Mañueco hace una campaña en contra de Sánchez y llama al "voto útil" por su temor al auge de Vox
Una campaña de baja intensidad, donde Mañueco no ha pretendido sobreponerse al ruido internacional y donde las palabras "estabilidad" y "certeza" han sido las ideas capitales del PP.

El Partido Popular enfrenta este domingo la penúltima prueba de resistencia de este ciclo electoral que comenzó en Extremadura y finalizará en Andalucía. Las victorias de María Guardiola y Jorge Azcón prentender tener continuismo en Alfonso Fernández Mañueco, que opta a su tercera legislatura consecutiva para convertirse en el segundo presidente más longevo de la historia de Castilla y León, solo por detrás de Juan Vicente Herrera Campo.
Uno de los grandes feudos del Partido Popular aspira a ser revalidado y la campaña ha contado con todos los elementos para ello. En 2027, los populares cumplirían un total de 40 años consecutivos al frente de la Junta de Castilla y León y esa fortaleza se ha dejado entrever en la derecha. Todas las encuestas dan a Mañueco como ganador, aunque necesitaría de Vox para ser investido. Cada uno de los sondeos publicados, sin excepción, contemplan esa posibilidad como la única alternativa para la gobernabilidad de la región. En las dos elecciones anteriores, los candidatos del PP perdieron votos y en Aragón incluso se pierdieron escaños (a pesar de que la convocatoria fue propuesta por los populares). El domingo se verá la fortaleza de Mañueco y el crecimiento de Vox, que puede poner las cosas muy difíciles a Feijóo. Todo resultado que baje de los actuales 31 escaños constatará por tercera vez consecutiva la pérdida de fuerza del PP en las elecciones.
El presidente y candidato Mañueco ha seguido la estrategia de Azcón de tratar las elecciones de este 15 de marzo con un caracter estatal. El rival político no ha sido Carlos Martínez, candidato del PSOE, ha sido Pedro Sánchez: "Cada escaño que no sea del PP, será un escaño más para los intereses de Sánchez", sostenía el líder popular en Castilla y León en una entrevista. Elevar cada victoria sobre los socialistas al plano nacional es el objetivo de Feijóo con este ciclo electoral, que ha buscado desgastar a sus rivales también desde la interna del partido. Tres derrotas consecutivas sin paliativos para el PSOE generan dudas sobre la estrategia implantada por Moncloa.
En tiempos de crisis y con una campaña descafeinada, todo rema a favor de Mañueco, que ha reivindicado la "estabilidad" y ha usado como eslogan la palabra "certezas". Tras cuatro décadas en el poder, el PP pretende aprovechar las corrientes de incertidumbre para evitar el cambio. Los vientos que amenazan con alterar esa racha vienen desde la extrema derecha. Vox, que ya obtuvo el 17% de votos en 2022, aspira a llegar al nuevo récord personal del 20%. Esos sufragios encaminados hacia los de Abascal, Mañueco los ha intentado recuperar a través de apelaciones al "voto útil", cosa que dijo incluso en el debate de la televisón pública de Castilla y León. Vox sabe que su fuera habita en este tipo de regiones y ha propuesto un referéndum sobre el acuerdo de Mercosur para así exprimir sus diferencias con el PP allí donde el campo y el mundo rural tiene un papel clave en las elecciones.
Para no poner el foco en los problemas locales, el PP ha puesto el foco en Sánchez y para eso acudió Feijóo al final de la campaña. El líder de la oposición nacional jugó también ese papel, el de completar las intervenciones de Mañueco para dar a las elecciones categoría de cuestión nacional. "Castilla y León no puede avalar el peor gobierno de nuestra democracia y no puede frustar la alternativa a Sánchez", sostenía este viernes Feijóo desde El Bierzo.
A diferencia de Guardiola y más asemejado a Azcón, Mañueco ha optado por mucha presencia en medios. Público solicitó la entrevista con el candidato, pero fue rechazada. En todas sus interoluciones con la prensa, el castellano y leonés quiso guardar apariencias de moderado y fue fiel al mensaje habitual que se emite desde Génova en lo que respecta al PSOE para decir que no llegará a acuerdos con ellos bajo ningún concepto. Mañueco tampoco quiso aceptar la propuesta de Carlos Martínez, que le aseguró que, si el PP aceptaba dejar ganar a la lista más votada fuera quien fuera, en caso de victoria, los socialistas permitirían con su abstención un gobierno en solitario de Mañueco sin la presencia de Vox.
Vox ha intentado desgastar a Mañueco a través de las negociaciones de Aragón y Extremadura. Tras unas reuniones poco fructíferas para la investidura de María Guardiola y con declaraciones provocativas a menudo, Génova decidió intervenir al anunciar que tutelaría las reuniones y los pactos. Esta jugada parecía amenazar la autonomía de Mañueco, uno de los barones principales que tiene hoy el PP, pero desde el equipo de Feijóo se alejaron al máximo de aquellas declaraciones para no ligarlas a Castilla y León y restar credibilidad a su candidato.
Una campaña de baja intesidad, con muchos actos y mítines en los que han participado figuras como Isabel Díaz Ayuso, Ester Muñoz y el propio Feijóo junto a Mañueco y que ha aprovechado el ruido internacional para pasar desapercibida. Esas han sido las cartas jugadas por el PP para conseguir la victoria electoral e intentar depender lo menos posible de Vox.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.