Los distintos escenarios que contemplaron los golpistas de cara al 23-F: "La acción sería imparable"
Los golpistas también incluían en sus bocetos tácticas de asalto para tomar el control del país, situando como "objetivos fundamentales" el Palacio de la Zarzuela, las Cortes Generales, TVE y RNE.

Madrid--Actualizado a
La documentación desclasificada este miércoles sobre el intento de golpe de Estado del 23-F incluye los bocetos previos a la ofensiva militar, una serie de manuscritos en los que se detallan los pros y los contras de los distintos escenarios que contemplaban los autores de la sublevación. La "panorámica de operaciones en marcha", con fecha de noviembre de 1980, preveía tres formas de hacerse con el poder y materializar la intentona golpista: "operaciones civiles", "operaciones militares" y "operaciones mixtas cívico-militares", tal y como consta en uno de los documentos. La vía militar parecía entonces -tres meses antes del 23-F- la más efectiva: "Si la situación se desarrolla según los pronósticos y la organización y preparación son parejas, la acción sería imparable".
El manuscrito también incluye varias referencias al entonces monarca, Juan Carlos I. Los perpetradores del golpe fallido incluyen en el documento una batería de "consignas" para los "militares españoles" sobre "lo que se debe hacer después del 23-F". El "primer fallo" que veían los golpistas es "dejar al borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero", toda vez que consideraban que "el rey" seguiría "adelante en su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas, no pudiendo ser considerado" en ese caso "un símbolo a respetar". Juan Carlos I era en este escrito un "objetivo a batir y anular". Estas líneas concuerdan con el relato oficial que se vendió tras el 23-F.
Los golpistas también incluían en sus bocetos tácticas de asalto para tomar el control del país, situando como "objetivos fundamentales" para la ocupación el Palacio de la Zarzuela, las Cortes Generales, TVE, RNE y ministerios como el de Interior, Asuntos Exteriores o Presidencia. Los trabajadores "de TVE y radio" venían de hecho definidos como "peligrosos de confianza". La documentación hace además referencia en varias ocasiones al exministro franquista y entonces líder de Alianza Popular, Manuel Fraga. El escenario en el que se da forma a la "ofensiva militar" es el más halagüeño. Fraga, mencionado como "un político", tendría que "convocar a varios generales para un encuentro en la costa levantina". El popular sería el sucesor de Adolfo Suárez en la Moncloa. Estos son los detalles de cada una de las tres estrategias para llevar a cabo el golpe de Estado fallido del 23-F.
La vía civil, posibilidades "muy escasas"
Los golpistas estudiaron la posibilidad de llevar a cabo "operaciones civiles" para perseguir sus objetivos, tanto de la mano de los democristianos como con el visto bueno de los socialistas o los liberales, pero descartaron todas las opciones por su escasa viabilidad. Martín Villa sería el "promotor" para llegar a los sectores de "ideología mixta", vendiendo un "gobierno mixto" del PSOE y Alianza Popular, con la presidencia en manos de Manuel Fraga. El exministro franquista perdería popularidad con el "plan antiterrorista" y sería Martín Villa quien lo relevaría "con vistas a 1983". La "viabilidad" del plan sería no obstante "muy escasa", de ahí que se descartara.
Los sectores de "ideología democristiana" tampoco eran la mejor opción para los artífices del intento de golpe de Estado, precisamente porque "no contaban con Fraga". Las filas de la "ideología socialista" no tenían demasiadas opciones de alcanzar los objetivos de los sublevados. Las expectativas aumentaban en caso de utilizar un "complemento militar", entregando luego la presidencia del Gobierno a "un general de talante liberal" como Gutiérrez Mellado, [José Antonio] Sáenz de Santamaría o [Manuel] Díez Alegría. La "viabilidad" sería mayor todavía de contar con el "apoyo de la Corona", pero a la vista está que la estrategia no logró convencer a los golpistas. La operación civil de la mano de los sectores de "ideología liberal" tenía el "inconveniente" de que no contaban con "fuerza parlamentaria propia".
El ámbito militar, más esperanzador
La planificación del golpe fallido acabó centrándose en distintas operaciones militares, que se diferenciaron por la graduación de sus promotores. Los tenientes generales necesitaban la "intervención" de "un general o varios en la B de gran historial y capacidad de arrastre" para llevar a cabo la operación. El intento no era del todo viable porque "la intervención se materializaría de forma institucional, mediante" un "pronunciamiento" que forzaría la "instantánea" dimisión de Adolfo Suárez, todo ello contando con que "hubiera unanimidad militar". El monarca actuaría "constitucionalmente" y Fraga intentaría "ser el líder civil", según los planes de los golpistas. Este escenario tampoco era el más favorable.
Los coroneles aspiraban por su parte a un modelo de "república presidencialista", pero "sin prisas", con vistas a uno o dos años. Las fuerzas armadas no perdían el tiempo en "conspiraciones de café", sino que lo empleaban en "efectuar contactos, estructurar la operación y resolver incidencias que se presentarían en el momento de tener el poder". Fraga estaría también "en relación con este grupo conspirador", según "rumores" que recogen los redactores del plan.
La acción sería "imbatible" de desarrollarse "según los pronósticos" y la organización estipulada. La "incidencia inmediata", matizan los golpistas, no sería plena sin contar con "cualquier intento militar de implementación más inmediata". Los llamados "espontáneos" por su parte confiaban en un "golpe de mano" ejecutado por unidades pequeñas y de élite para neutralizar al monarca y al Gobierno. Los golpistas no ocultaban sus "serios temores" de que su plan pudiera ejecutarse con éxito. El último escenario que se contempló fue el de una "operación mixta" entre civiles y militares que consistía en entregar la presidencia al general Alfonso Armada.
La ‘Operación Halcón’ y la detención de políticos
Los planes de los golpistas incluían también tácticas de asalto para tomar el control de España, como la Operación Halcón. Este esquema tenía como objetivo principal el "estrangulamiento" de los centros de decisión del Estado. Y la idea era que arrancara en la madrugada del 23-F con la "neutralización" de las comunicaciones -teléfono y radio- y la ocupación de puntos estratégicos como el Palacio de la Zarzuela, las Cortes Generales, Correos, TVE, RNE o la Dirección General de la Guardia Civil. Las patrullas tendrían que situarse también en los centros neurálgicos y principales puntos de acceso de la capital, como la M-30, Atocha, Arturo Soria, Marqués de Urquijo y Plaza Castilla. Esta operación también recoge una lista detallada de líderes a detener, como el presidente del Gobierno y Felipe González, Santiago Carrillo, Manuel Fraga o Gutiérrez Mellado.
El plan no era otro que "prohibir la circulación hacia Madrid desde los poblados cercanos" y cortar todas las vías en "dos sentidos o en más si los hubiera", aislando la capital, incluidas las estaciones de tren (Chamartín, Norte y Atocha) y el Aeropuerto de Barajas. La "fecha tope" para llevar a cabo esta operación era "la de las elecciones legislativas" de 1982, previstas entonces para el 28-O. "Lo ideal sería la explotación de una acción violenta que se produjera del 20 al 28 de octubre", coincidiendo con la campaña electoral, reza otro de sus manuscritos. La intentona golpista se precipitó y tuvo lugar finalmente el ya famoso 23-F.

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