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El Congreso se aburre en el debate de los últimos Presupuestos de Rajoy

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Ha sido un debate sin alma y sin el más mínimo interés político, ese que hace que el hemiciclo enmudezca y se oiga cualquier suspiro pronunciado en cualquier escaño. Hasta el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se aburrió soberanamente con Montoro en la tribuna, uno de sus ministros más amados y fiables, encargado de proclamar las virtudes de su último proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE), los de 2015, un año eminentemente electoral.

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El resto de la bancada azul, la del Ejecutivo, también hizo lo propio, es decir aburrirse con el discurso del ministro de Hacienda y de las Administraciones Públicas. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría utilizó su tableta mini buena parte de los 59 minutos de intervención. Y De Guindos, la otra pata económica del Gobierno, empleó su teléfono hasta agotar la batería. Y así todos, menos Margallo y Soria, ausentes de la sesión.

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El resto del hemiciclo aguantó el chaparrón de Montoro como buenamente pudo. En favor del ponente hay que decir que no abrumó a la audiencia de cifras y porcentajes. Pero, fiel a la idiosincrasia del Gobierno de Rajoy, dedicó más de 20 minutos a hablar de los tiempos pasados, esto es de la herencia recibida. En algún momento hizo un paralelismo con la situación que se encontró otro Gobierno del PP "del que yo ya formé parte" en 1996, pero no citó a Rato, que en aquel Ejecutivo fue su primer jefe.

No fue una buena idea porque Pedro Sánchez, si acaso no lo llevaba preparado, le endosó la andanada más dura de la sesión: "Señor Montoro, Rato fue su mentor y Rodríguez Ponga su colaborador; ambos manchados con el escándalo de las tarjetas opacas de Caja Madrid". Eso fue en la réplica del líder de la oposición. Montoro, en su contrarréplica, ironizó sobre "el nivel que alcanza el debate: Rato, Bárcenas ...".

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Sin embargo, poco más adelante, le recordó a Sánchez haber formado parte de la asamblea general de la caja madrileña. Una demostración, un tanto primaria, de que el golpe anterior del socialista le había afectado. A Rajoy, según el rictus, tampoco le había hecho gracia la cita a los dos protagonistas de hechos incómodos actualmente para el PP.

El líder socialista se estrenaba en este debate de presupuestos. A priori no debía tener dificultades dada su formación, como él mismo se encarga de recordar, como doctor en economía. Pero por si acaso mientras subía hacia la tribuna de oradores su bancada se arrancó con un intenso aplauso, en frecuencia de las palmas y en sonoridad. Fue una tendencia que acompañó toda su intervención: hasta 19 veces le aplaudieron los suyos, aparte de la inicial y la final.

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Sánchez realizó un discurso efectista, lejos de teorías y queriendo emplear metáforas más o menos afortunadas. "¡Basta ya de mentiras!", fue prácticamente su primera frase. "Con una mano recorta y con otra aprueba amnistías fiscales", "Ustedes lo aguantan todo, pero los españoles ya no aguantan más". Y varias más. Hay que decir que el hemiciclo escuchó sus palabras con más atención que la que despertó el ministro a mediodía.

Durante su intervención la bancada conservadora protagonizó un momento verdaderamente vergonzoso cuando el socialista citó la pobreza infantil como uno de los retos que se deben asumir para eliminar esa lacra social. "¡Uuuuhhh!", se escucho en el hemiciclo cuando Sánchez pronunció las palabras "pobreza infantil". Una reacción nada edificante para la bancada conservadora ni para la Cámara que fue afeada por el portavoz adjunto de La Izquierda Plural, Joan Coscubiela.

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El enfrentamiento entre el "aspirante" Sánchez y el ministro Montoro acabó de forma complaciente para el líder socialista y sus correligionarios estaban contentos. Su intervención hizo que la vicepresidenta pidiera a sus servicios algún tipo de documentación. Pocos minutos después un ujier le hacía entrega de un voluminoso sobre del que sacó un bloque de papeles que, tras leer detenidamente, pasó en parte al ministro. La satisfacción en el PP no fue tanta como en la otra bancada ya que hasta el portavoz, Alfonso Alonso, tuvo que salir al patio a hacer corrillos con la prensa, lo cual siempre es mala señal.

Y como suele ser habitual en estos debates de cierta envergadura, cuando finaliza el bloque Gobierno-principal grupo de la oposición el hemiciclo se diluye como un azucarillo en agua. Siempre es el portavoz de CiU quien sufre esta ruidosa situación, en esta ocasión Pere Macias. El portavoz Duran i Lleida, presente en el debate, optó por no intervenir de acuerdo con el perfil bajo que adopta en pleno conflicto con Catalunya.

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En esta parte del debate no apareció el proceso soberanista y el cruce de argumentos entre Macias y Montoro fue sobre lo que debería corresponder y no le corresponde a Catalunya, de una parte, y las bondades para el crecimiento de la economía catalana que promueven estos PGSE, sostenía el ministro. No hubo una palabra más alta que otra y de hecho pudiera considerarse que, si por el tono fuera, eran partes que colaboran continuiamente. De cualquier forma, Pere Macias se aplicó para sostener que las cuentas públicas no sirven para salir de la crisis. De ese caballo no se bajó.

Con el turno del grupo La Izquierda Plural el tono, evidentemente, cambió. Subió el tono y las andanadas que los tres portavoces del grupo de izquierda lanzaron a Montoro. Alberto Garzón, de IU, fue quien fue más directamente a la línea de flotación. "Estos presupuestos no representan a la mayoría social", espetó. Montoro, más tarde, le contestó: "Nos votaron casi 11 millones de personas, ¿les parecen pocas?". Y así sucesivamente.

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La verdad es que ni el uno ni el otro emplearon papales para desarrollar sus discursos, algo que en términos parlamentarios es muy de agradecer. Joan Coscubiela, de ICV, tampoco lee papeles aunque siempre maneja muchos, como profesor universitario que es. "Usted se ha burlado de la gente", ha sentenciado en su breve intervención.

Poco importaba porque avanzado el debate la población del hemiciclo había descendido espectacularmente: apenas unas pocas decenas de parlamentarios en sus escaños o pululando de aquí a allá. Un escenario que asemejaba a un páramo cuando le llegó el turno a Rosa Díez, la portavoz de UPyD, que mantuvo su tono cañero, independientemente del tema que se trate. Sostuvo que eran unos presupuestos "inútiles y electorales", entre otras lindezas.

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A esa hora Mariano Rajoy y el resto de los miembros del Gobierno ya habían abandonado la cámara. El corte en el debate, que continuará en la mañana del jueves, era el grupo del PNV. La razón es muy sencilla: a las 20.45 horas el Athletic jugaba su partido en la Champions League y el presidente Jesús Posada, según sus propias confesiones, no quiere fastidiar a los seguidores de los leones de San Mamés, aunque él profese un acentuado madridismo.

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