Mazón blinda los 'bous al carrer' con la ayuda de Vox como uno de los ejes de su batalla cultural contra la izquierda
El gobierno del PP subvenciona y promueve estos festejos taurinos que se celebran en la mitad de los pueblos valencianos (sobre todo en el norte), con resultados desiguales para una fiesta que se cobra un gran número de heridos en cada temporada e incluso muertes.

Valencia--Actualizado a
Cuando la legislatura valenciana comenzó hace dos años con un pacto entre PP y Vox que hacía president a Carlos Mazón y vicepresident al torero retirado Vicente Barrera, no fue casualidad, sino que suponía toda una declaración de intenciones. De hecho, una de las primeras acciones de gobierno que puso en marcha Barrera fue, en octubre de 2023, anunciar su apuesta por subvencionar los bous al carrer (toros de calle), la modalidad de festejos taurinos más extendida por la geografía valenciana.
Barrera declaraba entonces que “la fiesta de los bous al carrer no ha sido subvencionada por las administraciones públicas, pero lo va a ser a partir de ahora, porque es parte de nuestra tradición y es parte de nuestra cultura.
Sin embargo, el colectivo de defensa de los derechos de los animales Anima Naturalis manejaba ya entonces unas cifras bien diferentes. Así, señalaba que los festejos taurinos en el País Valencià recibieron, en 2019, un mínimo de unos 17 millones de euros de dinero público.
Según las cifras de Anima Naturalis, en ese mismo año se llevaron a cabo 8.623 espectáculos taurinos de calle en el País Valencià. La mitad de los municipios valencianos celebró algún tipo de festejo taurino aquel año, pero la corona, sin duda, se la llevaron los pueblos del norte del país. En la demarcación de Castelló, el 94% de los municipios organizaron festejos taurinos, repartieron la mitad de las subvenciones valencianas y se situaron como la demarcación de todo el estado que más ayudas dedicaba a los espectáculos callejeros taurinos.
La salida de Vox de los ejecutivos autonómicos que compartía con el PP en 2024 no supuso un cambio de rumbo, antes al contrario. De hecho, el secretario autonómico de Emergencias, Emilio Argüeso, estaba reunido con las peñas taurinas el día de la DANA de octubre de 2024 porque su objetivo era buscar un perfil adecuado para el cargo de la Dirección General de Emergencias que la salida de Vox había dejado vacante.
La tauromaquia y, concretamente, los bous al carrer, pues, se han convertido en un punto clave de la batalla cultural de la derecha valenciana.
Sin subvenciones, no hay futuro
Para Yolanda Morales, portavoz del Partido Animalista Con el Medio Ambiente (PACMA), sin subvenciones, la tauromaquia languidecería sin relevo generacional. A pesar de los números que muestran la elevada presencia de festejos taurinos en las fiestas de los pueblos valencianos, la realidad es que, sin la cobertura pública, tendrían una supervivencia muy complicada.
En este sentido, en diciembre de 2022, PSOE (entonces en el gobierno de la Generalitat), PP y Ciudadanos (entonces en la oposición) pactaron una enmienda en la Ley de Acompañamiento de los presupuestos de 2023 para que el sistema público de salud se hiciera cargo del importe no asegurado en los festejos taurinos.
La iniciativa, sin embargo, contó con la oposición de las dos formaciones de izquierda que compartían entonces gobierno con el PSOE en la Generalitat, Compromís y Unidas Podemos. El PP se anotaba un tanto que le servía como precedente para, después, ya en el gobierno, aumentar las ayudas, subvenciones y facilidades para los festejos taurinos y, así mismo, ejercer marcaje en la competencia electoral con Vox.
Debido a la alta siniestralidad, las compañías de seguros habían dejado de dar cobertura completa a este tipo de actos. En septiembre de 2024, el actual gobierno amplió la cobertura de gastos no asegurados a los accidentes en actos taurinos producidos fuera del País Valencià.
Como ejemplo, en 2016, una vaquilla se escapó del recinto en que se celebraba un festejo taurino en Benissa (Marina Alta) y embistió a un niño de 16 años. Las lesiones fueron muy graves: varias hemorragias cerebrales y tres huesos de la cabeza fracturados. El menor necesitó 14 sesiones de rehabilitación para recuperarse. La sección segunda de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJ-CV) fijó en una sentencia de 2024 la indemnización en 40.000 euros. Lamentablemente, no se trata de ningún caso aislado, por lo que se aventura difícil que, sin la cobertura pública, la iniciativa privada de las peñas taurinas pudiera hacer frente a los costes económicos de los seguros y de las medidas de seguridad requeridas en cada acto.
Una fiesta de alto riesgo
En 2022, la temporada de bous al carrer dejó nueve muertos y casi un millar de heridos. Los accidentes son tan habituales que incluso hay un perfil de redes sociales, la Federació Darwinista Valenciana de Bous al Carrer, que hace un seguimiento de ellos y acumula más de doce mil seguidores en X y más de treinta y ocho mil en Instagram. Cada temporada elabora un ranquin por comarcas. En 2024, el podio lo ocuparon La Plana Baixa, L’Horta Nord y La Marina Alta.
