El enfrentamiento soterrado entre Camps y Mazón se calienta y evoca la pugna entre 'campsistas' y 'zaplanistas' del pasado
Francisco Camps aumenta la presión: pide un Congreso extraordinario, prepara un acto clave en Alacant, tierra de Mazón, y señalan el desgaste evidente que vive el PP valenciano. Mientras, la jueza de la DANA imputa a Pradas y Argüeso, subordinados del president durante la tragedia.

València-
En noviembre de 2004, las disputas entre zaplanistas y campsistas dentro del PP valenciano llegaron a las manos. Literalmente. Cuando se celebraba en Elche la elección de los compromisarios para el congreso regional del partido en Alacant, militantes de ambas facciones se enzarzaron en una reyerta que obligó a la Policía a intervenir.
Hacía un par de años que Eduardo Zaplana había dejado la Generalitat camino a un ministerio, pero su sucesor, Francisco Camps, no se conformó con ser un títere teledirigido desde la distancia. Las elecciones generales de ese año no tuvieron el resultado previsto por el PP y Zaplana se quedó también sin el ministerio. La sombra del de Cartagena no bastaba para cubrir a todos.
Que se lo digan a uno de sus discípulos más fieles: Carlos Mazón. El enfrentamiento en Elche solo era un preludio. En las siguientes elecciones, en 2007, Mazón se quedó sin cargo y se tuvo que refugiar en la Diputación, reducto de zaplanistas. Para ello, primero tenía que conseguir una acta de concejal, pero Mazón no era profeta en Alacant, su ciudad, como tampoco lo es ahora, enfrentado con su alcalde, Luis Barcala. Por ello tuvo que presentarse por Catral, un pueblo de la Vega Baja con el que solo le unía –y le une– aquella representación política.
Más de dos décadas después, la historia se repite. Y todos aquellos fantasmas vuelven ahora para cazar a Mazón. Uno de los protagonistas, de hecho, es el mismo: Francisco Camps. Libre de sus numerosos problemas judiciales, Camps ha resurgido como el Ave Fénix y ya pide abiertamente un congreso del partido para que la militancia del PP cambie la dirección.
Hasta hace pocos meses, lo último que temería Carlos Mazón sería un congreso. Al contrario, lo estaría deseando. De hecho, a finales de abril estaba previsto que se celebrase en València el congreso del Partido Popular Europeo, un cónclave que podría haber supuesto un baño de masas para los conservadores valencianos y para Mazón concretamente. No será así.
Desde Génova, ya no confirman la localización –aducen incompatibilidad con unas sesiones del Congreso de los Diputados que ya se conocían–, y todo apunta a que caerá. Ahora mismo, las fotos con Mazón no cotizan precisamente al alza, cuando aún no se sabe si el –¿aún?– president de la Generalitat o el líder del PP, Núñez Feijóo, se dejarán ver por València en Falles, una fecha imprescindible para cualquier político que se precie.
Las Fogueres de Alacant no son hasta julio; este miércoles, sin embargo, la mascletá se disparará en la capital del sur valenciano. Francisco Camps tiene agendado un acto en el Club Información para presentar su libro, Reenfocando España, donde estará arropado por la exalcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo, quien también estuvo implicada en las investigaciones judiciales del caso Brugal.
Para calentar el ambiente, el Foro Pedro Agramunt, que es uno de los apoyos clave en el partido para la campaña de Camps, no para de publicar mensajes en la red social X que no dejan espacio para la interpretación: destacan el rechazo del 90% de valencianos a la gestión de Mazón, apuntan al desgaste electoral que ello provoca y reclaman abiertamente un cambio con la etiqueta #CongresoPPCVYa. El foro toma el nombre del desaparecido líder de la derecha valenciana, Pedro Agramunt, implicado en casos de corrupción, soborno con prostitutas y blanqueo de la dictadura de Azerbaiyán a cambio de prebendas –la conocida como diplomacia del caviar–.
Mientras, en los tribunales, la semana ha empezado con un alivio de doble filo para Carlos Mazón. De un lado, la jueza de Catarroja que lleva adelante la investigación sobre las responsabilidades por la gestión de la DANA, ha imputado a la exconsellera Salomé Pradas, encargada de las Emergencias, y al secretario autonómico del ramo Emilio Argüeso, un fichaje personal de Mazón para hacer aterrizar a los cargos de Ciudadanos en su camino hacia el PP.
En el auto, la jueza descarta explícitamente imputar a Carlos Mazón, a pesar de que plantea que declare voluntariamente. Ahora bien, según fuentes jurídicas consultadas, a nadie se le escapa que la razón más probable de esta actuación es que Mazón conserva su aforamiento, como president de la Generalitat y como diputado en las Corts. No es el caso de Pradas o Argüeso, quienes se vieron obligados a presentar su dimisión.
Los últimos movimientos y cambios de versión de Mazón se explicarían, así mismo, más que por su defensa política, por su defensa judicial. Se hace raro que se imputen a los subordinados, pero no a su superior directo. Así se explica por qué Carlos Mazón dio un giro a su relato y pasó a afirmar que no llegó al Cecopi hasta después de que se enviara el mensaje Es-Alert, clave de la investigación.
Y la crisis de Vox en el Ayuntamiento de València se acrecienta, con la salida anunciada del partido de otra concejala, Cecilia Herrero, tras la expulsión de su candidato y portavoz Juan Manuel Badenas. Herrero y Badenas son pareja. Con estos cambios, el gobierno municipal de PP y Vox pierde su mayoría en el pleno.
Se acrecienta, por tanto, la crisis de la formación ultraderechista en el País Valencià. Vox, sin embargo, es el árbitro del futuro de Mazón. Si el PP resolviera el sudoku para que aceptaran una alternativa como president de la Generalitat, después de romper todos los ejecutivos autonómicos que compartían, seguramente Mazón caería. ¿La crisis en València puede suponer este número que falta?
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