Aflora la tensión interna en Junts sobre cómo frenar a Aliança Catalana ante las próximas municipales
Alcaldes de Junts de municipios importantes presionan a Puigdemont para que el partido dé un giro claro en políticas de migración y seguridad, acercándose a la extrema derecha, mientras el presidente se resiste

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Junts per Catalunya observa con recelo a Aliança Catalana. El fuerte crecimiento que le pronostican las últimas encuestas, y la capacidad del partido de extrema derecha para situar temas en la agenda pública, han llevado a algunos sectores de Junts a apostar por acercarse a las propuestas de los ultras, aunque con otro lenguaje, como estrategia para contenerlos. Quienes están liderando este enfoque son algunos de los alcaldes más importantes de la formación, que piden a la dirección un endurecimiento de las propuestas en políticas de inmigración o seguridad. Esta disputa tiene lugar cuando Junts se plantea romper con el PSOE a nivel estatal, una decisión que someterán al escrutinio de la militancia.
Este lunes se reunieron en Waterloo (Bélgica) con el presidente de Junts, Carles Puigdemont, para tratar temas clave para ellos, y este sábado el partido celebra una Convención Municipalista para seguir preparando el terreno de cara a los comicios locales de la primavera de 2027. Estos sectores perciben tibieza en aspectos como la ocupación de viviendas, los supuestos fraudes en empadronamientos irregulares o la multirreincidencia delictiva. Pero este giro, con mensajes que se acercan al discurso de la extrema derecha, no gusta a todo el mundo y genera tensiones internas en el partido.
Hay que tener en cuenta que, en el camino por el cual la antigua Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) acabó transformándose en Junts —con la etapa intermedia del PDeCAT— y con el procés de por medio, el partido aglutinó perfiles de sensibilidades diversas, desde el centroizquierda hasta la derecha más tradicional. De hecho, hay una sectorial del partido que lleva el nombre de "Junts d'Esquerres". Y esto complica aún más las cosas si se tiene en cuenta que el catalanismo político, incluso el conservador, siempre se ha caracterizado por ser integrador y abierto, no excluyente, como sí lo es Aliança Catalana.
Desplazamiento del marco de discusión
Quien más ha dejado claro que no hay consenso dentro de las filas es su propio presidente. Hace meses que Puigdemont viene advirtiendo del peligro de entrar en el marco de la extrema derecha independentista, pero el pasado domingo volvió a repetirlo: "A veces hay la tentación de sucumbir a las modas, y hay gente que lo hace. Pero alguien debe quedarse en el país que tenga esa mirada de Estado", reivindicaba, en un llamamiento a los suyos a huir del discurso reaccionario.
Lo hacía justo antes de la visita a Waterloo de varios alcaldes, entre ellos Josep Maria Vallès, de Sant Cugat, y Albert Castells, de Vic, que acudían con la intención de pedirle movimientos al exiliado. Y también a las puertas de la Convención Municipalista que se celebra el sábado. Hacía meses que el malestar entre algunos de ellos iba creciendo, no solo por la poca definición de la dirección sino también por la falta de una referencia política dentro del partido que les marque el camino y escuche sus demandas.
Aun así, el resultado de la reunión fue positivo, o al menos su escenificación. Con una imagen de Puigdemont y el secretario general, Jordi Turull, junto a los representantes del Espai Municipalista de Junts, la formación emitió un comunicado en el que emplazaba al PSOE a desbloquear las leyes en materia de multirreincidencia y ocupación. Pero en el encuentro se trataron más cuestiones que marcan el camino de cómo Junts se prepara para las elecciones municipales de 2027, con el gran reto de frenar a Aliança Catalana, especialmente en las ciudades y municipios del interior de Catalunya, sobre todo en aquellos situados en torno a la autovía Eix Transversal.
Y aquí no hay una respuesta clara. Algunos alcaldes piden poner sobre la mesa temas como la prohibición del velo islámico en las escuelas o del llamado burkini (propuestas de Aliança), pero otros —y, sobre todo, la dirección— quieren evitarlo. También reclaman libertad en la política de pactos y, en general, una dirección clara. Pero ahí surge la discusión política: ¿cómo se puede frenar a la extrema derecha? Nadie tiene una respuesta evidente, y solo hay que ver cómo los partidos de centroderecha clásicos en Europa han caído en picado, ya que "la marca blanca siempre es peor que el original".
Toni Aira, doctor en Comunicación Política y Social, relaciona la ambigüedad de Junts con su falta de definición como proyecto político: "Las dificultades para dibujarse como marca han provocado que no reivindiquen una serie de banderas clásicas de su espacio político que ahora parece que otros se han inventado", explica, señalando que ahora Junts debe ir a remolque de unas propuestas que no desea, pero que ya han calado en parte de la opinión pública. En resumen, la falta de acción por parte de los posconvergentes y la ola reaccionaria han desplazado el marco de discusión hacia el extremo, porque quienes debían ocupar el espacio para hablar de políticas de integración no lo han hecho. Ahora, pues, ya no se habla de integración sino de expulsión, y eso les deja desorientados.
Planteamientos diversos
Agustí Badosa, alcalde de Sant Pere Pescador (municipio del Alt Empordà, en Girona, de unos 2.200 habitantes y un 40% de población inmigrada), explica a Público que el hecho de ser un pueblo pequeño ha generado muchas posibilidades de integración para los nuevos residentes. Destaca el trabajo en la escuela primaria y las oportunidades laborales como el eje de esta red: "Hemos generado espacios comunitarios y reforzado las políticas educativas, y no nos ha funcionado mal", comenta.
Por otro lado, Badosa sí observa que las propuestas de Junts pueden verse como una "reacción visceral frente a los partidos extremistas", y prefiere centrar el foco en políticas de vivienda, lengua y trabajo. Eso sí, el alcalde no esquiva los temas polémicos y reconoce que ha habido un repunte en los pequeños delitos, aunque según él no de personas migrantes, sino de sus hijos: "Son catalanes. Nacidos aquí. No son muchos casos, pero ese aspecto sí nos preocupa", dice. Y la relación que establece es clara: "No han tenido una formación suficiente o no están en el mundo laboral".
Este planteamiento, que pone el foco en la raíz de las políticas públicas, algunos alcaldes creen que no es suficiente. Y eso marcará el discurso político del partido de cara a las próximas elecciones municipales. Aira tiene claro cómo se solucionaría el problema: "Que lo explique Puigdemont. Si te lo dice él, te lo crees. Tiene la capacidad de convertir un problema complejo en sencillo, y eso lo hace muy poca gente". Pero es sabido que la vida interna del partido no es algo que interese demasiado al expresidente.
La batalla con Aliança Catalana no solo se enmarca en la discusión política, sino que esta semana también ha derivado en una polémica mediática, justo después del posicionamiento de los alcaldes. Una imagen generada con IA en la que se ve a Silvia Orriols pisando el cadáver del expresidente catalán ha encendido las filas de Junts, que ya la han denunciado por delito de odio.
Si la semana comenzaba con los alcaldes intentando acercarse a los posicionamientos de Aliança Catalana, termina con una denuncia a los altavoces mediáticos de la extrema derecha independentista. En definitiva, un encaje difícil para un partido desorientado, con su líder exiliado y con unos alcaldes temerosos de perder sus espacios de poder ante la ola reaccionaria que vive el país. El Consell Nacional del 29 de noviembre será clave para definir hacia dónde se dirigen los de Puigdemont.

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