León con Castilla: una fórmula que sigue sin cuajar
En León existe una fuerte voluntad de independencia —pese a que los leoneses no quieren llamarlo así— con respecto al resto de la autonomía. Su unión con el resto de provincias durante la Transición es una combinación que muchos entienden como antinatural.
Un factor importante del auge del leonesismo es el discurso de que se ha privilegiado a unas provincias y desdeñado a otras. Y que ese abandono se traduce en la falta de servicios de calidad, en la falta de empleo y en la marcha de los vecinos.
Madrid-
En la ciudad de León vivían en 1984 unas 130.000 personas. Es un dato como otros, pero adquiere relevancia cuando se compara con las cifras de asistencia a una manifestación que tuvo lugar en la ciudad aquel año. En su dato más optimista, hasta 90.000 personas salieron a las calles para oponerse al fallo del Tribunal Constitucional que desestimaba el recurso contra la creación del Estatuto de Autonomía de Castilla y León. El Diario de León tituló así tras la decisión del TC: "Confirmado: León con Castilla". Pero es una máxima que solo funcionó de puertas de la legislación para adentro. "León con Castilla" es algo así como una quimera. Una sentencia que no permeó nunca.
La razón es que esta es una historia que va mucho más allá de las leyes. Es una historia que mezcla tradición, sentimientos, política y hastío. Quizá sea ese, el hastío, el principal motor del resurgimiento del leonesismo como respuesta a los problemas de una de las comunidades más azotadas por males endémicos españoles. Si en España hay despoblación, en Castilla y León, más. Si en España hay envejecimiento, en Castilla y León, más. Si de España se va el talento, más se va de Castilla y León. Y todo ocurre de forma especialmente pronunciada —con permiso de Soria— en la histórica Región Leonesa, que comprende las provincias de León, Salamanca y Zamora.
Violeta Serrano, autora de libros como Flores en la basura (Ariel, 2022) o El desencanto de los revolucionarios (Espasa, 2026), vive en Val de San Román, una aldea leonesa de 80 habitantes de donde es originaria su familia. "Intenté meterme en política para hacer algo por esta tierra que veo que se desangra". Serrano se presentó como independiente con Sumar en las elecciones de 2023, pero la experiencia terminó mal. "La izquierda ha olvidado estas zonas", asegura. Reconoce incluso que cada vez le cuesta menos entender la voluntad de proteger la identidad leonesa y generar una nueva autonomía. Observa, además, que la Unión del Pueblo Leonés (UPL) —el partido que encabeza la reivindicación— ha abandonado en alguna medida el discurso de derechas y eso "está haciendo que muchos jóvenes se acerquen".
Pero eso es ir demasiados pasos adelante. Antes, un resumen. Castilla y León es una comunidad elástica. A algunos les parece bien cómo está conformada y su extensión. Otros la recortarían segregando la histórica Región Leonesa. Otros apostarían por independizar de la comunidad solo la provincia de León. Y en la región de El Bierzo algunos tirarían más hacia Galicia o incluso hacia Asturias. Explicaciones para ese guirigay hay muchas, aunque pueden resolverse fundamentalmente en dos.
Por una parte, está la historia. Castilla y León lo conforman nueve provincias y, entre todas ellas, suman una extensión de territorio enorme. Más grande, por ejemplo, que Portugal. Sus destinos se unieron durante la Transición en una combinación que muchos entienden como antinatural y que no tuvo en cuenta las tradiciones históricas de algunas regiones. El germen de la voluntad autonomista leonesa —latente desde el preciso momento en el que se dibujaron sobre un mapa los contornos de la comunidad de Castilla y León— es ese, el trazo grueso.
El leonesismo, además, goza de una cierta transversalidad política, aunque lo encabezan partidos regionalistas como la ya mencionada UPL, la formación Alantre o el Partido Regionalista del País Leonés. La UPL se ha considerado normalmente tendente a la derecha, pero, en una entrevista con Público, su actual candidata, Alicia Gallego, defiende sin ambages los derechos sociales o las leyes contra la violencia de género. Si no un giro radical, se advierte al menos un cambio de tendencia. En los últimos tiempos, se han aprobado en un centenar de ayuntamientos mociones solicitando la creación de la autonomía leonesa. Y no solo eso. También en la diputación de León se ha instado tanto a las Cortes de Castilla y León como al Senado a crear una nueva comunidad. Para aquella votación unieron fuerzas UPL y el Partido Socialista. Aunque hay, en el PSOE, varias almas. Su candidato a las elecciones, Carlos Martínez, no se ha situado nunca en las coordenadas autonomistas.
