El reto electoral más difícil de Ada Colau con las encuestas en contra y malestar en el partido
La líder del Frente Amplio, de regreso a la arena política dos años después, necesita revertir en precampaña las malas previsiones que cosechan los Comuns en Catalunya ante el tándem Rufián-Montero, que se estrena este sábado en Barcelona.
El último consejo nacional del partido evidenció la contestación interna por la confección de las listas del 29N, con un 31% de votos de castigo a la propuesta, que deja a Aina Vidal fuera de la candidatura.

Barcelona-
"Creo que es bueno no continuar en las instituciones por inercia". La frase es de Ada Colau y la pronunció en su discurso de despedida como concejal del Ayuntamiento de Barcelona. Este domingo se cumplirán dos años del adiós al consistorio que gobernó entre 2015 y 2023, un paso al lado que parecía no tener camino de regreso a corto plazo, porque Colau deseaba construir una etapa de menos exposición pública, aunque no le faltaran propuestas políticas para continuar en primera línea.
Dijo Colau aquel 25 de octubre de 2024 que se marchaba orgullosa de la obra de gobierno desplegada en Barcelona y afirmó que la principal decepción de la etapa como alcaldesa fue la conducta de las "élites" de la ciudad, que siempre describió como obstruccionista. El contexto político en España, incluso el deseo de cambio que expresan precisamente algunas de esas "élites", ha acelerado la vuelta de Colau. Un movimiento que negó en público y en privado hasta el día que se postuló como candidata de la izquierda alternativa. Ciertamente, no vuelve por inercia. Sí regresa con la voluntad de impedir una mayoría de derechas, tarea que no se intuye sencilla después de la construcción costosa e inacabada del Frente Amplio, con débiles perspectivas demoscópicas, también en Catalunya.
Candidata por Barcelona en las elecciones generales del 29N, Colau torció el gesto cuando certificó que Gabriel Rufián había llegado a un pacto con la dirección de ERC que incluía un acuerdo de colaboración con Podemos. Sin conocer los planes de Rufián, la exalcaldesa había invitado al portavoz republicano a ejercer un rol de liderazgo en la alianza de las izquierdas españolas, hasta el punto de insinuar un paso al lado y reconsiderar la elección de Frente Amplio como marca, palabras que generaron incomodidad en los Comuns. De forma paradójica, pocos minutos después de que las pronunciara, los canales oficiales del partido difundían la marca escogida y el logo de campaña. Fuentes conocedoras del debate en este espacio político advierten que la autonomía discursiva de la candidata esos días fue recibida con perplejidad.
Había quedado claro que la prioridad de Rufián era cerrar una entente con Oriol Junqueras que también implicara a Podemos y que le permitiera, a la práctica, formar tándem electoral con Irene Montero. Un ticket que se estrena este sábado con mitin en Nou Barris de Barcelona. El pacto con la formación morada también beneficiaba a la dirección de ERC, porque desgastaba a los Comuns, adversario en la pugna por el voto progresista en Catalunya. La operación dejó en fuera de juego a Colau -que también había defendido la presencia de Podemos en el Frente Amplio- y dinamitó una coalición amplia de las izquierdas.
Los Comunes, desgastados en las encuestas
El revés fue duro. El deseo de Colau de una candidatura unitaria había embarrancado y, además, oscurecía las aspiraciones electorales de la coalición. Así lo pronostica el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) -el CIS catalán- que dibuja un desplome de los Comuns. Aunque el trabajo de campo era previo a la confección de las listas electorales, la encuesta atribuye una regresión de la formación de Colau de 7 a 2-3 escaños mientras concede a ERC un crecimiento de 7 a 10-11 diputados. Rufián sólo se ve superado por el PSC, que según el sondeo ganaría las elecciones generales en Catalunya con 19 escaños, los mismos que consiguió en 2023 y permitieron impulsar a Pedro Sánchez.
La preocupación interna se ha traducido en malestar esta semana. Aunque Colau siempre recibió todo el apoyo del partido para ser candidata -cuando aceptó el reto no hubo discusión en los Comuns-, la confección de las listas ha dejado heridas en la formación. La votación en el consejo nacional del miércoles para validar las candidaturas -con Ernest Urtasun de número 2 y la ausencia destacada de la actual diputada Aina Vidal, cabeza de lista en 2023- certificó la incomodidad en el partido. La propuesta de la dirección se avaló con un 31% de votos en contra -un castigo relevante- y el debate en el consejo nacional fue vivo. Aunque Vidal difundió un mensaje conciliador en redes y se implicará en la campaña de las generales, la decisión que no repita ha tenido detractores.
El reto electoral de Colau es mayúsculo, probablemente el más complejo desde su entrada en la política institucional. En 2015 ganó las elecciones municipales en Barcelona contra pronóstico, pero en campaña ya se atisbaba que el proyecto encabezado por activistas con la suma de exdirigentes de la extinta Iniciativa per Catalunya (ICV) podía discutir la alcaldía a Xavier Trias (CiU). En 2019 apretó los dientes para revalidar el cargo, aunque necesitó los votos de Manuel Valls para ser elegida después de igualar en los comicios con Ernest Maragall (ERC). Incluso en 2023, en una contienda agria y cerrada con derrota frente a Jaume Collboni (PSC), la cuesta era menos empinada que este 29N. La candidata de la izquierda alternativa se prepara para el esprint electoral más exigente de su carrera.

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