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Maquis Largo Mayo, el maquis que traicionó a la guerrilla disfrazado de guardia civil

El Comandante Abril murió en una emboscada tras la delación de uno de sus guerrilleros, quien ejerce de hilo conductor de la Agrupación Fermín Galán y de la caída de su legendario jefe en la novela 'Eras la noche', de Ramón Pérez Montero.

Guerrilleros andaluces.
Guerrilleros andaluces. Archivo

Ramón Pérez Montero podría haber escogido como único protagonista de su novela al Comandante Abril, un guardia civil que luchó en el bando republicano, se echó al monte y, cuando su hermano le aconsejó que huyera, rechazó subirse a un barco rumbo a la libertad. Sin embargo, el escritor y poeta también eligió a Largo Mayo, el delator de la Agrupación Fermín Galán, quien le tendió una emboscada a los suyos disfrazado precisamente de guardia civil.

No es la única paradoja o contradicción que brota en la serranía de Ronda y Grazalema, ni en Eras la noche (Libros de la Herida), donde el autor no pretende mostrar a Largomayo —como lo escribe él— como un traidor. "Esa no es la imagen que reflejo en el libro, porque creo que no debe emitirse un juicio moral sobre el personaje. Todos tenemos luces y sombras, por lo que a veces me pregunto qué haría yo en sus circunstancias".

Las luces, en todo caso, se proyectaron sobre Bernabé López Calle (1899-1949), quien combatió en varios frentes hasta que, llegada la derrota, se presentó ante las autoridades. Lo pagó con la cárcel y, una vez libre, regresó con su familia a su pueblo, Montejaque (Málaga), donde sufrió el acoso de los falangistas. Antes de que fuesen a por él, se echó al monte con su hijo mayor. Curioso: un maquis guardia civil y con carné de la CNT.

De hecho, su ideología libertaria —Pedro López, su hermano, había sido alcalde cenetista— chocó con la del comunista Pablo Pérez Hidalgo, de modo que el primero se instaló con sus guerrilleros en Cádiz y el segundo, en Málaga. Ambos compartirían el liderazgo de la guerrilla del sur andaluz. Pérez Hidalgo, como jefe del Estado Mayor. Bernabé, conocido como el Comandante Abril, como jefe de la Agrupación Fermín Galán.

El campamento fijo estaba en Medina Sidonia, donde precisamente había nacido Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo, antihéroe de la novela y del maquis. Un hombre sin oficio ni ideas políticas definidas que combatió en el bando republicano, fue condenado a doce años y estuvo preso la mitad. Después de la guerra, su hermano Juan fue detenido tras un atraco y su hermano José, alias Chiquito, murió en un enfrentamiento con la Guardia Civil.

Con él se echó al monte Largo Mayo, pero las caídas y fugas de sus compañeros lo llevaron a integrarse en la partida del Comandante Abril. "Antes del golpe, se dedicaba a caza furtiva, a la recolección de frutos silvestres y a hacer picón para los braseros. Era uno de los antiguos supervivientes de los cazadores-recolectores propios de otra era", explica Pérez Montero, quien matiza que el anarquismo que Chiquito llevaba en sus venas rojinegras pudo influir en que se afiliase a la CNT, aunque no estaba politizado como su hermano.

"Largo Mayo trajo a los guerrilleros a las sierras de Medina Sidonia, porque conocía muy bien la zona. Sabía quiénes eran los propietarios y los encargados, así como sus costumbres, por lo que les indicaba cómo cometer los asaltos y secuestros, sembrando inquietud por todo el territorio", recuerda el autor de Eras la noche, que a su juicio evita ser una novela maniquea, pues intenta comprenderlos a ambos.

Las sombras, en cambio, se ciernen sobre Francisco Fernández Cornejo, quien comienza a ser presionado por la Guardia Civil, que contacta con su mujer para que delate a su jefe a cambio de inmunidad. "Utilizo a Largo Mayo como contrapunto del héroe trágico que es el Comandante Abril. Mantienen una relación Quijote-Sancho: Abril lucha por sus ideales y Largo Mayo encarna el sentido práctico de la vida, que pasa por comer y sobrevivir".

