Sumar, un grupo parlamentario tensionado y con un incierto futuro
El conflicto con Compromís es el último desafío de un grupo que ha tenido que lidiar con la búsqueda de unidad de acción de un complejo puzle de partidos.
La mayor parte de las formaciones del grupo destacan que su funcionamiento ha mejorado en los últimos tiempos y que su voluntad es la de seguir trabajando por cuidarlo.

Madrid-
El Grupo Parlamentario Plurinacional de Sumar en el Congreso de los Diputados es un ejemplo del éxito y del fracaso en la búsqueda de unidad de acción y convivencia de diversas formaciones políticas que comparten, a priori, un horizonte común. El fracaso deviene de todas las tensiones y conflictos que se han producido desde su conformación; el éxito, de que el grupo haya funcionado hasta el momento actual y de que, según varias fuentes consultadas, haya mejorado en su acción y coordinación en los últimos tiempos.
Las amenazas para la convivencia del grupo son casi consustanciales a su existencia. Por un lado, esta alianza parlamentaria está conformada por numerosos partidos con diferentes intereses y vertebrados en torno a distintos ejes (muchos de ellos son territoriales y aspiran a lograr un rédito aplicable en un lugar muy concreto y con su propia realidad, como Madrid, Balears, País Valencià, Catalunya o Aragón).
Por otro, el grupo es el eje vertebrador de un espacio en constante reconstrucción que ha vivido entre tensiones en los últimos años; es decir, en muchas ocasiones las dificultades y tensiones que ha experimentado el grupo del Congreso no han sido otra cosa que réplicas del terremoto que hace temblar al espacio político.
El grupo parlamentario se conformó al inicio de la legislatura, después de unas elecciones generales en las que, pese a que las izquierdas lograron revalidar el Gobierno de coalición (frente a un claro avance de las derechas y a un retroceso de las opciones progresistas), lo hicieron a costa de un conflicto entre Podemos y Yolanda Díaz que había empezado mucho antes del proceso electoral.
Podemos y Sumar se habían aliado en un matrimonio de conveniencia electoral que, aunque tenía fecha de caducidad, no hizo la ruptura menos amarga. El primer gran desafío del grupo fue, precisamente, la salida de los cinco diputados de la formación morada hacia el Grupo Mixto, lo cual no era otra cosa que el último paso de una desconexión de este espacio por parte de los de Ione Belarra que había empezado mucho antes.
La ruptura con Podemos y la falta de "horizontalidad"
Es cierto que a la hora de designar a la dirección del grupo y sus portavocías (el reparto de los recursos, del poder y de la visibilidad en la Cámara Baja), otros grupos, aparte de Podemos, se sintieron damnificados y denunciaron que no se les estaba otorgando el sitio que, a su juicio, les correspondía en base a su peso político.
La marcha de Podemos fue traumática, y aunque el grupo siguió adelante y funcionó, no lo hizo exento de tensiones. En varias ocasiones se denunció que la dirección de esta alianza parlamentaria tomaba decisiones al compás de lo marcado por Yolanda Díaz, que era la líder del espacio político, y algunos partidos denunciaron un déficit democrático y de horizontalidad en el funcionamiento del grupo.
El segundo gran golpe en la cohesión de este espacio en el Parlamento llegó con la dimisión de Íñigo Errejón, entonces portavoz del grupo, tras ser acusado de agredir sexualmente a varias mujeres. El escándalo llegó, además, después de un ciclo electoral (con comicios en Galicia, Euskadi y el Parlamento Europeo) del que el espacio y, sobre todo, Yolanda Díaz, salieron muy cuestionados por los malos resultados obtenidos.
Desde formaciones como IU apuntaron entonces que si la vicepresidenta había dimitido de sus cargos orgánicos por estos resultados, no era muy coherente que la dirección del grupo respondiera al modelo de "hiperliderazgo" de Sumar y de Díaz que, a su juicio, había regido hasta el momento, y se pidió una "profunda reorganización" que finalmente no tuvo lugar, aunque sí se produjeron algunos cambios en la dirección.
El último conflicto que amenaza a la cohesión de la alianza parlamentaria es el de Compromís. Més y Verds Equo, dos de los tres partidos de la coalición valencianista, son partidarios de abandonar el grupo de Sumar después de que la dirección haya tomado la decisión de no citar a Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno, a la comisión de investigación parlamentaria de la DANA.
Compromís decidirá la próxima semana si continúa formando parte del grupo de Sumar en el Congreso o lo abandona
La próxima semana, los tres partidos de la coalición (Més, Iniciativa y Verds Equo) se reunirán para tratar de alcanzar un consenso, y la ruptura con el grupo es una posibilidad cierta.
En cualquier caso, voces de esta alianza parlamentaria destacan que "también se han hecho y se hacen muchas cosas bien", y ponen en valor que, pese a las tensiones y rupturas, "el grupo ha trabajado conjuntamente, afinado y presentando iniciativas muy interesantes y necesarias, como la regulación de los alquileres de temporada".
Desde algunos partidos territoriales se admite que "hace un tiempo" su convivencia en el seno del grupo "fue difícil", y algunas revelan que se llegaron a plantear abandonar esta alianza. No siempre por la manera de liderar de la dirección del grupo o por una ausencia de horizontalidad en la toma decisiones, sino también porque llegaron a considerar que no estaban logrando sacar en sus territorios rédito político al hecho de pertenecer al espacio político y al grupo de Sumar en el Congreso.
Sin embargo, estas mismas fuentes precisan que en este momento se encuentran satisfechas con la convivencia en el seno de esta alianza parlamentaria, una mejoría que achacan, en parte, a la portavoz del grupo, Verónica Martínez Barbero, a la que califican de persona "atenta y trabajadora" que "se preocupa mucho por el respeto a todas las sensibilidades y situaciones de los diferentes partidos y dirigentes".
La reorganización de la izquierda, clave para el grupo
El futuro del Grupo Parlamentario Plurinacional es una incógnita y, sin duda, no estará exento de tensiones. En este momento el grupo es el eje vertebrador de un espacio que, aunque dispone de una mesa de partidos que se reúne con cierta periodicidad, no ha desarrollado formalmente órganos de colaboración y deliberación para buscar una unidad de acción en el día a día.
Además, con la cercanía del próximo ciclo electoral (que tiene en el horizonte territorios como Andalucía o Castilla y León) el espacio de la izquierda alternativa se enfrenta a un proceso de reconstrucción que tensionará a todas las formaciones, con un Podemos que parece haber elegido una hoja de ruta clara que, al menos en este momento, parece incompatible con Sumar.
Y con un Sumar que parece haber llegado a su fin como coalición de partidos (al menos en la forma en la que se constituyó de cara al 23J), y cuyas organizaciones deberán tomar importantes decisiones en en el próximo año si quieren llegar preparadas a las diferentes citas con las urnas. Con la etapa del hiperliderazgo de Díaz y de su proyecto cerrada, la definición de este espacio será una clave fundamental para la izquierda, y el grupo parlamentario, de nuevo, no quedará exento de las réplicas del terremoto.

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