Este año no está siendo tan trágico como el de 2022, pero ya ha dejado, por ejemplo, la muerte de un hombre de 69 años, que recibió una cornada durante los bous al carrer del municipio de Dos Aguas (La Hoya de Buñol).
À Punt: la televisión de los bous
Uno de los ámbitos clave en que se destaca el apoyo del Consell de PP a la tauromaquia valenciana y su uso referencial para su batalla cultural es el de la televisión pública. A partir del control definitivo de PP y Vox del ente y del relevo en la dirección, se han introducido programas dedicados al mundo del toro —Terra de Bous en la radio y La Plaça en la televisión y se retransmiten corridas en directo.
En una de las primeras retransmisiones, la de la feria de Fogueres, las fiestas mayores de Alacant, se dio la circunstancia que una periodista de À Punt entrevistaba en directo a Juan Carlos Valderrama, conseller de Emergencias e Interior, mientras un toro salía a la plaza en un estado lamentable, sin poder ni siquiera caminar y casi agonizante. De hecho, mataron al toro sin torearlo. No parece el mejor contenido para una televisión pública; además, en horario infantil.
Ahora bien, la apuesta del gobierno del PP por la tauromaquia no está dando los resultados esperados. Gracias al pacto de PP y Vox, la Fundación Toro de Lidia —con sede en Madrid— recibió una subvención de 300.000 euros para organizar el Circuito Valenciano de Novilladas, retransmitido en directo por À Punt. Dentro del programa, los actos celebrados a finales de julio y principios de agostos en Benifairó de la Valldigna se saldaron con las gradas casi vacías y la muerte de dos vaquillas, que llevaron incluso a que la organización suspendiera algunas sesiones.
El aforo medio del circuito de novilladas organizado por la Fundación Toro de Lidia y la conselleria de Cultura no llegó al 15% en 2024, con 6.053 entradas vendidas para seis festejos financiados con 300.000 euros a cargo del presupuesto de la Generalitat, según informaba el agosto pasado Levante-EMV.
Un caso claro de maltrato animal
Para PACMA, tal como explica su portavoz Yolanda Morales, los bous al carrer suponen un caso claro de maltrato animal, en los que se somete al animal, además de a castigos físicos, a un maltrato psíquico y a un estrés muy fuertes. De hecho, Morales remarca que “sin estrés, no hay espectáculo, por lo que el maltrato es innegable”.
Además, Morales añade que los toros muchas veces acaban en un estado tan lastimoso que acaban siendo sacrificados. Es el caso reciente de Borriol (Plana Alta), del 26 de agosto, cuando el animal murió tras horas de agonía, tal como denunciaron desde PACMA. En este sentido, Morales explica, si se conocen estas muertes, es porque se denuncian, porque, en caso contrario, reina la opacidad al respecto.
Morales aclara que su partido no está en contra de fomentar la cultura popular, las tradiciones o los festejos locales, antes al contrario. La denuncia se refiere a cuando estos no se entienden si no es a través del maltrato animal. En este sentido, considera que es “deleznable” que se impulse el maltrato animal con dinero público.
Rey por un día exhibiendo la peor masculinidad posible
La escritora Emma Zafon, nacida en Llucena (L’Alcaltén), un pueblo del que se podría calificar como el cinturón del bou valenciano, conoce muy bien este mundo. En su novela Casada i callada, publicada en 2023 en la editorial Edicions 62 y que, después de agotar varias ediciones, ha salido este año también en edición de bolsillo, disecciona con una precisión casi quirúrgica la sociedad rural de estas comarcas del norte valenciano, con una crítica ácida e inmisericorde al modelo patriarcal hegemónico, a través de la historia y las expectativas vitales de una mujer de la generación de la Transición: su historia, sus peripecias y sus aprendizajes. Y su relación con Ximo, quien se le aparece “tan guapo y con esa planta de torero”.
¿Cómo sería un retrato robot del bouero tipo del norte valenciano? Zafon lo dibuja para Público: “Son todos hombres. En general, no han acabado la ESO o el graduado escolar. Son de naturaleza violenta, que acaban ejerciendo contra los animales. No tienen otro motivo para destacar entre su grupo que no sea pegar cuatro pases frente a una vaquilla o embolar un toro. Así obtienen su ración de protagonismo y se sienten el alma de la fiesta. Esto tiene también un punto identitario: el pueblo, las tradiciones, etc. Su voto se disputa entre PP y Vox y, como mucho, el PSOE. No tienen más inquietud cultural que ir de fiesta en fiesta mayor entre mayo y octubre, de pueblo en pueblo, corriendo en los bous al carrer. Esto les da prestigio social. Les gusta que los aplaudan por un paso o una embolada. Tienen sus colles, sus cuadrillas, sus peñas, donde se juntan, organizan comilonas y todo este tipo de cosas. Exhiben la peor masculinidad posible ejerciendo todo tipo de brutalidad contra los toros”.
Los bous al carrer, por tanto, son tanto un puntal de la guerra cultural de la derecha valenciana, una fiesta de alto riesgo, con un saldo de centenares de heridos e incluso algún muerto cada año, así como una parte inevitable de las fiestas mayores de un gran número de pueblos valencianos hasta que, algún día, llegue una alternativa.




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