El pacto del PSC con la CUP sobre vivienda abre la posibilidad de una nueva alianza de izquierdas en Catalunya
El insólito pacto entre la CUP y el PSC, junto con ERC y los Comuns, en torno al decreto de medidas para la vivienda, puede ser la primera piedra para un frente amplio de izquierdas en el Parlament de Catalunya, donde el Govern necesita estabilidad para aprobar los presupuestos del próximo año.

Barcelona-
La aprobación del decreto ley sobre medidas para el acceso a la vivienda ha dado lugar a una escena políticamente insólita en el Parlament de Catalunya: la CUP, históricamente situada en los márgenes del juego institucional y con un discurso frontal contra el PSC, pactaba por primera vez con el Govern de los socialistas, junto con ERC y los Comuns. El apoyo anticapitalista permitió sacar adelante la normativa clave en materia de vivienda, y ha dejado una serie de interrogantes políticos: ¿puede este acuerdo convertirse en el primer paso hacia una nueva alianza transversal de izquierdas en Catalunya, al menos a largo plazo? Y, sobre todo, ¿qué explica ese cambio de posición de una formación como la CUP, que hasta hace poco defendía la confrontación abierta con las instituciones?
En una entrevista con Público, la diputada cupaire Laure Vega avanzaba en exclusiva el movimiento de la formación anticapitalista, que supone un giro de 180 grados en su estrategia, buscando una mayor incidencia en la política catalana, tras el largo proceso de refundación de la organización con el conocido como "Procés de garbí", que culminó con cambios fundamentales en la ponencia política y en la gestión de liderazgos en la CUP. Por ejemplo, por primera vez la formación tiene un secretario general, Non Casadevall.
El 12 de mayo de 2024, la CUP sufría un fuerte retroceso electoral, quedándose sólo con cuatro diputados en el Parlament y dejando de ser relevante en los equilibrios numéricos de la cámara. Fue la tercera fuerza que más porcentaje de votos perdió respecto a los comicios del 2021, con sólo ERC y Ciutadans por delante. En este contexto y después de su refundación política, los anticapitalistas señalan que "en un momento en que la derecha y la extrema derecha ganan terreno, las políticas de izquierdas deben solucionar la vida de la gente". Esto supone, a menudo, asumir contradicciones -como puede ser pactar con el PSC-, pero también entender que el escenario político ha cambiado.
El PSC, mirando más allá del conflicto nacional
Sin embargo, el movimiento no nace de la CUP. La iniciativa partió de los socialistas, con la consellera de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, Sílvia Paneque, como pieza clave. Fuentes de ambos partidos explican que el diálogo fue “sencillo” y que el entendimiento llegó rápidamente. Pero ¿por qué el PSC buscaba este acuerdo si ya tenía los votos de ERC y los Comuns? La respuesta puede tener que ver con una estrategia a largo plazo: tratar de consolidar una mayoría progresista en el Parlament que pueda permitir sacar adelante los presupuestos y proyectos de legislatura, alejándose cada vez más de Junts y asentando su liderazgo en el eje de las izquierdas.
El PSC detecta, seguramente de forma acertada, que el campo de batalla de la política catalana en los próximos años se situará en este marco y no en el del conflicto nacional. En palabras del portavoz socialista en el Parlament, Ferran Pedret: "Es una buena señal que las fuerzas progresistas se pongan de acuerdo para hacer avanzar el país". Ahora bien, este equilibrio será delicado, ya que el president de la Generalitat, Salvador Illa, no puede permitirse alejarse en exceso de los poderes fácticos empujado por los acuerdos de izquierdas, y cederle a Junts per Catalunya la relación en exclusiva con el poder económico del país, con quien el actual presidente mantiene una buena relación.
