La estrategia de Feijóo choca con la fortaleza de Vox y el PP pierde poder negociador
Feijóo y su equipo se comprometieron a que no habría gobierno de coalición con Vox en el Estado pero los acercamientos en los territorios son cada vez más abiertos. El PP ya mira a Castilla y León, donde tendrá lugar la próxima cita electoral.

Madrid--Actualizado a
Vistos los continuos traspiés, hace tiempo que Feijóo dejó de enunciar sus verdaderas aspiraciones, los objetivos con los que encaraba el último tramo de la legislatura y los procesos electorales orquestados para desgastar al PSOE. "No desisto de mi aspiración de volver a ser el partido de los diez millones de votantes", dijo el pasado mes de julio para clausurar el XXI Congreso Nacional del Partido Popular y reveló una meta que ahora parece una quimera. El PP también se comprometía a nivel nacional a que no habría un gobierno de coalición con Vox, aunque ahora apremian a la extrema derecha a entenderse desde la "responsabilidad" para formar coaliciones de gobierno en Aragón y Extremadura. Muchos discursos se han visto modificados en apenas unos meses y el colapso de su estrategia ha llevado a reenfocar sus propósitos.
El PP ha comprobado en los comicios de Aragón y Extremadura un evidente estancamiento (casi 25.000 votos menos respecto a las elecciones de 2023) mientras Vox ha duplicado sus diputados y votantes. Las elecciones son ganadas por el PP y el PSOE cae, pero el votante de derechas, lejos de unificar el espacio conservador, parece irse hacia Vox. La pregunta que más se repetía este lunes en Génova a la entrada de la Junta Directiva Nacional era una: ¿Fueron buena idea estos dos adelantos electorales? Feijóo quería arrinconar a Vox y las elecciones han provocado un efecto rebote.
"Es imposible arrepentirse", defendía Jorge Azcón, presidente de Aragón a su llegada a Madrid para la reunión del partido tras su victoria. Sobre posibles pactos, el aragonés recordaba que ya ha gobernado con Vox y, tras los resultados donde no ha logrado ese refuerzo que pretendía, vuelve a mostrar sus "puertas del diálogo abiertas" después de fuertes choques en redes, negociaciones frustradas para desatascar la legislatura y dar por imposible el entendimiento con sus adversarios. Tras el 8F, Azcon depositaba la responsabilidad sobre la extrema derecha: "A ver qué quiere Vox", se preguntaba.
Y Vox, ya lo ha dicho su portavoz nacional, José Antonio Fúster, "quiere gobernar" en Aragón. Tal es la excitación que vive la formación ultra por su crecimiento que, mientras el resto de partidos aún reflexionan sobre lo ocurrido este domingo, Santiago Abascal ya ha lanzado desde Ávila la precampaña de Castilla y León, siguiente frontera electoral donde se celebrarán comicios autonómicos el próximo 15 de marzo. De paso, ya han anunciado su candidato, Carlos Pollán.
Próxima parada, Castilla y León
Mientras Vox ya da certezas, el presidente castellano y leonés, Alfonso Fernández Mañueco, respondía con evasivas a todas las preguntas sobre sus elecciones, que ahora obtienen más foco del esperado. "Cada comunidad autónoma es distinta", respondía Mañueco al auge de Vox, aunque a la vista está que en las dos elecciones celebradas hasta ahora el resultado ha sido similar. Y sobre cómo frenar a sus competidores en la derecha, un escueto "nosotros tenemos una estrategia que es hablar de Castilla y León", para salir del paso.
Nadie en el PP se atreve ahora a levantar la voz y proponer un estilo diferente. Tampoco Feijóo, que reconocía este lunes las limitaciones del PP: "Quizás no somos el mejor desahogo inmediato para el enfado", explicaba en clara referencia al auge de Vox fruto del descontento social. En Extremadura se optó por una campaña de baja intensidad y alejada de la marca del PP y se perdieron 10.000 votos (aunque se ganó en porcentaje total gracias al enorme abstencionismo de la izquierda). Y en Aragón, con la plana mayor de líderes en el territorio, se han bajado dos escaños y fugado 13.000 votantes.
En Castilla y León, Vox tenía hasta la fecha su mejor resultado autonómico, un 17,64% en 2022, superado ahora por unas pocas décimas por el resultado en Aragón (17,88%). En apenas un mes se comprobará si el techo de la extrema derecha vuelve a crecer.
¿Afectará este resultado a Extremadura?
La campaña electoral de Aragón provocó un frenazo en las negociaciones por una investidura en Extremadura, conversaciones que se han mantenido en un discreto segundo plano. Fuentes negociadoras de Vox creen que, a pesar del incuestionable ascenso que han logrado este domingo, esto no se traducirá en mayor músculo negociador contra María Guardiola. Tampoco lo cree la propia presidenta popular. "Espero que no haya una repetición electoral. En las políticas que se han estado trabajando, estamos de acuerdo en más del 90%", ha sostenido este lunes en Madrid.
Este martes 10 de febrero vence el plazo de la constitución de la Asamblea para proponer presidente y, si no hay contratiempos, el PP propondrá una fecha de investidura para Guardiola. Si no hay acuerdo de ningún tipo antes del 3 de mayo, la fecha límite de la Asamblea, se tendrán que volver a convocar elecciones en la comunidad extremeña.
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