Entrevista a David Ballester"La fuerza de la calle fue clave en la consecución de la democracia"
Hablamos con el historiador, que conjuntamente con Manel Risques publica 'Les manifestacions per l'amnistia i la llibertat. Barcelona, 1 i 8 de febrer de 1976'.

Barcelona--Actualizado a
Estos días se conmemora el 50 aniversario de las movilizaciones con las que miles de personas llenaron el centro de Barcelona para reclamar la amnistía, la libertad y el Estatuto de Autonomía. Sobre estos episodios trata el libro Les manifestacions per l'amnistia i la llibertat. Barcelona, 1 i 8 de febrer de 1976 (Editorial Base), un trabajo escrito a cuatro manos por los historiadores David Ballester y Manel Risques.
La obra es la continuación de Temps d’amnistia -publica hace más de dos décadas en Edicions 62- con la novedad de que incluye testimonios directos, documentos inéditos y la mirada rigurosa sobre la función que la Assemblea de Catalunya jugó como aglutinadora de la oposición política a la dictadura. Así lo explica Ballester, para quien hay que destacar el papel fundamental que tuvo la ciudadanía con vistas a alcanzar un marco de libertades que dejaba atrás la larga noche del franquismo.
¿En qué medida las masivas marchas del 1 y el 8 de febrero de 1976 aceleraron el paso a la democracia?
Marcaron un punto de inflexión para toda una generación que venía del antifranquismo y otras que se incorporaban a aquel contexto de fervor y esperanza colectiva. Un anhelo de cambio contra un franquismo que, ya sin Franco, intentaba perpetuarse a través del gobierno de Arias Navarro con propuestas de reforma que tenían muy poca credibilidad.
Semanas antes, también se habían registrado protestas en la capital catalana y en su cinturón industrial. ¿Esto animó los actos de febrero?
Era un escenario de movilización creciente al que se llegaba después de mucha lucha. Recordemos que, desde hacía años, la Assemblea de Catalunya aglutinaba a la oposición, el movimiento obrero se vehiculaba a partir de Comisiones Obreras y emergía un movimiento vecinal muy potente. Prueba de ello fue la huelga general del Baix Llobregat y Sabadell, la de funcionarios del Ayuntamiento de Barcelona, así como la marcha del primero de abril, que de alguna manera culminaría con las manifestaciones del 1 y el 8 de febrero.
Las manifestaciones de 1976 se dan en un escenario de movilización creciente al que se llegaba después de mucha lucha
¿Las últimas ejecuciones del franquismo, ocurridas en septiembre del año anterior, espolearon a otros colectivos a sumarse a la ola de protestas?
La confluencia de sensibilidades ya era evidente entre el antifranquismo, pero probablemente aquellos crueles asesinatos convencieron a nuevos sectores de que había que combatir a un gobierno que, a pesar de las reformas que anunciaba, se resistía a abrir un escenario de libertades.
En las reivindicaciones también figuraba el restablecimiento del autogobierno. ¿Este elemento, compartido por toda la oposición, hizo que las marchas tuvieran un mayor consenso y, en consecuencia, que fueran más transversales?
Contribuyó a ello, ya que a diferencia de otras comunidades, el catalanismo se iba organizando desde finales de 1971 en torno a la Assemblea de Catalunya. En cambio, a escala estatal, hasta 1974-1975 la oposición no se organizó. Y lo hizo en dos plataformas: la Junta Democrática, hegemonizada por el PCE, y la Plataforma Democrática, controlada por el PSOE, las cuales se fusionarían después tras los Sucesos de Vitoria de marzo del mismo 1976, pero fue una Junta Democràtica epidérmica y breve en cuanto a su recorrido. No en Catalunya, donde la capacidad aglutinadora de la Assemblea de Catalunya propició que las marchas del 1 y el 8 de febrero alcanzaran unas cotas nunca vistas desde la Guerra Civil.
Las marchas del 1 y el 8 de febrero alcanzaron unas cotas nunca vistas desde la Guerra Civil
¿Esta sensación de fortaleza hizo que los organizadores desoyeran la orden del gobernador civil, Salvador Sánchez-Terán, de prohibirlas?
En el libro lo explicamos. Si en Barcelona se reunió tanta gente es porque, además de los que estaban acostumbrados a manifestarse y a correr ante la policía, se sumó otra gente que nunca había salido a la calle pero que, gracias a aquel ambiente excepcional y de unidad, decidió dar el paso.
¿El éxito del día 1 animó a los promotores a repetirla el domingo siguiente o ya estaba previsto?
Desde un inicio se había pensado en dos marchas. La del día 1, centrada en la reivindicación de la amnistía, y la del 8, orientada a las libertades individuales y colectivas; es decir, relativa al autogobierno. Y eso lo sabían las autoridades, tal y como lo revela un oficio anterior al día 1 -que mencionamos en el libro- con el que la Guardia Civil informa a la autoridad competente de que, en realidad, se trataba de una doble convocatoria. Al fin y al cabo, la oposición veía que había que forzar la máquina para alcanzar los derechos que se iban reclamando, de ahí la posterior manifestación del 1 de abril, en la que el protagonismo recayó en la defensa de la democracia en los ayuntamientos.
