justo donde vivir. Este 5 de abril, las calles se llenaron de voces exigiendo al gobierno un cambio real en la política de alquileres, porque el derecho a una vivienda digna no puede esperar.
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