Ya no se dice 'Felices fiestas': Feijóo y Ayuso se alinean con la narrativa ultra que ve amenazado el cristianismo
El PP emula durante el último tramo de 2025 la estrategia de Trump y Meloni de autoproclamarse protectores de la tradición cristiana: el "Feliz Navidad" se impone al "Felices fiestas".
Los líderes ultras construyen un discurso ficticio que parte de la base de que los valores cristianos están amenazados en Occidente ante el avance de religiones como el islam.

Madrid--Actualizado a
"No hay que pedir perdón por ser católico. No os digo felices fiestas, os digo Feliz Navidad". Con esas palabras clausuraba hace unas semanas la cena navideña del Partido Popular su presidente, Alberto Núñez Feijóo. Lejos de ser una idea propia o genuina, el líder del PP se sumaba así a una batalla más de la guerra cultural que la ultraderecha internacional ha puesto encima de la mesa durante estas Navidades una vez más.
La Navidad está en peligro; en definitiva, lo está el cristianismo. Así lo auguran las voces predominantes de los movimientos populistas de la derecha, que se autoproclaman defensores de la religión cristiana y sus tradiciones en lo que en realidad es un acto reflejo contra la migración, el mundo islámico y los extranjeros que profesan otras creencias. La extrema derecha sostiene desde hace años que el modelo de vida occidental está amenazado y no ha perdido oportunidad para trasladar su mensaje durante estas fechas.
El electorado católico está en disputa y por eso Feijóo se ha sumado a esta internacional cristiana que lideran Donald Trump y Georgia Meloni. Si Feijóo alimenta la idea de que "hay que pedir perdón por ser católico" es porque ha optado por copiar la estrategia de otros líderes. El presidente de EEUU ya prometió durante la campaña "traer de vuelta el cristianismo" y durante la semana de Navidad medios como The New York Times se hicieron eco del marcado carácter religioso de los mensajes emitidos por la Casa Blanca durante las fiestas. Hace ya siete años, durante su primer mandato, Trump reivindicó el uso de la expresión "Feliz Navidad" en lugar del "Felices fiestas", más propenso a usarse en ambientes laborales y corporativos con fines inclusivos.
En esa construcción de un enemigo, aunque sea imaginario, ha jugado un papel importante Meloni. La mandataria y líder de Fratelli d´Italia aparecía hace unos días en un vídeo en defensa del cristianismo junto a un belén navideño. La italiana aseguraba que las ideas que abundan en estas fechas "son valores que merecen ser defendidos y no dejados de lado por moda o por temor". Además, Meloni apuntó contra quienes están en contra del belén: "Cómo puede ofenderte un niño nacido en un pesebre", sostenía. Incluso el laborista Keir Starmer, primer ministro de Reino Unido, apuntaba a "celebrar el nacimiento de Jesucristo" y "los valores cristianos".
La batalla entre Vox y PP
Como cada batalla cultural que se despliega en la derecha, España ha visto cómo PP y Vox han peleado por atribuirse las esencias del cristianismo. Si Santiago Abascal decidía subir un vídeo a redes junto a su belén navideño con las figuras de la Virgen María, san José y el niño Jesús en primer plano, Feijóo y Ayuso elegían un concierto organizado por la Comunidad de Madrid en plena Puerta del Sol. Las dos grandes cabezas del Partido Popular se pusieron en primera fila del concierto de Hakuna, un grupo de música que propaga la fe cristiana.
Y en busca de esos enemigos, Feijóo y el PP encontraron, como suelen hacer, a Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno publicó un vídeo oficial a través de sus redes en el que decía "Felices fiestas", lo que provocó un alarido entre las filas populares. La cuenta oficial de la formación respondía contundente: "Feliz Navidad. Se dice FELIZ NAVIDAD. No cuesta tanto decirlo", decía a través de la red social X.
La competición entre PP y Vox se percibe ya en todos los ámbitos del discurso público y la Navidad ha sido el último capítulo de 2025, marcado en su último tramo por unas elecciones de Extremadura que confirmaron el auge en España de la extrema derecha, que en un bastión históricamente socialista logró el 17% de los votos. El PP ya mira hacia un futuro conjunto con Vox y no esconde que serán aliados si no hay mayorías que permitan gobiernos en solitario.
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