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Lorca La nieta de Dióscoro Galindo, fusilado con Lorca: "La fosa de mi abuelo está maldita por culpa de la familia del poeta" 

Nieves García, nieta del maestro fusilado durante la Guerra Civil junto al poeta Federico García Lorca, anuncia en esta entrevista que recurrirá a Estrasburgo para conseguir que el Estado siga buscando sus restos. 

Nieves García, nieta de Dióscoro Galindo, en la actualidad.-
Nieves García, nieta de Dióscoro Galindo, en la actualidad.-. CEDIDA POR LA FAMILIA GARCÍA

El tercer recurso de la nieta de Dióscoro Galindo para la búsqueda de los restos de su abuelo en la fosa de Lorca ha sido inadmitido por el Tribunal Constitucional. El fallo alega que en el proceso "no se aprecia trascendencia constitucional". Galindo fue fusilado junto al poeta Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí en la madrugada del 18 al 19 agosto de 1936 en Granada.

A Nieves le cuesta sumar esperanzas, pero ante este nuevo golpe irá al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo "esperando un último anhelo de esperanza en el proceso". La familia de García Lorca nunca se lo ha puesto fácil, tras casi dos décadas de búsqueda de los restos de las cuatro víctimas entre la carretera de Víznar a Alfacar (Granada). Su proceso de exhumación siempre ha estado maldito. "Que lo asesinaran junto a García Lorca ha dado mucho que hablar de la figura de mi abuelo pero también lo ha llevado la una fosa que nunca se abrirá". Parece maldita.

Nieves García nunca conoció a su abuelo, Dióscoro Galindo, maestro republicano, asesinado a los 60 años de edad.  García Catalán comienza a hablar de anécdotas de aquellos días cuando su padre Antonio Galindo corría tras el camión de fusilamiento en bicicleta donde iba aquel buen hombre, cojo de nacimiento. "Ayudaba hasta a los adultos a conocer las letras para defenderse del analfabetismo durante la República". También Se emociona cuando rememora "lo bien que siempre han hablado de él, lo que ayudó en Pulianas a los que no tenían. Y fue asesinado en una fosa cuatro horas después de su detención", señala a Público.

¿Recuerda cuándo empezó todo, la lucha por la búsqueda de los restos de su abuelo?

Mis recuerdos son junto a mi madre. No me olvidaré de la llamada por teléfono de la Asociación de la Memoria Histórica de Granada. En 2003 nos habló de la posibilidad de iniciar el proceso de exhumación de sus restos. No se había planteado antes. Mi padre Antonio, que había sufrido todo este calvario en vida,  ya había fallecido y yo me apoyé en mi madre y mi marido desde el primer momento. No sabía las trabas que íbamos a encontrar en el camino.

¿Qué recuerdos le transmitía su padre Antonio?

Antonio Galindo era mi padre. Un hombre que tuvo durante toda su vida mucho miedo por todo lo que le había ocurrido a mi abuelo, de la noche a la mañana. Nunca quiso volver a Granada, a pesar de que no terminó la carrera de Medicina estando en cuarto de carrera. Tengo recuerdos de pequeña de ir al lugar donde lo mataron, frente al olivo en Alfacar. Allí donde está ahora el monolito de Lorca había una pequeña valla blanca para recordar el lugar exacto.

Mis hermanas siempre vivieron aquella historia de forma muy dramática. Sobre todo Julia con la que conservo una estupenda relación. Yo con 20 años de diferencia lo percibí de una forma diferente. Él me contaba la historia más sereno, con más detalle. Pero a mi padre Antonio el dolor se le notaba. Murió con la pena de no saber dónde estaba su padre enterrado.

¿Cuándo supo su familia que fue asesinado en el mismo pelotón que Lorca?.

El 17 de agosto, la noche antes de su detención, cuando fueron a recogerlo ya sabían que algo tramaban contra él y que a mi abuelo lo quería acusar por el simple hecho de haber sido maestro republicano. La familia sufrió mucho tras su asesinato. Cuando lo fusilaron, mi padre tuvo que huir de Granada porque no solo era el hijo del maestro: mi padre era el hijo del que habían matado junto a Lorca. Hasta los tres días, alrededor del 21 de agosto, y gracias a las preguntas de los amigos supieron que en aquel fusilamiento y en sus últimas horas había estado con Federico García Lorca y los dos banderilleros anarquistas. Ni mi abuela recibió ningún tipo de pensión, ni un papel que hablara de su ejecución. Todo fue por testimonios orales.

¿Cómo ha marcado su vida la búsqueda de su abuelo a la sombra de Lorca?

Las primeras intervenciones fueron las más esperanzadoras. No me olvidaré de las que se hicieron alrededor del Parque García Lorca, otra búsqueda en el Caracolar y la que hicieron el investigador Miguel Caballero y el arqueólogo Javier Navarro. Ellos se pusieron en contacto conmigo. Necesitaban un familiar para iniciar la búsqueda pero el problema de verdad llegó cuando la familia Lorca entró en juego convenciendo a mi hermana mediana Nieves de parar la búsqueda. Mi hermana se sumó a la campaña de los Lorca. Aunque mi otra hermana y yo no hemos cedido a ese argumento. De ahí, que aquel giro en apoyo a los Lorca nos haya costado la relación familiar con ella. 

¿Ha tenido que sufrir a la familia Lorca?

