El liderazgo de Puigdemont en Junts se debilita por las malas encuestas y las dificultades por el exilio
El expresident mantiene un control total sobre el partido y continúa siendo su principal baza electoral, pero la incertidumbre sobre su futuro político, la amenaza de Aliança Catalana y los malos sondeos electorales, o los problemas operativos que comporta el exilio generan inquietud en los postconvergentes.

Barcelona-
Carles Puigdemont, todavía exiliado a la espera de lo que suceda con la aplicación de la amnistía que el Tribunal Supremo ha denegado –pendiente de la resolución del Tribunal Constitucional– recuperó la presidencia de Junts en octubre, en un congreso del partido donde el apoyo que recibió fue categórico.
Un 90,18% de los militantes votaron que sí en una lucha contra él mismo, puesto que no había candidatura alternativa. Aquel congreso suponía el fortalecimiento interno de los postconvergentes después de no poder volver al Palau de la Generalitat y tener que ver cómo la presidencia pasaba a una formación no independentista por primera vez desde el inicio del procés, tras la victoria del PSC de Salvador Illa.
Cinco meses después, sin embargo, la situación idílica que se divisaba tras la renovación de la cúpula de la formación parece no ser la misma. Cada vez son más las voces que dentro del partido muestran su inquietud por la marcha de Junts, no tanto por motivos políticos o de falta de carisma de Puigdemont, ya que el expresident de la Generalitat mantiene intacto su férreo liderazgo interno desde el punto de vista orgánico y se mantiene como la figura más popular del partido, sino más bien por motivos prácticos y de estrategia.
La última encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) ha hecho saltar las alarmas. Aliança Catalana triplicaría sus resultados, y el partido que sufriría principalmente este crecimiento sería Junts.
A ello habría que añadir la incertidumbre que genera la indefinición del futuro político de Puigdemont, tanto por lo que se refiere a cuál será su papel en Junts en un posible regreso a Catalunya, cómo la actual ausencia a causa del exilio que no está claro hasta cuando se alargará.
La actividad diaria, parlamentaria, de gestión política o incluso de identificación del ambiente general tanto de los militantes como de la ciudadanía, son barreras que, hoy por hoy, Carles Puigdemont no puede ejercer desde Waterloo con total eficacia.
Algunas voces parlamentarias reconocen que su ausencia condiciona fuertemente el ritmo y el relato del partido, en un contexto en el que se hace más necesaria que nunca la capacidad de adaptación y respuesta. Desde su fundación, una pantalla preside la sala de reuniones de la Ejecutiva en la sede nacional de Junts. Es con la que se conecta Carles Puigdemont.
Pero fuentes de la dirección aseguran que se hace difícil mantener el contacto habitual de forma telemática, y por eso se han incrementado los encuentros presenciales en Bélgica del núcleo más próximo al presidente del partido que conforman el secretario general, Jordi Turull, la portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, o el presidente del grupo en el Parlament, Albert Batet, entre otros. Con las complicaciones logísticas que esto supone.
Otro hecho importante es la gestión de los pactos con el Gobierno español. A partir del acuerdo de investidura con el PSOE, Junts es mantenedor de la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez. Este fue un gran cambio de rumbo dentro de la formación, que llevaba años criticando los pasos que ERC había dado en este sentido.
Y este cambio, con un líder en la distancia que no puede rendir cuentas o resolver las dudas ante los suyos de manera constante, genera cierto desencanto y desconcierto, además de dificultades para cohesionar una línea a defender por el conjunto del partido.
De hecho, fuentes del partido explican que no pueden contar con él en la toma de decisiones del día a día. "Jordi Turull es quien más cerca está", aseguran las fuentes consultadas, pero recalcan que el número dos no es el líder moral del partido, y esto deja huérfanos a muchos, que se desesperan viendo que el pastel de votos cada vez es más pequeño y que la coherencia cae sin que haya claridad.