La oposición veía que había que forzar la máquina para alcanzar los derechos que se iban reclamando
De aquellas jornadas han quedado las fotografías que tomó Manel Armengol, donde se ve a la Policia Armada aporreando a algunos de los congregados en el paseo de Sant Joan. ¿Esto catapultó la demanda de libertad más allá del propio Estado?
Son un icono del momento, una aparece en la portada del libro, y alcanzaron una gran significación política. Armengol tuvo la habilidad de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Tanto es así que Lluís Maria Xirinacs le dijo que las fotografías habían tenido un eco superior a las que podía causar un tanque. Pero no sólo: el propio gobernador civil, Sánchez-Terán, admitió en sus memorias que no ayudaban a la imagen que las autoridades querían ofrecer en esos momentos de "aperturismo". De aquí que se prohibiera la difusión, si bien la prensa clandestina las publicó y se editó el libreto titulado Agressió a la pau. 1 i 8 de febrer a Barcelona que se difundió en institutos, universidades, fábricas y asociaciones de todo tipo.
Pese a su impacto, el 3 de marzo, cuatro semanas después, la Policia Armada asesinaba a cinco obreros en Vitoria. ¿No sirvieron para mitigar la represión?
Al contrario. Aparte de los muertos de Vitoria, en las convocatorias de protesta por esta masacre, murieron otros dos jóvenes: Vicente Antón Ferrero, en Basauri, y Juan Gabriel Rodrigo Knafo, en Tarragona. Víctimas que precedieron a los sucesos de Montejurra y otras que ponían de manifiesto la incapacidad de Manuel Fraga Iribarne, entonces ministro de Gobernación, de controlar la calle, uno de los bienes más preciados de la dictadura.
La circunstancia de que, en medio de aquella escalada represiva, las Cortes generales aprobaran el 29 de mayo la ley 17/76, que regula el derecho a la reunión, ¿fue una concesión de cara a la galería?
Formaba parte de las medidas que el gobierno hacía para satisfacer las reivindicaciones populares. Lo que pasa es que el reloj iba siempre retrasado respecto a las demandas del pueblo y, por mucho que hiciera, ya no evitaban el rechazo a sus prácticas autoritarias ni frenaban la defensa mayoritaria de la sociedad a la amnistía y a las libertades democráticas.
Más tarde, en el mes de junio, se convocaron nuevas marchas en Mataró y en Santa Coloma de Gramenet, y entre el 5 y el 11 de julio, se celebró la Semana de la Amnistía, que culminó el 29 julio con un mitin en el Palacio de los Deportes de Barcelona. ¿Es entonces cuando la amnistía se convierte en la idea central de las demandas?
La amnistía siempre ha sido el mascarón de proa para vehicular la lucha por la libertad
Hacía tiempo que lo era. Incluso algunos ayuntamientos, que a pesar de estar en manos de los franquistas, adoptaron mociones para que se aplicara. De hecho, en el Estado español, la amnistía siempre ha sido el mascarón de proa para vehicular la lucha por la libertad. Lo había sido en 1938, cuando las autoridades republicanas la reclamaron como herramienta política de paz y reconciliación al terminar la Guerra Civil, y en plena Transición, se convirtió en el termómetro para derrocar al ejecutivo Arias Navarro-Fraga Iribarne y comprobar la voluntad reformista del posterior gobierno de Adolfo Suárez.
Vista en perspectiva, la Ley de amnistía de 1977 ha pasado como una ley de punto final, razón por la que hoy las fuerzas progresistas piden su derogación. ¿Se perdió una oportunidad?
La correlación de fuerzas que había en la Transición lo impedía. Es cierto que la oposición tenía toda la legitimidad democrática para exigir una norma más ambiciosa, pero en ese contexto el poder lo tenían los franquistas. Todos los resortes del aparato de estado dictatorial estaban intactos y esto provocaba que, si bien los herederos de Franco no podían alargar la dictadura, tampoco los demócratas podían forzar la ruptura democrática, que implicaba la formación de un gobierno provisional, que daría la palabra al pueblo español en todos los ámbitos, incluyendo la forma de estado, que había sido una imposición del dictador. Ahora bien, desde entonces han pasado suficientes años como para haber intentado paliar las herencias más negativas de la dictadura. Y no hubo voluntad política de hacerlo.
¿Otra de las facturas fue la continuidad de los aparatos policiales y judiciales del viejo régimen?
No ha habido voluntad política para intentar paliar las herencias más negativas de la dictadura
Es la muestra más evidente de lo que acabamos de decir. Estas herencias que mencionan han acabado convirtiéndose en dos de los problemas más graves de la actual democracia.
El libro termina recordando que, lejos del discurso oficialista, según el cual la Transició llegó mediante la negociación entre las élites, ¿fue la ciudadanía quien empujó el proceso político en marcha?
Es importante recordarlo. Sin el continuo de movilizaciones no se habría podido descarrilar la dictadura y quien quiera ocultar esta realidad estará intencionadamente ofreciendo una versión distorsionada de lo que fueron aquellos años. Insisto: la fuerza de la calle fue clave en la consecución de la democracia.


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