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La escritora y premio Nobel Svetlana Alexiévich: "La idea comunista volverá a nuestras vidas"

La periodista y escritora ha explicado durante una de rueda en Barcelona que la "versión socialista rusa era mala, pero no tiene nada que ver con la propia idea". Ha elogiado a Putin en su papel de redentor hacia los rusos "humillados y engañados".

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La escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, durante su participación hoy en Barcelona en el festival literario Kosmópolis.-. EFE/Quique García

BARCELONA.- La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015 y documentalista del fracaso de la utopía soviética, ha augurado este viernes en rueda de prensa en Barcelona: "La idea comunista volverá a nuestras vidas".

"No podemos decir que el socialismo sea una idea mala. La versión rusa era mala, pero no tiene nada que ver con la propia idea", ha argumentado, y cree que la sociedad rusa quizá estará preparada dentro de cien años para acoger un socialismo con rostro humano.


"Ahora, ni como sociedad ni como entidad económica tenemos posibilidades de que todo el mundo viva feliz", y ha explicado que su obra sobre la utopía roja le sirvió para ver cómo el socialismo afectaba a la vida cotidiana de la gente.

Alexiévich --que el sábado acudirá en Barcelona al evento 'Literal' de Fabra i Coats, y el miércoles al Kosmopolis del CCCB-- ha admitido: "Yo soy de la generación que negaba el comunismo; no por la idea, que es bonita, sino por su realización".

"Me recuerda que en los 90 reinaba un romanticismo: 'Se irán los comunistas y vendrá la libertad. Nos sentíamos héroes por luchar contra el monstruo del comunismo, y ahora tenemos que vivir con las ratas que salieron de nuestras vidas, nuestra naturaleza y nuestra propia alma", ha dicho.

Putin concentra en su figura las ilusiones de la gente humillada

Sobre el dirigente Vladimir Putin, ha observado que "en cada ruso hay un trozo de Putin", porque éste ha concentrado en su figura todas las ilusiones de la gente humillada y engañada, que aúpan a su líder para conseguir un país grande y fuerte.

Tras cargar contra los dirigentes rusos, ha constatado que el país siempre necesita una idea "mesiánica" para estimular a su población, y ha lamentado que actualmente el Estado se ha hecho cómplice de la Iglesia ortodoxa para apelar a los instintos más básicos de la gente, y también para justificar la guerra entre pueblos hermanos como Ucrania.

Ha anunciado que actualmente se encuentra inmersa en la escritura de un libro sobre el amor como "culminación y sentido de todo", convencida de que tanto el amor como la muerte son las cosas más importantes para una persona.

La autora de 'El fin del homo sovietiucus', 'La Guerra no tiene rostro de mujer', 'La fin del hombre rojo' y 'Voces de Chernóbil' ha destacado el vínculo de Rusia con España, y se ha definido como periodista por encima de escritora.

Especial interés por expresar la voz de las mujeres

Ha atribuido su interés por expresar la voz de las mujeres al hecho de que ellas se refieren a la guerra "siempre como un asesinato", mientras que los hombres tratan de buscar una justificación.

En esta línea, ha contado que en su libro sobre el amor se enfrenta al reto de sonsacar sin prejuicios las explicaciones del alma masculina, a la que ha admitido que le cuesta mucho acceder por no hacer las preguntas adecuadas.

Para escuchar las historias de la gente a la que entrevista, ha confesado que nunca llega con una lista de preguntas formales que hacer, tampoco se presenta como Nobel, y empieza el encuentro con una conversación "sin cánones ni prejuicios" y un interés real de amistad, como en 'Los hermanos Karamazov' de Fiódor Dostoyevski.

"Me hago amiga de esa persona y empezamos a hablar de esa locura de la guerra, y yo hablo de cómo yo veo la guerra. Es importante ser amigo de esa persona., y tú también debes ser interesante para esa persona", ha resumido, y ha lamentado que el miedo siga imperando en Rusia, donde la gente puede perder su trabajo o sus estudios por criticar al régimen.

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