Algunos diputados señalan que habría que reforzar la capacidad de decisión colectiva y reconocer que "los liderazgos, por muy simbólicos que sean, tienen que responder a los retos del presente". También destacan que el exilio hace que Puigdemont esté muy centrado en hablar de la represión y la independencia, cosa que ahora no da rédito electoralmente: "La gente nos tendría que reconocer, la prueba es la campaña de Trias [en las últimas municipales de Barcelona, en las que fue la fuerza más votada]. Tenemos que volver a ser Convergència", comenta una fuente parlamentaria.
La inoperancia orgánica es uno de los elementos que también denuncian las fuentes consultadas: "En el día a día se ha convertido en una figura prescindible, casi honorífica", comenta un militante de las comarcas gerundenses. "No facilita la gestión política diaria", dice un concejal, que añade que "se podría hacer más trabajo" si el partido se desligara de su liderazgo.
En el mismo sentido, alguna voz con ascendencia dentro de Junts reconoce que "la dirección tiene que afrontar el debate sobre el relevo con responsabilidad y madurez", y que no se puede esquivar eternamente la necesidad de un liderazgo presente y funcional que supere "las barreras del procés".
A pesar de esto, todas las fuentes consultadas coinciden en que la situación judicial del expresidente es injusta. "Empatizamos mucho con su figura, pero tenemos que mirar adelante" o "sabemos que el exilio es injusto, pero no podemos vivir del pasado", son algunas de las afirmaciones hechas a Público. Y admiten que ahora mismo la autoridad de Puigdemont en el partido es indiscutible, pero apuntando que esto no quiere decir que la perspectiva de futuro no genere dudas.
Dentro del partido existe el convencimiento que hay que esperar a que se aclare el futuro de Puigdemont respecto a la amnistía con el Tribunal Constitucional, pero preocupa que el exilio se pueda eternizar por las posibles trabas que ya ha anunciado que pondrá el Tribunal Supremo, aunque la decisión del TC sea favorable a la aplicación de la amnistía.
Y también creen que hay que analizar la situación que puede acontecer tras un posible retorno del expresidente de la Generalitat, puesto que durante la pasada campaña electoral Puigdemont anunció que no ocuparía el escaño de jefe de la oposición en el Parlament.
Desgastar el crédito político: el peligro de la ausencia de relevo
La falta de relevo en el partido ha pasado factura. "Hace mucho tiempo que no ganamos unas elecciones", expresa un militante. Esta frustración es compartida por muchos miembros del partido, que ven como la falta de nuevos liderazgos hace que la formación no sea capaz de competir con otros partidos ni de frenar el avance de Aliança Catalana.
La falta de nuevas figuras políticas que se posicionen como alternativas al líder actual es un mal endémico. "Si el partido quiere sobrevivir en 2027, quizás tendrá que abandonar los viejos esquemas y buscar un cambio sustancial que revitalice su oferta electoral", analiza un miembro de la formación.
"Como no hay solución clara, vamos alargando este tipo de muerte lenta", comenta contundente otro. En este escenario, un diputado remarca la necesidad de buscar un relevo ya, alertando que el electorado reclama proyectos con cara y ojos para afrontar los próximos años: "Líder, por desgracia, no tenemos otro", afirma.
La amenaza de Aliança Catalana: un rival inesperado
Pero Junts no solo lucha con sus propios demonios internos. Otro factor que podría marcar su evolución es el ascenso de Aliança Catalana, que ya supone una amenaza real para los postconvergentes. El partido de extrema derecha, que gana fuerza a medida que el proyecto independentista se fragmenta, refleja el descontento que muchos votantes sienten ante la falta de claridad política y el desgaste de unos liderazgos que parecen incapaces de revitalizar el independentismo.
La situación actual de Junts no le ayuda a combatir esta amenaza: la ausencia de Puigdemont del país, la ausencia de nuevas caras y la sensación generalizada que el partido no está tomando las decisiones correctas están abriendo el camino para otra formación que pueda captar el votante independentista descontento.
Ante esto, desde el Parlament algunas voces reconocen que habrá que "hacer frente con valentía, claridad de proyecto y liderazgos solventes", si no se quiere ceder el terreno a una propuesta política que rechazan frontalmente.


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