También establece un paralelismo entre Jesucristo y Judas para intentar entenderlos. Jesús-Abril sabe que Judas-Largomayo lo puede traicionar, porque se lo advierte Juan Ruiz Huercano, el Capitán, pero no toma medidas. "Entramos en el terreno literario, no histórico, pero exploto esa relación inquietante porque me interesa la contraposición entre ambos en un sentido evangélico, que no religioso: ¿cómo permite Jesús que Judas lo delate?".

La Guardia Civil también coacciona a la mujer del Comandante Abril, quien vive sola en el pueblo. "La detienen, la interrogan y le meten mucho miedo en el cuerpo para que se entregue su marido, pero él no lo hace, sino que aprovecha las noches de agua —cuando hay menos vigilancia— para verla". Como los uniformados no logran darle caza, promete a Largo Mayo que si se entrega en el cuartel y delata a sus compañeros salvará el pellejo.

Entonces les indica dónde se encuentran, pero la Guardia Civil le obliga a guiarlos. "Disfrazado de guardia civil, los lleva hasta el Cerro de la Atalaya, donde matan al Capitán y a Bernabé. El hijo del Comandante Abril logra zafarse, si bien moriría más tarde en otra redada. Potaje consigue huir a Portugal y se le pierde el rastro, mientras que el resto va cayendo en sucesivas emboscadas", comenta Pérez Montero.

Aguerrido e idealista, Bernabé fue un héroe popular en Montejaque, su localidad natal. "En cambio, pese a que la gente del pueblo no veía con simpatía a los maquis porque les causaban problemas, no perdonó la traición de Fernández Cornejo y fue señalado por ello. De hecho, cuando yo era niño, recuerdo el dicho popular Eres más malo que el Largo Mayo". No obstante, el autor de Eras la noche trata de explicar por qué se echó al monte y luego delató a sus compañeros, refugiados en el Cerro de la Atalaya.

Bernabé López Calle, el guerrillero Comandante Abril. Archivo

Cumplidos seis años de cárcel, no tenía nada que temer, pero él comprende que su vida no va a ser fácil en la Medina Sidonia de los años cuarenta. "Sin recursos para subsistir, cazando furtivamente o robando por los campos, era consciente de que pronto tendría un encontronazo con la guardia civil y a la mínima recibiría una paliza en el cuartel", especula Pérez Montero. Por ello se deja convencer por su hermano para echarse al monte.

"No sabe buscarse la vida de otra manera y, de algún modo, se ve obligado a hacerlo, pero no lo hace ideologizado. Una vez en el maquis, cree que la Guardia Civil lo terminará ejecutando, como le sucedió a su hermano. Sabe que está expuesto a la muerte y, aunque no está seguro de que las fuerzas de seguridad cumplirán con su palabra, traiciona a los suyos porque es la única baza que le queda", añade el escritor.

Ramón Pérez Montero señala que Largo Mayo terminó trabajando en Astilleros Españoles en Puerto Real. "Le fue bastante bien, se compró su propia casa y tuvo una vida normal en Medina Sidonia. Sin embargo, el precio de la supervivencia fue cargar para siempre con el estigma de traidor. No tuvo muchos amigos, aunque nadie me ha dado detalles de su vida en el pueblo".

El autor deja claro que no reparte carnés de héroes ni de villanos. "El Comandante Abril es un personaje trágico porque, sabiendo que la batalla está perdida, acepta su propia muerte y la de su hijo", concluye Pérez Montero. Largo Mayo comparte protagonismo en la novela con él y, de hecho, ejerce de hilo conductor de la historia de un maquis legendario en la que el escritor trata de comprender por qué una persona escoge un camino y otra, uno distinto.

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