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El factor catalán

El hotizonte electoral en Catalunya puede decantar el voto al Presupuesto

GONZALO LÓPEZ ALBA

Apesar de la tendencia general a dar por sentado que el Gobierno no podrá contar con el apoyo de CiU para aprobar los próximos Presupuestos, cabe albergar una duda políticamente razonable por el carácter poliédrico del factor catalán.

Las cuentas del Estado para el próximo año se han convertido, por las especiales características de la legislatura, en un asunto si cabe de mayor trascendencia política que económica. Si el Gobierno no lograra su aprobación y se viera obligado a prorrogar los actuales, que ya nacieron acartonados, Zapatero estaría abocado a adelantar las elecciones generales al término de la Presidencia de la Unión Europea que, lejos de convertirse en una plataforma de recuperación, sería un semestre tortuoso porque nada en el comportamiento del PP induce a pensar que aceptaría una tregua de Estado, sino más bien que aprovecharía para reforzar el asedio a la plaza de La Moncloa.

Pero no es el Gobierno el único que llega apretado a la cita presupuestaria porque sólo la separa un año de las elecciones autonómicas en Catalunya la legislatura concluye el 1 de noviembre de 2010, quizás menos si ERC sigue tensando la cuerda para calafatear su deterioro electoral ejerciendo de quintacolumnista en el Govern de la Generalitat.

Las elecciones catalanas se dilucidarán en torno a una pregunta: ¿Qué partido tiene más capacidad de conseguir en Madrid beneficios para Catalunya? Antes de que la pregunta se plantee al electorado, se la tendrán que hacer los partidos catalanes, lo que abre un interrogante de importancia singular: ¿Entregará sin más CiU al PSC la franquicia de conseguidor?

Todo indica que para el otoñocuando el proyecto presupuestario del Gobierno será sometido a votación el president Montilla y el PSC podrán exhibir una alta rentabilidad de su relación con "los amigos" del PSOE: el acuerdo para el traspaso de Cercanías, la nueva terminal del aeropuerto del Prat, una financiación más ventajosa que la negociada por CiU con el Gobierno de Aznar y una sentencia del Tribunal Constitucional que avale la esencia del Estatut que elevó el techo competencial de Catalunya bajo presidencia socialista.

Dar por sentado que una fuerza como CiU, que nació para gobernar Catalunya y cuyo ADN es el pragmatismo, encomendará su destino a la única baza de ser el principal escudero de Mariano Rajoy en su acoso a Zapatero puede resultar prematuro. CiU cumple ya seis años viviendo a la intemperie de la oposición y su líder, Artur Mas, afronta su última oportunidad de convertirse en president, después de dos victorias electorales que resultaron insuficientes frente a la mayoría de izquierdas articulada por el PSC con ERC e ICV.

Es muy posible que, aun obteniendo un mejor resultado que en 2006, para recuperar el gobierno catalán CiU tuviera que apoyarse en el PP, pero una cosa es la alianza poselectoral y otra muy distinta aparecer de antemano del brazo de un partido que ha sembrado de anticatalanismo toda España. La alianza con el PP no sería nueva porque fue la que hizo posible la última legislatura de Jordi Pujol, pero muchos nacionalistas creen que fue también la que le dio la puntilla al empujar a ERC a la alianza con el PSC. En el Gobierno o en la oposición, para justificar su existencia CiU necesita satisfacer a los sectores socio-económicos que le dan soporte y eso pasa por insertar sus pretensiones en los Presupuestos del Gobierno.

El precio no será barato, pero posiblemente no superior al del arco iris de los dos grupos mixtos del Congreso el así llamado y el de ERC-IU-ICV,que exigen mucho a cambio de muy pocos votos, a veces con planteamientos que resultan inconciliables, lo que complica notablemente la negociación. Y, sin duda, CiU tiene una credencial de fiabilidad muy superior a ERC, según se volvió a acreditar esta semana en el Congreso de los Diputados.

ERC regaló al PP una moción para instar al Gobierno a suprimir varios ministerios incluyendo de rondón "un torpedo" contra la negociación de la financiación, que realiza el Govern de Catalunya del que forma parte, al proponer que se garantizase la asignación de al menos el 9,2% de los actuales recursos del Estado a las Comunidades Autónomas. Al día siguiente de que su partido reclamara en las Cortes la supresión del Ministerio, la presidenta del Instituto Catalán de la Mujer, Marta Selva, viajaba a Madrid para negociar ayudas del departamento de Bibiana Aído a sus proyectos. La conclusión en las filas socialistas es que "a nosotros nos gustan los gobiernos de izquierda, pero cuando vemos a ERC intercambiando gestos de complicidad con el PP empezamos a dudar si a ellos también".

CiU no sólo tiene por sí sola la capacidad numérica de dar vía libre a los Presupuestos basta con que la oposición no sume más votos que el Gobierno, sino también la política de arrastrar a otros. Si la federación se aviene al acuerdo, las cosas se complicarán mucho para ERC, que ya no es lo que fue en la legislatura anterior, ni en Catalunya ni en Madrid, lo que explica su actitud amenazante hacia Zapatero y su búsqueda desesperada de un espacio propio dentro del tripartito.

Pero el Gobierno de Zapatero no debería fiarlo todo al factor catalán. Tendría, por ejemplo, que haber empezado ya a articular el discurso de que, en una situación de emergencia nacional, no es responsable boicotear la aprobación de los Presupuestos del Estado. El PP y sus votantes serán impermeables a este discurso, pero el resto del electorado no tanto.

 

 

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