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El Príncipe respalda sin fisuras el firme discurso de Al Gore

Don Felipe llama a actuar "con decisión y con urgencia" contra el cambio climático

JUANMA ROMERO

Que Felipe de Borbón hablase del cambio climático estaba en el guión. Al Gore recibía ayer el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Pero quizá no tanto que sus palabras no dejasen resquicio a la duda. El ex vicepresidente de EEUU –recalcó– ha “liderado y difundido la preocupación, cada vez más extendida en todo el mundo, de que el cambio climático es una de las amenazas a las cuales los humanos debemos enfrentarnos con decisión y urgencia”.

El príncipe se remitió a las pruebas de “científicos, ecologistas, instituciones y personas sensibles”, e incluso al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU. Todos, dijo, han dictaminado la “peligrosa transformación del medio ambiente”, consecuencia de los “errores y excesos humanos”.

Don Felipe utilizó palabras nada tranquilizadoras. Firmes, recias, antitéticas a las de Mariano Rajoy. “Degradación creciente e implacable” del planeta, “la ruina amenazadora” del cambio climático, sus “efectos devastadores”. Después, elogió el “empeño” de Gore en que “todas las advertencias” sean escuchadas. Así, sólo así, se evitará que la Tierra se degrade “hasta extremos irreversibles”.

La verdad insoslayable

El discurso de Gore, por el contrario, casi pareció más suave. Apeló a la “verdad” de los científicos, a encontrar el “consenso” necesario para concienciar a toda la sociedad. “Depende de nosotros en el presente elegir el futuro en el que vamos a vivir y vivirán nuestros hijos”.
Hace falta “valentía moral” para actuar, cuanto antes, contra el cambio climático, resaltó. “Estamos chocando con el tejido ecológico que sustenta la vida misma”. Eso obliga a oír a la ciencia.

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