La leonesista Alicia Gallego se sabe fuerte. Las encuestas que anticipan el resultado del domingo tratan bien a su partido, que ha dejado de ser una anécdota folklórica para convertirse en un actor relevante. Hasta puede tener la llave de un futuro gobierno. Pero es una llave que no abriría solo la cerradura de una mayoría parlamentaria para investir a un presidente. Tendría que ser una llave maestra o, al menos, que sirva para abrir también otra puerta, la de la creación de un reglamento que permita realizar una consulta ciudadana acerca de la creación de la autonomía leonesa. Solo así UPL apoyará a un candidato.
Desigualdad entre territorios
Más allá de la razón histórica —o, mejor, además de ella—, hay una lectura política y de ahora. También en conversación con este medio, el candidato de Soria ¡YA! a los comicios del domingo 15 de marzo, que no tiene en realidad especial interés en el proceso autonomista antes descrito, da una explicación al reflorecimiento del mismo. Ángel Ceña lamenta que, desde la creación de Castilla y León, se haya privilegiado a unas provincias y desdeñado a otras. Efectivamente, ese es también parte del discurso del leonesismo: que la Junta de Castilla y León potencia deliberadamente a Valladolid en detrimento del resto.
Y ese abandono se traduce en la falta de servicios de calidad, en la falta de empleo y en la marcha de los vecinos. También del talento universitario que se cultiva en la universidad más antigua de España, la de Salamanca. Es algo que lamenta profundamente Sergio Fernández, investigador en el ámbito de la Teoría de la Literatura y profesor en dicho centro. "Hay muy buena formación y mucha capacidad de generar talento, pero una ausencia total de políticas para retenerlo".
Un estudio de la Fundación Mutualidad incluye a León, Zamora y Salamanca entre las 11 provincias que más población pierden. Todas las fuentes consultadas sin excepción coinciden en que nadie va a ir a vivir a un sitio que tiene malos servicios, poco empleo y una calidad de vida deficiente en muchos aspectos. Todo ello ha contribuido a generar una comunidad en la que buena parte de sus territorios no han logrado desarrollar un sentimiento de pertenencia a la misma.
Soluciones en tres dimensiones
La primera solución —a la que apuntan especialmente aquellos castellano y leoneses reacios a la segregación del territorio pero conscientes de la problemática de la desigualdad— es, precisamente, reorganizar el reparto presupuestario y potenciar las provincias que más están acusando el azote de la despoblación. Es una apuesta por la continuidad territorial, pero una ruptura con el modelo actual.
La segunda es la autonomista. Encabezada por la UPL, los leonesistas quieren un futuro lejos de su comunidad autónoma actual. Según varias encuestas —entre ellas, una de 40db para la Asociación Cultural de Estudios Leoneses y León Primero—, alrededor de un 60% de los habitantes de León quieren ser una sola autonomía. Sin embargo, si en lo que se piensa es en la autonomía de la Región Leonesa —incluyendo a Zamora y a Salamanca—, la idea parte con un problema de base. El apoyo a dicha solución cae drásticamente en Zamora, donde solo la apoyaría un 30%, y en Salamanca, donde lo haría un 15%. De todas formas, el empeño de la UPL es avanzar en esta legislatura, al menos, hacia una consulta popular que permita poner boca arriba unas cartas que hace tiempo que están sobre la mesa.
Pero más allá de esas dos dimensiones políticas, hay una más cultural y más folklórica. De eso habla Santiago Sierra, integrante del grupo Delameseta y productor musical. Natural de Valladolid, explica a Público que, como castellano, hace ya tiempo que anda "buscando su identidad". Es algo que de alguna forma le obsesiona. Defiende dos ideas. Por una parte, reivindica que los castellanos y los leoneses tienen ambos problemas muy parecidos y que quizá tendría sentido situar el problema "más en Madrid que en nuestros vecinos". "No creo que se pueda decir que la cultura de una persona de Ávila o de Palencia esté siendo protegida", remata. Pero, al otro lado del teléfono mientras viaja en un tren que conecta Madrid con Valladolid, cambia el tono y se va a lo positivo, a aquello que le mueve.
Sierra insiste en el poder del folklore y de la cultura para unir más que para separar. Comprende el sentimiento de desprotección de algunos territorios y se suma a la reivindicación de mejorar la vertebración territorial y articular una comunidad más justa. Pero enarbola la bandera de la cultura para unir. "Nosotros, con Delameseta, a pesar de que somos de de Valladolid, intentamos interpelar a todas las provincias", explica. Para terminar, ya habiendo abandonado el ferrocarril y con los pies en su ciudad natal, levanta un poco la lupa. "En este país hay un trasfondo plurinacional muy fuerte y una deuda histórica con todos sus federalismos", abrocha: "Deberíamos dialogar con ellos y dar a la ciudadanía la posibilidad de trazar otro tipo de esquemas".
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