He tenido que sufrir sus exigencias. A ellos les daba igual, ellos no querían que se encontrara a su tío Federico. Primero decían que quería que se mantuviera allí. Luego que nadie viera los restos. Y luego vino la llamada a mi hermana Nieves para convencerla de parar la exhumación. Siempre han movilizado todos sus recursos, como a día de hoy sigue ocurriendo con la denegación de la exhumación para mi abuelo.

¿Crees que la familia ha tenido algo que ver en la paralización de la exhumación?

Por el título de Lorca, a mi abuelo, que es Dióscoro Galindo, siempre lo han buscando porque podía estar con García Lorca. No por otro motivo Todo han sido problemas, impedimentos. La fosa de mi abuelo está maldita por culpa de los Lorca. No le tengo nada que agradecerle a la familia. Tampoco las trabas judiciales que no son responsabilidad directa de ellos. Pero sus zancadillas las hemos sentido muy cerca.

¿Cómo cree que fueron aquellos últimos momentos de su abuelo?

El 17 de agosto por la noche se lo llevaron después de registrar días antes la casa sin encontrar nada. A la noche siguiente, sin explicación alguna, fueron directos a llevárselo. Lo trasladaron junto a dos guardias de asalto a las Colonias, porque nadie nos lo pudo documentar. Solo historiadores de la talla de Gibson lo han contado. Saben que estuvo en aquel paraje desde las diez de la noche. Fueron cuatro horas las que estuvo junto al poeta y los banderilleros. No sabemos qué se dijeron ni la angustia vivida. A las tres de la mañana, mi abuelo ya estaba junto a ellos frente al pelotón.

¿Qué consecuencias vivió su familia tras el asesinato de su abuelo junto a Federico García Lorca?

El miedo se quedó para siempre y el encarcelamiento de mi padre durante dos años en Jaén por haber sido hijo de aquel maestro asesinado en el pelotón de Lorca lo marcó de por vida. Mi madre cuenta que a veces iba a la cárcel y no era capaz de hablar con él. Lloraba de lo desfigurado que estaba de las palizas. Mi padre ya no terminó la carrera de medicina, necesitaba sacar adelante una familia. Solo de pensar que tenía que reclamar algo a la Universidad se moría. Trabajó desde albañil hasta repartidor pero nunca ejerció su profesión.

¿Cómo se ha tomado el nuevo rechazo del TC para la exhumación de su abuelo?

Vamos por el tercer recurso y ya hemos agotado todas las vías judiciales en España con el fallo del Constitucional. Es muy trascendente lo que dice el fallo que el recurso no ha sido admitido a tramite por "no apreciar trascendencia constitucional después de tantos años". Para la justicia española no es relevante sacar a mi abuelo de la fosa si no se busca a Federico García Lorca.

Se han dicho muchas versiones de este asunto. Una de estas teorías señala incluso que la fosa ya habría sido exhumada... 

Mi padre tenía una teoría. Yo nací en el 59. Franco dio una serie de permisos ese año para que las familias pudientes como los Lorca pudieran, si sabían donde estaban los restos de sus familiares, desenterrarlos para llevarlos a una tumba digna. Siempre se ha hablado de que lo habían llevado a la Huerta de San Vicente o que se lo habían llevado a Nueva York. Ellos nunca dirán nada, claro, ante la luz pública.

El fallo del Constitucional la llevará ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ¿Qué esperanza tiene en que se resuelva la exhumación de su abuelo?

Ya casi ninguna. Son muchos golpes contra la pared y mira que yo tengo una hija y no la he querido meter en todas estas cosas. Entiendo que tiene que ir diluyéndose. Y no quiero involucrarla. Yo tengo 61 años y todas las personas queridas que arrancaron conmigo, mi madre, mi padre, mi hermana Julia ya no están o están muy enfermas. Y ya cada vez tiene menos energía pero hay que intentarlo. 

¿Dónde buscarían en caso de que autorizaran la exhumación?

Si autorizaran, buscaría a menos de quinientos metros de dónde se buscó la primera vez en el Parque García Lorca. Se sabe cuál es la zona y Gibson señaló este lugar en los años 50. En la primera localización se buscó por la parte de atrás del monolito actual. Ahora sería buscar, en casa de que saliera, por la parte delantera.

Los restos de mi abuelo serían los más fáciles de identificar pero a saber si están allí. Dicen que en los 70 cuando hicieron el parque, encontraron algunos restos y los metieron en sacos para tirarlos a la basura. 

Una figura de importante apoyo ha sido el hispanista Gibson. ¿Cómo le ha ayudado en este proceso de búsqueda?

Lo conocí cuando era una cría, muchos de los datos se los facilitó mi familia. Cuando falleció mi padre siempre me dijo que lo buscara siempre que lo necesitara. Me ha acompañado siempre. También cuando me empezaron a denegar los recursos de amparo en los juzgados de Granada estuvo presente. No me ha dejado sola en este difícil proceso y gracias a él llegamos a tener los informes que el gobierno militar de Granada sobre mi abuelo, que lo tachaban de un maestro "revolucionario".

¿Ha conocido anécdotas de los años de maestro de Dióscoro en Pulianas?

En Pulianas le abrieron un centro educativo en su nombre. Una vez conocí un señor que era el hermano de un alumno de mi abuelo. Al ver a aquel anciano mayor que hablaba de él con tanto cariño me emocioné. Ayudaba siempre a todos, le daba regalos a las familias más humildes para la fiesta de Reyes, enseñaba a los adultos a leer. Pero tristemente lo quitaron de en medio. No era un hombre joven pero si sabio y muy querido. Lo mataron con 60 años de edad.

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