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Mungia se llena de ikurriñas en solidaridad con su alcaldesa

Izaskun Uriagereka (PNV) renuncia a su cargo para no tener que izar la bandera rojigualda, tal como ordenaron los tribunales a instancias del gobierno del PP. “No voy a traicionar a mi pueblo”, sostiene

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Fachada del ayuntamiento de Mungia.

BILBAO.- Tras una larga disputa judicial, política y social, la fachada señorial del ayuntamiento de Mungia podría cambiar de aspecto en apenas unos días, y no precisamente porque lo hayan elegido sus concejales. Muy a su pesar, esta pequeña localidad vizcaína atraviesa sus horas más convulsas: la alcaldesa Izaskun Uriagereka (PNV) ha anunciado que renunciará a su cargo para evitar convertirse en la primera responsable municipal en izar la bandera española en este consistorio. “Es una decisión muy dura y difícil, pero no puedo traicionar la voluntad de mi pueblo”, afirmó Uriagereka a Público.

En efecto, Mungia –una población mayoritariamente nacionalista- lleva más de 30 años sin insignia alguna en su fachada. “Sí, ninguna. Tampoco la ikurriña, que es la que sentimos como nuestra. Y ha sido así porque entendemos que aquí hay un conflicto, y hasta que no esté resuelto, para no herir sensibilidades, preferimos que no haya ningún símbolo”, explicó la todavía alcaldesa. Sin embargo, el delegado del Gobierno español en Euskadi, Carlos Urquijo, ha empleado la Ley de Banderas para tratar de conseguir que tanto en Mungia como en el resto de ayuntamientos díscolos esté presente la rojigualda, independiente de la opinión de sus vecinos.

El rechazo de los mungitarras no sólo se aprecia en los bares y parques, donde este martes nadie hablaba de otra cosa. Desde hace ya varios meses, una cantidad incalculable de ventanas están adornadas con la ikurriña, en solidaridad con la firme decisión del ayuntamiento de evitar a toda costa que la bandera de España corone el edificio. De hecho, el malestar social y político derivó en la creación de la plataforma “Mungin Geure Ikurrek” (En Mungia nuestra bandera), impulsora de diferentes iniciativas contra lo que califican como una “imposición”.

Ajeno a estas críticas, Urquijo movió cielo y tierra para conseguir que los tribunales ordenasen la colocación de la española en el balcón del ayuntamiento de Mungia. En septiembre pasado, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco le dio la razón al delegado del Gobierno del PP, decretando que el mástil del consistorio ya no podría estar vacío. Firme en sus convicciones, la alcaldesa llevó el caso al Tribunal Constitucional, que el pasado jueves rechazó su recurso. Entonces lo tuvo claro. “Esto es un atropello antidemocrático –remarcó-: se nos obliga a colocar una bandera que mi pueblo, de mayoría absoluta de ideología nacionalista, no siente como suya”. “Como representante de esa voluntad popular, hay un límite que no debo traspasar, así que pongo punto final a mis 16 años –ocho de ellos como alcaldesa- en este ayuntamiento”, afirmó.

Esta decisión contó con el respaldo de la dirección del PNV en Bizkaia, que a través de un comunicado defendió la “trayectoria política y excelente gestión” de Uriagereka al frente del consistorio. Tras mostrar su “respeto” por la “decisión personal” que había adoptado la responsable municipal, el Bizkai Buru Batzar guardó para el último párrafo su valoración sobre el problema de fondo. “EAJ-PNV coloca la bandera española en las instituciones en las que gobierna, únicamente, por imperativo legal”, subrayó, destacando que se trataba de “una imposición que va en contra de la voluntad mayoritaria de la sociedad vasca”.

Urquijo en los juzgados

La cuestión planteada por el PNV tiene una dimensión considerable. Hace algunos meses, el delegado de Gobierno aseguraba que 218 ayuntamientos vascos habían sido “amonestados” por no tener la bandera española en sus respectivos balcones. Algunos lo corrigieron, pero otros –como Mungia- optaron por resistir, a lo que Urquijo respondió con denuncias en los juzgados, que siempre fallan en contra de los rebeldes. El penúltimo caso se produjo la semana pasada, cuando el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV) condenó al ayuntamiento de Ispaster –también en Bizkaia y también en manos del PNV- a levantar la enseña en la fachada y en el interior del edificio.

A expensas de saber o que finalmente ocurrirá en Ispaster, la alcaldesa de Mungia se prepara para vivir sus últimas horas en ese cargo. Su renuncia se formalizará este viernes en un pleno que captará la atención mediática y en el que será sustituida por su compañero de partido Igor Torrontegi. Allí también abandonará su cargo la actual teniente de alcalde, Miren Begoña Bilbao, quien comparte los mismos motivos que Uriagereka. ¿Qué hará el nuevo alcalde? La todavía regidora no se anima a pronosticarlo. En cualquier caso, Urquijo no le quitará los ojos de encima.

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