Opinión
Contra el "voto útil" y la "nariz tapada"

Periodista y escritora
Queremos vivir en un país donde nadie sufra para pagar las necesidades básicas. Este podría y debería ser un enunciado esencial. Utilizo el verbo sufrir en cuanto a "sentir un daño" físico, psicológico o de cualquier tipo. Ya sufrimos por demasiadas cosas, como para que los gobiernos de distintas alturas nos pongan difícil el agua caliente o el pescado fresco. No se trata de un imposible. Es perfectamente posible, sólo que no se plantea. Se trata de la política: las decisiones que los gobiernos toman a la hora de recaudar impuestos y repartir dicha riqueza, dónde invierten, qué usuras permiten, cuáles son sus prioridades, etc. Esta sociedad es lo suficientemente rica como para que nadie sufra por el techo, el agua y el gas, la electricidad, el teléfono y una buena alimentación, suficiente y saludable. Pedimos tan poco ya que da vergüenza.
Ahora vienen e intentan convencernos de que tenemos que enfrentar las campañas electorales como lo hacen los partidos políticos. Es decir, no mirando hacia nuestras necesidades sino poniendo en el centro su idea de "éxito", incluso de "victoria" a la hora de elegir el voto. Lo llaman "voto útil" y lo único que consigue es matar la esperanza y los sueños de mucha gente. Si nos atreviéramos a soñar, no estaríamos "votando con la nariz tapada", como ahora repiten aquí y allá.
Alguien me ha mandado un mapa de España donde indica a qué partido debo votar en cada localidad si quiero que gane "la izquierda". Imagino que por la derecha estarán haciendo lo mismo. Son sus cuentas, y no son buenas. No para nosotras y nosotros. Por esa regla de tres seguiríamos instaladas en el bipartidismo clásico, con el aderezo de algunos partidos nacionalistas. Por esa regla de tres, no habría sorpresas electorales. Pienso en aquel Podemos que dio la campanada, pero también en Jorge Pueyo, de la CHA o en Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía. Por esa regla de tres, votaríamos con la calculadora en la mano en lugar de con el pequeño cofre de nuestras necesidades y nuestras esperanzas.
Todo esto encierra una trampa que mata la ilusión, la condiciona y la recorta. Somete las expectativas y, por lo tanto, encorseta nuestras necesidades.
Queremos un sueldo suficiente para pagar el alquiler, todos los suministros, un carro de la compra variado y saludable, la mejor educación pública y gratuita para nuestras criaturas y poder pagarnos el dentista que sólo atiende en la privada. Ese sueldo que queremos para cubrir todo lo anterior está muy, pero muy por encima, por supuesto, del salario mínimo, e incluso del salario medio en el Estado español. Queremos eso, y lo queremos garantizado para toda la población. Conste que ni siquiera me he permitido una mención al ocio.
Personalmente, no quiero votar al partido político que vaya a "ganar" lo que sea (o a perder menos), sino a aquel que más se acerque a lo que creo que es una sociedad justa, igualitaria, feminista, culta y decente. Todo lo demás me huele a basura.
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