NO ME HABLES DE POLÍTICA
Entrevista a María Barrier"De niña tuve que okupar con mi madre una vivienda porque no podíamos pagar el alquiler"
La antropóloga y comunicadora desmontaría el concepto de ciudadanía entendido como un privilegio, un club exclusivo al que no todos pueden acceder.

María Barrier suele definirse a sí misma como una bimbo más, una mujer rubia, normalmente hipersexualizada, a la que se considera tonta por puro prejuicio. Y aunque no quepa duda de que rubio es el color de su pelo, Barrier de tonta no tiene ni uno. Especializada en Comunicación digital y Periodismo, la joven ha conseguido asentar sus ideas entre una comunidad de jóvenes en redes sociales. Además, la también licenciada en antropología es cocreadora del pódcast Bimboficadas, junto a Samantha Hudson, en el que la ironía y el humor son el hilo conductor para hablar de temas que van desde la feminidad hasta el acceso a la vivienda, casi siempre con una base antropológica que aprendió en la universidad. María Barrier habla en conversación con Público sobre la actual crisis de vivienda, la pobreza que vivió de pequeña y la construcción de redes de apoyo para luchar contra el capitalismo.
Si pudieras vivir en cualquier época histórica, ¿cuál escogerías y por qué?
Podría dar una respuesta divertida, pero siendo realista, seguiría siendo hija de padres pobres; estaría jodida en cualquier época. Así que, viviría treinta años atrás, para poder comprarme una casa. Estoy harta de enriquecer a mi casero y empobrecerme aún más con el alquiler.
Si pudieras borrar un hecho de la historia, ¿cuál sería y por qué?
Si pudiera borrar un hecho de la historia, sería cualquier tipo de colonialismo, pasado y presente. Desde la invasión de América hasta la ocupación de Palestina, el colonialismo e imperialismo siguen sosteniendo nuestros privilegios a través de la violencia, la ocupación y el sometimiento de otros pueblos.
Si fueras presidenta por un día, ¿qué ley aprobarías y por qué?
Aprobaría la renta básica universal. Garantizar un ingreso digno a todas las personas permitiría que ningún niño sea separado de sus padres por la pobreza, que no tengamos que entregar toda nuestra energía y vida a empresas que nos explotan, o que ninguna mujer tenga que quedarse con su maltratador por miedo a no tener para comer. Tener los recursos suficientes para vivir —que no sobrevivir— y la dignidad de la vida deberían ser derechos, no algo que dependa de tus orígenes ni de lo mucho que tus padres explotan a otras personas.
Si pudieras desmantelar una institución o tradición, ¿cuál sería y por qué
Desmantelaría el concepto de ciudadanía entendido como un privilegio, un club exclusivo al que no todos pueden acceder. Bajo esta lógica se sostiene toda una economía sumergida que explota a quienes no son reconocidos como ciudadanos.
¿Qué injusticia social concreta denunciarías con más vehemencia?
Denunciaría con vehemencia la injusticia social de la vivienda convertida en un negocio. Destino la mayor parte de mi sueldo a pagar un techo donde vivir, y de niña tuve que okupar con mi madre porque no podíamos pagar el alquiler. Es asqueroso que unos pocos jueguen con algo tan vital como la vida de las personas, ojalá hubiese más okupación. Lo suyo es codicia, lo nuestro es necesidad. Ni casas sin gente, ni gente sin casa.
¿Qué hecho te ha llevado a replantearte alguna de tus convicciones políticas?
Conocer y escuchar a las putas me llevó a dejar de ser abolicionista. Muchas leyes, en lugar de protegerlas, solo hacen que la prostitución se vuelva más clandestina, dejando a las trabajadoras sexuales desamparadas y expuestas a mayores riesgos.
Más allá de las urnas, ¿qué responsabilidad tiene la ciudadanía en la era de la desinformación?
La ciudadanía tiene la responsabilidad de desarrollar un pensamiento crítico, investigar e informarse con esfuerzo —no quedarse en titulares sensacionalistas— y verificar las fake news. Es fundamental que hablemos entre nosotras para compartir lo que realmente vivimos, no solo lo que dicen los números o los medios. Hacer comunidad es clave: ayudarnos mutuamente debilita el individualismo capitalista y la fragmentación a la que quieren llevarnos. También implica asumir responsabilidades como consumidores: cuestionar qué compramos, qué financiamos, y de dónde viene la ropa o el café que consumimos. En definitiva, ayudar al de al lado, construir redes locales de apoyo y ser consumidores responsables en defensa de nuestros valores.
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