El PSC detecta, seguramente de forma acertada, que el campo de batalla de la política catalana en los próximos años se situará en este marco y no en el del conflicto nacional
Para la CUP, este acercamiento no implica renunciar a su crítica estructural. Non Casadevall es muy claro: "Si mantenemos la presión para virar el Parlament hacia la izquierda, puede haber un cambio, sí, pero seguimos pensando que este es el Govern de la Generalitat más españolista y de derechas de la historia". El electorado, explican desde la formación, reclama recuperar su utilidad e ilusionarse con nuevos horizontes. La cuestión de la vivienda se ha convertido en un espacio central de intervención, y el electorado de la CUP, identifican, ahora pide ilusionarse y poder avistar nuevos horizontes.
¿Y cómo pueden conseguirlo? Según los cupaires, siendo útiles condicionando las políticas de las que siempre han hecho bandera, como la cuestión de la vivienda, siendo conscientes de las limitaciones institucionales y de mercado que acompañan a esta lógica. También ayuda que el nivel de “pacificación” del conflicto nacional, sobre todo en términos represivos, haya disminuido de forma evidente. Tras aprobar la amnistía y abrirse Carles Puigdemont a la negociación de Junts con el Gobierno español, también se generó en el Congreso de los Diputados una nueva realidad con una mayoría plurinacional para la investidura de Pedro Sánchez, aunque inestable. Pues lo mismo estaría ocurriendo en el Parlament.
¿Un frente amplio de izquierdas en Catalunya?
Este movimiento no es ajeno al debate más amplio sobre la construcción de un “frente amplio” de izquierdas. El exdiputado de ERC Joan Tardà ha sido uno de los grandes defensores de esta estrategia, lo que le ha generado muchas críticas dentro del mundo independentista. En declaraciones a Público, lo expresa con claridad: "La gran noticia es que la CUP vuelve a hacer política. Ha asumido la realidad y ha salido de la inoperancia". Ahora bien, preguntado por una posible reedición de esta alianza en unos futuros presupuestos, Tardà es taxativo: “Ojalá fuera posible, pero mientras no cumplan lo pactado [los socialistas], no nos sentaremos a negociar”, dejando en evidencia la desconfianza que todavía marca la relación entre ERC y el PSC-PSOE.
Los Comuns también ven con buenos ojos la ampliación del campo de posibles acuerdos. Celebran que Junts cada vez esté más aislado y alejado de cualquier capacidad de condicionar la agenda del Parlament, alertando sobre el acercamiento discursivo de los postconvergentes a Aliança Catalana. Se afianzan como socio preferente del Govern, pero también reclaman más ambición a Salvador Illa en materia social y de vivienda. Y ahora lo hacen acompañados de los anticapitalistas, además de los republicanos.
La CUP, dispuesta a más
El escenario que se abre, por tanto, es doble: por un lado, una posible reconfiguración del bloque de izquierdas, con alianzas variables pero con capacidad real de condicionar políticas públicas. Por otro, un cambio progresivo en el eje de debate: el nacional no desaparece pero deja más protagonismo al social, y el conflicto con el Estado se mantiene pero se prioriza la lucha por la gobernabilidad. En este contexto, el apoyo de la CUP al decreto de vivienda puede ser leído como un gesto aislado... o como el inicio de un nuevo ciclo.
Por el momento, el segundo gran tema que el Ejecutivo ha acordado con las izquierdas es el segundo suplemento de crédito de 1.300 millones de euros, posterior al primero de 2.100 millones para garantizar la estabilidad financiera por la falta de presupuestos. Decretos financieros que el Govern del PSC prevé ratificar la próxima semana en el Parlament de la mano de ERC y los Comuns, pero en los que la CUP no entrará, según ha podido saber Público. Con todo, Laure Vega afirma que "no se nos caerán los anillos por volver a pactar con el PSC", pero dependerá de si el Govern "no se pone del lado de Foment [la patronal catalana]".
Lo que está claro es que la política catalana vive un momento de transición. Si los presupuestos de 2026 logran aglutinar este nuevo bloque de izquierdas y progresista, podríamos estar ante el nacimiento de un nuevo equilibrio de poder, aunque ahora se divisa muy difícil. Si no, la alianza para el decreto de vivienda quedará como una anécdota de un movimiento táctico puntual, en medio de un Parlament cada vez más fragmentado y amenazado por la extrema derecha.
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